Por qué escribimos

    0 0

    Éste es mi diario, en él tengo todas las esperanzas y las amarguras. No se viaja ligero por mucho que uno se empeñe. Esperanzas (no sé por qué escribo) amarguras. En serio. Lo he pensado honestamente. Tanto peso, y desde tanto tiempo…  No sé cómo escribir sobre lo insólito que hay en un viaje como éste, no sé cómo dejar que aparezca todo, no sé cómo hacer para que aparezca el silencio y detener el tiempo. Siempre tuve la fantasía de detener el tiempo. STOP.

    Estar en Colombia como el que puede estar en casa y armar un collage porque así se me viene todo. En él hay temor. Me busco como se buscan todos. Estar toda la vida buscándose y sin embargo… Le sigo dando vueltas. Busco un titular como los que escribo últimamente y que me dejan en la nevera, al menos, digo yo, ahí se conservarán mejor que en mi memoria, aunque ya tengo ganas de verlos publicados. Publicar es como enseñar tus vergüenzas. Somos unos exhibicionistas. Con lo fácil que sería andar sólo desnudo por casa y dejar la ropa para cuando sales ¿Por qué escribimos?  

    Cómo yo no sé responderme (o quizá sea que no me atrevo y eso sea todo, que uno es un cobarde al fin de cuentas) pues miro a otros que más o menos hacen como yo, como cuando en el colegio no sabía la respuesta de una pregunta y miraba a ver qué hacían mis compañeros, que seguro andaban tan perdidos como yo, pero algunos ya despuntaban y sabían  fingir. A estos luego en la vida les ha ido bien.

    Detrás de esta reflexión no hay una anécdota  (o tal vez sí). Eso sólo ocurre en las novelas de antes, cuando el autor escribía algo parecido a “Estaba yo esa mañana sentado plácidamente delante de la ventana, la luz entraba suave y se notaba la llegada de la primavera, había sido un invierno largo. No sé qué fue, pero en ese momento, el recuerdo del encuentro del día anterior con Abelardo, me hizo pensar que (aquí póngase lo que uno quiera) y, entonces, mi vida cambió para siempre”. Bla,bla,bla… Las revelaciones, en caso de existir, deben flotar en tal profundidad que morirías asfixiado antes de alcanzarlas.

    Pero digo que no fue así. Sólo que llevo tiempo pensando en todo esto, de ahí el lío, y pasó que una mañana, en la cocina del hostal, en Salento, aparecieron dos viajeros nuevos. Se presentaron como Carlos y Blanca, colombiano y madrileña ¡Oye! ¿Vosotros no sois los del arcoíris? Dijo Blanca. Yo os conozco. Y bueno… Ahí fue que tuvimos una larga conversación que duró dos días.

    en eje cafetero con carlos y blanca

    Carlos es psicólogo y Blanca es fotógrafa y además escribe, pero ella se oculta. No es ni siquiera que escriba bajo seudónimo, más bien es que escribe, lo publica en su blog, pero ese blog es como si fuera el cajón de los grandes escritores. Ahí se queda. Podríamos pensar que cuando ocultas es porque tienes algo de que avergonzarte, pero eso no es verdad, muchos tienen vergüenzas que esconder y aún así… Pero me callo, no vaya a ser que esté tirando piedras sobre mi propio tejado. No es el caso de Blanca. Creo que escribe bien. Me gustó algo que escribió sobre Colombia y, por qué no, lo voy a compartir aquí:

    “Abrí la ventana para dejar que Colombia entrara en mi pecho y cuando fui a cerrarla ya había echado raíces en mi vientre. Disparé a la flora desbordante y a su fauna acompañante para no matarla en mis recuerdos. Un campesino extendió las manos bajo el sol y asó mazorcas de maíz con el calor de sus palmas. Un pollito descompasó la marcha de sus hermanos impronta cuando de pronto batió las alas. El viento alineó a los cafetales para jugar al dominó con todas las gamas del verde”.

    REFLEXIÓN FINAL ¿Cuánta gente habrá por ahí que escribe y lo oculta? ¿Cuántas cosas nos estaremos perdiendo? ¿Por qué nos gusta andar desnudos exhibiéndonos? ¿Por qué escribimos?

    ARTÍCULOS SIMILARES

    0 0

    0 0

    NO HAY COMENTARIOS

    Deja un Comentario