De nuevo en México DF

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    Llegamos por segunda vez a México DF, como lo hizo Roberto Bolaño después de que en Chile Pinochet diera el golpe de estado, como lo hacían Ulises Lima y Arturo Belano, aunque ellos como buenos detectives salvajes lo hacían a menudo, lo de ir y venir y volver sin parar una y otra vez, y, como quien no quiere la cosa, ya vamos por el tercer inicio de viaje, además de sellos de fronteras centroamericanas, parece que acumulamos inicios –Lo de los inicios es complejo porque cada inicio requiere de un corchete o un paréntesis que lo cierre y a ver si voy a cerrar un inicio con un paréntesis que no le corresponde y entonces la vuelta va a ser un error. Llegamos de nuevo al Parque de La Soledad, donde cerca estaba la Estación Central del extinto ferrocarril eterno de todo Latinoamérica; lo hicimos desde San Cristóbal de las Casas donde salíamos a las cinco y media de la tarde del día anterior –También acumulamos días, se enredan, nos desafían, se nos pierden de tantos que son.

    Dicen que llegar a México DF en avión es espectacular, parece como que la urbe te engullera. No lo sé; sí sé que al hacerlo en autobús la ciudad te engulle de verdad y hasta a poco a poco que se te pone acento mexicano, güey.

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    Nuestra segunda vez en México DF. En pocas semanas de diferencia de cuando salí con una ureteroscopia realizada y la moral metida en un tubito de laboratorio, llegamos con los jacarandás florecidos estrellando color sobre el cielo de la ciudad; pero llegamos y los organistas del centro aún tienen el pespunte de los pantalones descosidos como si después del harmonipan sólo quedara la gordura, llegamos y en los arcos de la Plaza Santo Domingo los escribientes siguen con sus máquinas de escribir, llegamos y los locutores continúan publicitando artículos de las tiendas de la Calle del Carmen tan llenas de tanto, llegamos y los aviones siguen volando cerca , tanto que puedes abordarlos estirando sólo la mano, llegamos y los tacos, las gringas, las gorditas, los sopes, las quesadillas, se siguen comiendo cada quince minutos.

    ¿Cuánto pueden cambiar las cosas en tu ausencia? Si en el acá vivimos, en el allá recordamos, y cuando uno vuelve ¿Allá será como se recordó acá? En España no hay jacarandás.

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