Geografía literaria

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    Después de ocho meses en Centroamérica y México, llegamos a Sudamérica. Fue Colombia viniendo del norte el primer país, pero nos lo saltamos porque sí, porque este viaje ya tiene más de rayuela que de línea trazada en un mapa. Ya volveremos, total, ahora viene toda la literatura, y los finales son inciertos y qué va a ser de nuestras vidas. A Sudamérica, doce países, la comencé a recorrer hace muchos años, antes del inicio del viaje, empecé a viajar antes del viaje siguiendo un índice bibliográfico en la universidad.

    Lecturas y pasos, ensoñaciones, Roberto Arlt, César Vallejo, Juan Rulfo, Julio Cortázar, realismo mágico,  Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, la pampa, Bioy Casares, Vicente Huidobro, creacionismo, Gerardo Diego, los otros, Gabriela Mistral, Nicanor Parra, Juan Carlos Onetti, los gauchos, Rómulo Gallegos, Mario Benedetti, Horacio Quiroga, las vanguardias, los caciques, las leyendas… Una literatura que desvela y que revela: Cien años de Soledad, El túnel, Pedro Páramo, Conversación en la Catedral, Los siete Locos, incluso desde París, Rayuela, y la parte Argentina.

    América Invertida (1943), Joaquín Torres García

    América Invertida (1943), Joaquín Torres García

    Ahora Ecuador, un poema de Jorge Carrera Andrade, “Boletín de viaje”, y unos versos, “en la nave de veinte cornetas embarqué mi baúl de papagayos hacia otro extremo de la tierra.”, hacia el otro extremo de la vida embarqué. Y afuera, en Baños, hoy llueve, y la Cabellera de la Virgen recoge más caudal que de costumbre, se ve hermosa, así cayendo al vacío, cambiando para seguir igual, fluyendo en las elevaciones que ya son los Andes, y colosal el volcán Tungurahua que se puede ver desde un columpio en la casa del árbol, pero estoy acabando “La Virgen de los Sicarios”, la novela para entender la Medellín de los años 80, aquella ciudad de Pablo Escobar, y leo sin consuelo, porque sé que todas las lecturas que faltan pesan tanto que no me dejarán andar a zancadas. Moriré sin haber leído todo lo que debo leer, sin haber escrito todo lo que debería haber escrito, moriré igual que cae el agua en una cascada, fluyendo para que todo continúe igual.

    El viaje deja de ser físico cuando más agujetas tengo, que me duelen hasta las plantas de los pies, y no es una exageración, que así nos pasa a los que tenemos los pies planos cuando andamos mucho, tanto como el pasado día yendo desde Quilotoa a Shalalá por aquellos paisajes andinos a los que sólo les faltó el vuelo del cóndor. Cada día recuerdo más y leo más.

    El viaje se vuelve literatura, y se podrá confundir el paso con el verso, lo visto con lo leído, la anécdota con la sinopsis, lo hablado con lo escrito. Ya no hay brújula que valga más que la bibliografía que dibuja ante mí Sudamérica. Para Alejo Carpentier, lo real maravilloso es patrimonio de las Américas enteras ¿Se convertirá el viaje en una crónica de lo real maravilloso? Pongamos el mapa al revés y llenémoslo de literatura. En los límites de la realidad; ahí es donde estamos ahora. Ahí es donde siempre he querido estar.

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