Calles y vidas de San José

A San José, como si fuera una enorme gota de aceite que cae y se esparce, se le confunde el centro con las barriadas de la periferia, sólo contenidas por las eternas montañas que la rodean, aunque ya empiecen a flojear y en las laderas últimamente el sol hace reflejar los colores de las chapas que hay a modo de tejado en algunas casas pioneras.

Debido a la extensión urbana los ticos fluyen a través del tráfico, que es constante y grumoso, y lo hacen resignados, como si fuera algo imposible de evitar y sólo en ocasiones, cuando según andan los nervios, utilizan el claxon del auto. La mayoría pierde varias horas del día en estos desplazamientos y en las presas –más que una palabra, un acierto gráfico con el que referirse a los atascos de coches-.

En una de estas presas en el autobús hacia el centro, escuché a un chico hablar con su teléfono móvil. Le dio para rato, y a mí me mostró algo de la verdadera ciudad, de las calles y vidas de San Jose. Dijo algo así, con ese acento vacilón que tienen:

Mae, sólo soy un pobre humano que trabaja y vive en San José y se pasa la mitad del día yendo y viniendo de un trabajo que apenas renta para nada.

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San José es un caos contaminado, hambriento, hipertrofiado. La gente se encierra en casa y tres años después aún se lee aquella frase que apareció pintada en numerosas calles de la ciudad: “Imagínate San José sin rejas”.

Y a pesar de todo este barullo, hemos venido a comprender algo de lo que es y sucede en San José. Estamos en San José –en realidad no sabemos ni dónde estamos y se nos hace aún complicado comprender que no volveremos a casa de aquí a unas semanas-. Comenzar a andar una ciudad se debe hacer desde el inicio, esté donde esté. Cuando las calles están numeradas resulta fácil, el inicio está en el número uno; más complicado es cuando tienen nombre, entonces ocurren cosas de difícil comprensión, como que la Calle Presidente Roosevelt vaya primera, por delante de Simón Bolivar, por aquello del orden alfabético, que acaba por reescribir la historia nacional y coloca a un presidente foráneo por delante de todo un libertador.

San José

Si se tiene en cuenta que las avenidas van de este a oeste y las calles de norte a sur, y a la inversa, de oeste a este y de sur a norte, el orden parece más claro, pero sólo es superficial. San José es un auténtico caos. En el centro, en la Calle Central, se sobreponen vendedores callejeros de todo tipo, fume verdi, gorrito vale 500, es impermeable el delantal, el ciego, a todo esto, hace sonar los colones sueltos de una taza de chapa, cigarros sueltos, sombrillas, a mil colones, a 500 la gorra, Kolbi, Claro, Movistar, y así la cantinela se hace eterna, repetitiva, monótona. Todo el mundo parece hacer algo en las calles de la ciudad, incluso los indigentes.

Pocos monumentos en San José. Un Teatro Nacional por aquí, una Plaza Central por allí, un Parque Sabana acullá, un Edificio de Correos ahí, una Estación del Atlántico allá ¿El resto? Pura vida, nunca mejor dicho. Por eso la ciudad agota de la misma forma que fascina. Que se lo digan a John Lenon que no está muerto, sino sentado en un banco de la Plaza Artigas, donde se conmemora la anexión de Nicoya por parte de Costa Rica, sin que nadie entienda cómo ha acabado ahí, si es que Los Beatles hace años que se separaron. Todos los niños quieren sentarse con él, se nota que lo toman por el pito del sereno y le pegan algunas collejas. No quiero molestarle yo también. Por eso voy a buscar un banco en otro lugar, no sea que se nos vaya de ahí el gringo y estropee el capricho del alcalde.

Me dirijo a la Plaza de la Cultura, debajo, una pirámide invertida, hay un moderno edificio que alberga tres museos de la fundación del Banco Central de Costa Rica, un señor se ha quedado dormido con la Nación sobre su rostro, al menos le hace de visera para tapar el sol de justicia que cae, al menos también le oculta la cara de sorpresa que se le ha quedado al leer las noticias, como si fuera un pobre humano español leyendo otra vez la misma noticia de corruptelas políticas, yendo y viniendo de un asombro que apenas renta para nada.

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2 COMENTARIOS

  1. Pinceladas de una ciudad que nos imaginamos agetreada, bulliciosa y con mucho color. Continua con estos relatos tan cotidianos, nos acercan a vosotros.
    Saludos compañeros,
    Pedro VQ

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