Un viaje, dos inicios

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    Escribo, y lo primero que se me ocurre es que “Nos hemos comido un bocadillo de queso con guacamole” –Vaya diario de viajes, no me extraña que no lo lea nadie, me digo. Pero sigo, y escribo algo así como que lo hemos armado en un banco en una plaza de Mérida porque aquí todas las esquinas tienen historias y hemos decidido escribir la nuestra en un banco a contracorriente por innovar un poco, primero untando el queso, después el guacamole a trocitos, y mordisco a mordisco, como las antiguas vanguardias. Veníamos de bañarnos en los cenotes de Cuzamá y nunca como hoy he sido tan feliz, y he llorado por saber que no será por siempre. Tan seguro como que hay certezas que no se pueden demostrar. En el viaje de ida un señor quiso enseñarme a hablar maya, aunque yo siempre he sido muy duro de oído, lo que sí le entendí es que las moto-taxi cobran 30 pesos la pareja por llevarte desde donde para el colectivo a donde los cenotes, y como le dijo un limosnero a otro, en la puerta de la Catedral de Mérida, yo no soy ambicioso (que no, que no es un chiste, órale, y que por esas no hemos pagado el doble que pedían).

    Nos hemos comido un bocadillo de queso con guacamole y eso lo digo porque no vendemos trucos para lograr la felicidad, sino para dar testimonio, luchar contra el hambre que nos barrerá –creo que, más o menos, así era la frase de Rayuela.

    Dar testimonio con queso y guacamole y mordisco a mordisco de lo que es Chiapas y Yucatán que son los estados por los que hemos transitado como si la geografía fuera algo más, así como un estado de ánimo. Y perdón por la puntuación, pero es que últimamente ando escribiendo sólo en la libreta y como escribir a mano es más lento que con el teclado pues he decidido dejar atrás los signos de puntuación para escribir más rápido porque las comas aún son fáciles de saltar pero no los punto y coma y aún peor los punto y final de párrafo porque entonces sí que ya no hay vuelta atrás y nosotros sí que tenemos vuelta atrás. Bueno. Más que vuelta atrás, dos vueltas. Más que dos vueltas, dos inicios de viaje. Sí, señores y señoras, el nuestro es el único viaje con dos inicios como dos consuelos. Primero fuimos de Costa Rica hasta México, y ahora de México a la Patagonia previo un par de pasos hacia el norte que nos llevará a la deseada DF, como la carrerilla de un futbolista antes de tirar un penalti.

    De momento este segundo inicio de viaje nos ha dejado: Bochos, muchos bochos, más bochos y un pequinés perdido, piñaterías, iguanas pintadas en la pared, coca-cola en la Iglesia de San Juan Chamula, un atranque que acabó en fotografía con los taxistas piquetes, postales, zapatistas bohemios en San Cristóbal de las Casas, una ducha en una cascada, frío en Comitán, mucho frío, dormir en un camión, pasar el pasaje una y otra vez junto con el cambio de vuelta una y otra vez, paletas, buenísimas, una michelada, malísima, parachicos coloridos llorando en Chiapa de Corzo, chicleteros románticos, marimbas saltarinas, ahoritas mismos, Rosario Castellanos y sus palabras igual que un remanso, quesadillas versus gorditas, jugos, aguas frescas o licuados, ovnis, a la vuelta nomás, y tener que desandar y preguntar una vez más porque por acá todos parecen disléxicos ¡Si hasta las cerraduras van al revés! Y no consigo darme cuenta nunca más que cuando he cerrado la puerta en lugar de abrirla y es cuando me repito abrir a la derecha, cerrar a la izquierda, la dirección correcta a la izquierda, la coordenada buena a la derecha, la línea más rápida a la izquierda, la ruta errónea a la derecha, la seña salvadora a la izquierda, el plano bueno el arrugado, el bocadillo, el bocadillo de guacamole con queso, y mordisco a mordisco, mordisco a mordisco, mor…

    Y así dar testimonio con queso y guacamole porque, total, lo que pretendo es retrasar al máximo la frase “Aunque el viaje acabó aún estoy volviendo”, mordisco a mordisco. Al final nos hemos levantado del banco y hemos paseado. Mérida es muy bonito, en serio.

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    7 COMENTARIOS

    1. Y digas lo que digas yo te acabo de dibujar en mi mente mordiendo un bocadillo mientras las personas pasan a tu alrededor y tu, y vosotros, y todos nosotros pasamos alrededor del mundo gracias a tu diario.

    2. Pues yo también te imaginé sentado en ese banco de Mérida, bocadillo de queso con guacamole en mano, mientras veías la vida de la ciudad pasar y recordabas con nostalgia emocionada, ese maravilloso baño en el cenote de Cuzamá.

      Y no, no vendéis tucos para la felicidad. Pero compartís momentos felices, que de alguna manera, son también un poco nuestros. Y eso, amigo, vale unos cuantos millones más.

      ¡Feliz inicio de la segunda parte chic@s!

    3. Mordisco a mordisco, queso y guacamole. No hay mejor manera de dibujar Mérida, que con estas palabras que traen también el ruido que te rodea, la calma que sientes. Siempre me quedo con ganas de leer más y no se vale. Un abrazo, viajero.

    4. Que alegria me da que esten descubriendo mi patria querida 😀 espero todo siga de maravilla por allá para ustedes.
      Si sigues en merida te recomiendo ir al mercado o algun restaurate tipico , en varios sitios te sirven un tipo pica pica y puedes probar TODA la comida tipica YUCATECA que es fenomenal 😀 en lo personal las chalupas me encantan espero puedan probarlas.

      Un saludo y feliz travesia 😀

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