Los lados de una ventana

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    Cada vez que miramos a través de una ventana sabemos que no estamos en casa.

    Lo sabemos porque el interior no es el doméstico, lo sabemos porque el exterior no es el cotidiano, lo sabemos porque muchas veces en casa ni miramos por la ventana porque como ya conocemos qué hay fuera, pues eso, que no perdemos el tiempo y nos equivocamos, terriblemente.

    mirando por la ventana_principal

    Esta ventana por la que Cris mira, recién levantada aún algo despeinada por el sueño, está en Boquete. Quiero decir que su paisaje es el de del pueblo de montaña de Boquete, con la Cordillera de Talamanca al fondo, y toda una extensión verde natural. Esta es la tierra del café y de las flores de Panamá. Ayer al llegar llovió, qué placer andar debajo de la lluvia. Hacía tiempo que no andábamos bajo la lluvia, y fuimos a comprar unas pocas verduras y algo de carne para comer, anduvimos bajo la lluvia sin paraguas, con las bolsas de la compra. Ahora amanece, ha ido saliendo el sol en un lento despertar. Hemos visto cómo el pequeño trozo de paisaje se iluminaba gradualmente. El paisaje de una ventana es una sinécdoque. Igual, muchas veces, ante un cuadro, desearíamos  que el lienzo no tuviera marco.

    La ventana tiene su otro lado. El interior da a una habitación pequeña de paredes de madera pintadas en blanco y el suelo es rojo. La cama está desecha. Es un hostel hermoso, construido con materiales reciclados, sencillo, pero confortable. Lo regenta una pareja de argentinos, dos gatos que debemos vigilar, y dos perros, un perro y una perra, que fue abandonada y que mira con necesidad de cariño, te engancha con esos ojos medio tristes (melancólicos pero llenos de ilusión) y mueve la cola, como si aún le sobresaltara la idea de que cualquier día la pueden volver a abandonar.

    Pienso que en breves me tomaré mi taza de té matutina sentado en el banco de madera que hay en el patio, y creo que pondré mis pies descalzos sobre el césped húmedo aún por la lluvia, desayunaremos y saldremos a caminar por el bosque. Sé que esa es la vida ideal, y me espanta. Sé que si todo el mundo tuviera su vida ideal el mundo dejaría de ser lo que conocemos y se convertiría en una incógnita. No serviría ninguna de las leyes actuales, habría objetos que dejaríamos de usar, rutinas que se olvidarían, sucesos que no tendrían razón de ser. Pero si buscáramos en nuestros recuerdos más antiguos con éxito, sabríamos, sin duda, que la vida que sentimos alguna vez era una vida ideal.

    Cuando miras por una ventana sabes que no estás en casa. El exterior no es el que crees conocer, el interior no es el doméstico, y al mirar a través de ella piensas de otra forma a que lo hacemos cuando estamos en casa.

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    2 COMENTARIOS

    1. Caminar, que no correr, bajo la lluvia… lo entiendo, y leyéndoos recuerdo qué se siente en esos momentos 🙂 El recuerdo… atad bien todos esos sentimientos porque, en un futuro, viviréis de ellos.
      Aixxx que pesimista me ha quedado! quiero decir… que me ha encantado!
      Un abrazo chicos!

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