L’essentiel est invisible pour les yeux

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    Repito la operación, selecciono un trozo de pejibaye, le unto mayonesa, me lo como, repito el gesto, agarro (ya no cojo) un trozo de pejibaye, le pongo mayonesa, lo saboreo, repito el movimiento de mi brazo hacia el plato. Es el momento pejibaye. Y así hasta que no queda ninguno en el plato. Un gesto simple, simplemente cargado de realidad. En movimiento acostumbro a pensar que el viaje tiene más de sueño que de real, es el efecto de la carretera, del paisaje, de la luz, de la ventanilla del autobús; pero, después, en estos momentos, de nuevo en Costa Rica, San José querido, veo que tiene más de real que de sueño. El viaje.

    Tengo un cuaderno que no me puede acompañar. Me lo regaló antes de marcharme mi amigo Xavi, pero no cabe en la mochila. Ésta es una curiosa consecuencia: Viajar te adelgaza engordándote, cada día necesitamos menos cosas (qué bien utilizada la cosa), pero cada día vamos más cargados. Lo esencial es invisible para los ojos. La libreta tiene esa frase en la portada. Además, lo esencial es la única carga posible, cualquier otra hace que tu espalda acabe dolorida. Lo esencial es invisible para los ojos, y liviano. Gracias a Saint-Exupéry cada día más cargados.

    lo esencial es invisible a los ojos

    Arranco sus hojas para conservarlas, sólo algunas, las que me parecieron escritas por otra persona diferente a mi -Ojeas, lees algo escrito y cuesta reconocerte, cuesta distinguir si eso lo escribiste tú o quién; eso es lo que vale la pena conservar. He arrancado una cita acerca de la ilusión tomada de “El Coronel no tiene quien le escriba”, también una reflexión sobre mi nombre como si un desconocido se hubiera interesado en mi genealogía, mi obsesión por el recuerdo y la memoria, recuerdo, memoria, recuerdos, recordar, recordare, varios esbozos de relatos que debería atreverme a continuar pero no lo hago porque así es más fácil trasportarlos, notas de viajes para no perderme, más citas porque ando perdido, “Creemos recorrer el mundo, pero no hacemos otra cosa que ir de un lado a otro de nosotros, porque el mundo está dentro y al recorrerlo nos recorre”, una lista de hijos de Ícaro célebres encabezada por  Chet Baker y Charles Bukowski, empatados en puntos.

    Pronto llegaremos a Panamá, y luego pisaremos América del Sur, hay que ir quitando peso, quedarse con lo liviano, quedarse con lo esencial.

    Tengo claro que el viaje es:

    1. Un recorrido por mí mismo, sobre y dentro de mí mismo, a la vez que recorro kilómetros.
    2. Escribir, escribir y escribir, a la vez que me recorro y me hago invisible sin remedio.

    Ideo un mecanismo para detectar lo esencial. Hay que partir de una pregunta  que debo responderme con sinceridad –La sinceridad dirigida hacia uno mismo es la sinceridad más difícil de practicar, mientras que la sinceridad con los otros es más fácil, cuando es motivada por algo negativo se hace con heroísmo y se espera una recompensa, cuando es motivada por algo positivo se hace con estoicismo para no parecer un envidioso.

    La pregunta en cuestión es:

     ¿En caso de que algo forzara el fin abrupto del viaje, estaría satisfecho del mismo? Es una posibilidad, porqué negarlo… ¿Estaría satisfecho?

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