Recuerdo y viaje

    0 0

    _MG_0378

    ¿Para qué escribir de lo evidente, si la realidad está más allá? La pregunta no se la hacía él, es probable que en lugar de contemplar la carretera se hubiera dormido. Así, no más. El traqueteo, la luz de la tarde oblicua por las ventanillas de la izquierda, el haber trabajado todo el día, toda la vida en la carretera, las gallinas, los niños, la anciana en el banco con su vestido rojo de tanto tiempo y su delantal bordado y aquella sonrisa en su rostro, el machete, el haber subido el volcán de Santa Ana, una cruz en el borde de la carretera, la leña cortada, las piernas cansadas, El Salvador como Honduras, con esa especie de pobreza, como en Nicaragua, aceptada, inevitable, los uniformes, las camisas blancas recién planchadas. No puedo responder, todos los recuerdos vienen de golpe sin esperarlos, qué hago aquí, llevamos tantos meses moviéndonos de un lugar a otro, dejando de existir, en estos autobuses, que ni las horas que llevamos en ellos, ni los kilómetros, ni las existencias cruzadas, sabemos. Podría explicar lo evidente, sólo haría falta conocer todos los nombres, preguntar, buscarlos. Con todos los nombres, de esos árboles, de sus hojas, de sus insectos, de esas aves, de esas miradas, comidas, utensilios, personas, podría explicar lo evidente, como una fotografía, pero en lugar de tomada, descrita palabra por palabra, sudada. Se me hace tan difícil que.

    Es complejo. La realidad es compleja como el presentimiento de un collage. Llega como un torrente lleno de caudal, me arrolla y giro sobre mí mismo. No es lo que veo, es lo que siento y lo que siento en cada momento diferente y lo que siento antes de lo que veo, veo y siento y siento, siento y veo. Un ejemplo: Estoy pensando en los últimos ochocientos cincuenta y tres días antes del viaje y de pronto estoy allí, pero se cuela lo de aquí en el momento, y el azar recorta en miles de papelitos lo que iba recordando, los agita y los lanza al aire y van cayendo y flotando en el aire, girando entre sí, girándome, cayendo encima en las iglesias coloniales, en la yuca frita con chicharrones, en la cola del guardabarrancos, cayendo, cayendo en los comedores de comida a la vista, en la punta del pie que no existe del tullido.

    Este camino me lleva a ninguna parte. Somos dos pasajeros y es probable que nos hayamos dormido.

    ARTÍCULOS SIMILARES

    0 0

    0 0

    NO HAY COMENTARIOS

    Deja un Comentario