Diez apuntes en Puebla

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    Los días suceden, pero los días no constituyen un hilo argumental perfecto, sino que están constituidos por pequeñas piezas que son clave para después reconstruirlos. Así actúa la memoria; toda la vida nos centramos en un tema dominante, y el resto de asuntos intentamos relacionarlos con él.

    Durante nuestra estancia en Puebla fui anotando pequeñas impresiones diarias como método para descubrir el tema dominante del viaje, o de mi vida, seguro de que en la suma de los días no deja de encontrarse una única razón, un sentido verídico. Uno cree saber por qué hace las cosas hasta que se sorprende al descubrir de pronto que la razón no era la razón verdadera.

    barrio del artista en Puebla

    (I) Hay una tortuga en el piso donde dormimos en Puebla; se mueve en la pequeña pecera, de una esquina a la otra, arrastra las patas sobre las piedras del fondo, y de vez en cuando saca su cabeza por encima del agua, como si se quisiera suicidar.

    (II) Suena triste el saxofón del mendigo en la avenida peatonal 5 de Mayo, le falta el aire y toca despacio intentando que no se le note, pero yo se lo he notado a la primera, y eso que el cielo estaba bien azul y el vendedor de globos, con todo ese mundo de globos flotando sobre él, contribuía al despiste.

    (III) Nos hemos duchado con agua fría. La caliente la calentábamos con una resistencia eléctrica, en el momento de aclararnos sólo estaba tibia. Mañana no pienso ducharme, aún no estoy del todo sucio, cuando las duchas no son cómodas dejan de ser un lujo para ser sólo una necesidad. Además, la luz de la bombilla es tan fría.

    (IV) Descifrar la receta original de la pasita, dar vueltas al faristol como si fuera la noria de la vida, comerme una cemita, mejor la poblana especial con milanesa, trastear entre cachivaches del mercado del sapo, libros, mirar los libros viejos de los tenderetes, son actividades poblanas que me gustan, y también hacer la revolución, aunque me acribillen en un tejado.

    (V) No paro de sonarme con papel higiénico pero sigo teniendo mucosidad acuosa; arranco un trozo tras otro que después no sé a dónde tirar ¡Qué cantidad de estornudos! Hoy la gente me ha dicho salud en muchos lugares diferentes, pero no fue hasta que me lo volvieron a decir en el Museo de la Revolución que me di cuenta que aquí dicen salud y no Jesús ¡Y Jesús! Ha sido cuando, de pronto, me he sentido lejos. Pero no me ha importado.

    (VI) No sé a qué viene que intente abrir la puerta de abajo con la llave que no es. Si está claro que la llave que abre es siempre la última. Y así todos los días. También en los viajes hay rutinas.

    (VII) El wifi lo pescamos en el balcón y quizá por eso lo que leo en internet me deja frío, y es que por las noches refresca bastante, más si tenemos en cuenta que durante el día se nos quema la piel. Enfrente está Papas Carmen, pero no las hemos probado.

    (VIII) Vino Víctor con su familia el fin de semana a vernos. Era la primera vez que nos veíamos. Ha sido un gusto conocerlos y pasear por Puebla y Cholula con ellos. Cuando nos hemos despedido me he emocionado porque les hemos cogido cariño, y Sebastián es un niño que andaba de mi mano y resultaba gracioso escucharle lo cool que era algo cuando lo veía. A él tampoco le gustan las despedidas.

    (VIX) Hemos comprado dos quilos de mangos por quince pesos en el pueblo de Cholula, pegado a Puebla. Fue después de subir al Santuario de Nuestra Señora de los Remedios, debajo de la que hay, como un secreto, como en el resto de las vidas del mundo, la base de una pirámide, la más voluminosa del mundo. Los mangos también pesan, pero están maduros, dulces, buenos, y no dejan hebras entre los dientes (nos estamos convirtiendo en todos unos expertos del mango).

    (X) Dejamos Puebla, otro pueblo mágico, otro recuerdo, otro paso ¿Será posible la vivencia del viaje? ¿Se disfruta del viaje al igual que un poema? ¿La gente entiende lo que quiere decir un poema? ¿Todos sus significados? ¿Entendemos de qué va esto de la vida?

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