Plaza de la Cultura

Al ladito del Teatro Nacional de San José, como para que no se nos pierda, está la Plaza de la Cultura, a donde van los ticos y las palomas y por eso a la plaza también se la conoce como plaza de las palomas.

Concurrida y nada espectacular, más bien algo fea y gris, del color del suelo, casi pasaría desapercibida si no fuera por el barullo de palomas y la cantidad de gente que uno puede encontrar allí, los fines de semana más y entonces suma diversión. No acudo a dar maíz a las palomas, más bien no me gustan mucho, las palomas son demasiado aceitosas para ser aves, y las intento evitar por mucho que ellas anden revoloteando entre los niños que las alimentan alegres y atemorizados por igual, como si en lugar de jugar estuvieran viviendo la vida misma. Voy a la plaza de las palomas a ver a la gente estar, pasar, hablar, mirar, sufrir, iluminar… Y todos los otros verbos del buen vivir: Abuelos que ahogan el tiempo en vaya a saber usted qué recuerdo, parejas de todo tipo, de las que comienzan y de las que están a punto de acabar sin saberlo, familias que se reparten unos helados de palillo, algún mendigo perdido o que no quiere volver, niños correteando impulsados por la emoción que nosotros ya perdimos.

La Plaza de la Cultura es todo lo visible de San José.

NOTA PARA NAVEGANTES: Bajo la Plaza de la Cultura está el edificio de los Museos del Banco Central, reconocido como uno de los mejores del siglo XX en el mundo por el libro  XX Century World Architecture Phaidon y donde se pueden visitar el Museo del Oro Precolombino y Museo de Numismática.

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