reportaje en Guatemala

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    Escribí sobre mi paso por La Limonada y sentí  miedo.

    Fue en Guatemala, uno de los países de América Latina donde más se notan las diferencias sociales. En la ciudad encontré un agujero gris, en pleno centro. Y pasaba desapercibido para la mayoría.

    ¿A la Limonada? Ahí ni Santa Claus va…

    Pues yo quise ir. Quise ir porque sentí la necesidad de escribir y contar la historia del lugar. Para eso viajo, en definitiva. Para contar historias.

    1 la limonada

    Aprendí mucho acerca de cómo va eso del periodismo. A cómo escribir, a cómo se propone la publicación. La escritura, cómo escribir, qué sentido, por qué, la corrección, el miedo, la inseguridad, la espera, de nuevo corregir, leer mil veces más el reportaje, editarlo, miedo, espera, correos, esperar respuestas a los correos ¿Será bueno? ¿Interesará? Todas estas horas, los pasos dados, tocar a las puertas en frío, gestionar los previos, entrar en el gueto… Escribir, en todo caso.

    Se publicó el reportaje en El País, en Planeta Futuro… Ya hace unas semanas… Ya es pasado, agua pasada no mueve molinos, dicen, y qué cierto es en esto del periodismo, tan veloz en engullir, y tan rápido en digerir. Ya pasó. Incluso he recibido mi factura y pronto cobraré por el trabajo. Pero conservaré esa factura, la primera por derechos de autor, y la historia de la Limonada toda la vida. También todo el proceso, desde encontrar la historia, a escribirla y publicarla. Conservaré en el recuerdo la ayuda de un buen amigo. Conservaré en el recuerdo el primer paso.

    Empezaba diciendo que escribí sobre mi paso por la Limonada y sentí  miedo. Sentí miedo de escribir, de no ser capaz de escribir, de no ser capaz de publicar. En la Limonada, uno de los guetos más peligrosos de Guatemala City, en cambio, no pasé miedo como delante del portátil donde suelo escribir.

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