José Alejandro

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Licenciado en filología hispánica, periodista vocacional, fotógrafo miope y redactor de contenidos digitales.

Hemos recibido una postal desde Florencia.

En ella hay un hola y un ola y ambos quieren decir lo mismo: hola. Un hola que llega a Barcelona desde Florencia como una ola llena de caricias. Barcelona es la orilla. Sam tiene casi siete años. El trazo de su escritura vacila un poco. Son letras que parecen a punto de saltar en cualquier momento. La “h” del primer hola y la “p” de padrins están decoradas, como si en lugar de escritas hubieran sido dibujadas. Se nota que le ha dedicado tiempo. Al escribir, en su rostro habrá aparecido ese gesto que pone cuando se concentra en algo porque quiere hacerlo bien, como cuando hace ranas de papel que saltan como si fueran de verdad. Sam nos ha escrito la mejor postal de viajes que podíamos recibir ahora mismo.

La mejor postal de viajes

En la postal, Sam nos explica que ha subido al Duomo y al Campanile. Y ya. Sólo todo eso. Luego Laia nos ha contado por whatsapp que está flipando mucho con el viaje, que Sam solo ha querido enviar dos postales. Una a su colega Nils y otra a nosotros. Será que nosotros siempre le estamos enviando postales de viaje y él no habrá querido ser menos. Parece ser que se ha interesado bastante en el pene del David de Miguel Ángel. De hecho, le ha llamado tanto la atención que para su colega Nils ha escogido una postal con un primer plano del miembro esculpido. Cuando se encuentren supongo que intercambiarán opiniones al respecto. Para nosotros ha escogido una panorámica.

postal-de-viajes

Esta ola en forma de postal de viajes ha llegado a una Barcelona llena de otoño. Empiezan a antojarse boniatos, castañas y panellets. Estoy contento. Me gusta la castanyada. El viaje por Latinoamérica me dejó tres años sin celebrarla. De la castanyada tengo tres recuerdos que me llenan de felicidad. Primer recuerdo: llevar los panellets que hace mi madre al colegio y recibir elogios por su buena mano. Quedó claro que mi madre hace los mejores panellets del mundo. Segundo recuerdo: mi padre enseñándome a pelar castañas sin que se quede esa piel horrible que tiene debajo de la cáscara. Tercer recuerdo: escribí mi primer poema para la fiesta de la castanyada y lo escogieron para la exposición de los mejores trabajos. Me sentí tan orgulloso y satisfecho que dejé de escribir poesía para siempre. Alcancé la gloria temprano y eso ya me bastó.

Pues bien, desde este otoño de panellets y recuerdos vemos ahora Florencia gracias a una postal de viajes:

Es un atardecer, el cielo tiene tonos naranjas. Sobre los tejados sobresale inconfundible la Catedral con la gran cúpula de Brunelleschi y el campanile de Giotto. Color teja y blanco mármol. Gracias a la postal, no solo recordamos las vistas desde el campanile, sino que, esa es la magia, de eso va todo esto, las vemos con la mirada de Sam. La mirada de un niño de casi siete años ante la aventura de descubrir el mundo. El asombro y la sorpresa que nos falta a nosotros. Sam no sabe nada acerca del síndrome de Stendhal. Por eso su mirada es valerosa. Mira por primera vez y, nosotros, ¿cuándo fue la última vez que miramos por primera vez? En eso debería consistir: viajar y escribir postales con la mirada de un niño asombrado. Con valor.

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Hace poco éramos nosotros los que enviábamos postales desde el fin del mundo. Ayer recibíamos ésta de Sam. De momento es la más especial de todas. Pero esperamos que siga enviándonos más, que cuando sea mayor siga enviando una postal de viajes de cada uno de sus viajes para que nos lleguen, sea donde sea, como olas que acarician. Hoy desde Barcelona vemos la silueta de la catedral de Florencia mejor que nunca.

Els padrins están feliços. Gràcies, Sam!

Hace dos años que nos fuimos. Dos años ya… Me lo dice Cris, incluidos los puntos suspensivos, que suenan como un globo cuando se desinfla. Se refiere a nuestro viaje por Latinoamérica. Es extraño. En realidad, volver es estar volviendo poco a poco. Así es el tiempo, te agarra y no te suelta hasta acabar contigo. Y mejor que sea lo más tarde posible, así podrás disfrutar de más sueños viajeros.

Estábamos acostumbrados a que los sueños viajeros fueran siempre en futuro y no en pasado. Para mí es mucho más fácil estar de viaje que no estarlo. Durante el largo viaje, Barcelona se ha convertido en uno de esos lugares en los que se está mientras tanto. En estos tres últimos meses, los días han pasado con aire provisional, como cuando se te rompe algo pero no quieres reponerlo porque sabes que en poco tiempo ya no lo necesitarás más, ¿y qué hacemos en esos casos? Como buenos manitas, lo arreglamos con un poco de pegamento o de celo. Así andamos, con los días pegados. El pegamento más fuerte que existe se extrae de los sueños. Por eso es importante soñar bien.

Instrucciones para tener sueños viajeros

Para soñar bien primero hay que tener voluntad de soñar. Levantarse cada día y repetir: soy un soñador y me gusta soñar y nada de lo que ocurra hoy va a distraerme de mi sueño. Repetir las veces que sean necesarias. Deberás aprender a renunciar a muchas cosas. Los sueños son rigurosos. No vale eso de tener un sueño y que te dure unos días. Los sueños deben durar hasta que se cumplan, esa es la única fecha de caducidad. En ese sentido, los sueños son como las conservas enlatas, pueden durar años.

Un mural visto en Valparaíso, Chile

Un mural visto en Valparaíso, Chile

Una vez que tenemos esto claro, lo siguiente que debemos procurar es nutrirnos bien. Soñar agota más que un triatlón, así que debemos asegurarnos que nuestro cuerpo aguantará. Se trata de inspirar(nos). Los libros que leemos son importantes para mantenernos en actitud soñadora; las películas, series, documentales y fotografías que vemos son como adelantarse al viaje. Para sueños viajeros no hay nada que tener siempre a vista un mapamundi. La música es óptima para evocar lugares y recuerdos. Tampoco hay que olvidar la gastronomía. Cuando pruebas a soñar a través de las papilas gustativas ya no puedes dejar de hacerlo nunca más. En general, todo lo que haga vibrar tus sentidos será positivo para soñar bien y debemos tenerlo a mano para cuando más lo necesitemos.

Hay que practicar. En serio, ¿visteis a un niño que monta por primera vez en bicicleta? Lo hacen inseguros, un poco a trompicones, un poco más a la izquierda, otro poco más a la derecha, la bicicleta tiembla, y ellos también con rostro concentrado. Para soñar bien hay que practicar mucho. Hay que sentarse cómodos, a poder ser con los pies un poco en alto, respaldo inclinado, mejor con vistas agradables y música. Cada soñador tiene su música favorita, a mí, por ejemplo, Art Blakey me hace volar más que Ryanair.

En esto del soñar, una vez que le coges el punto ya no paras, y cada vez sueñas más. La vida es ese trámite que hay entre sueño y sueño. Está demostrado que estas instrucciones para tener sueños viajeros funcionan. Hoy hace dos años que nos fuimos, pero seguimos soñando.

Seguro que también te ha pasado: Vuelves de un viaje y cuando te reúnes con amigos y familiares, ellos emocionados por verte, tu impaciente por contar, resulta que se ponen a hablar del tiempo, de lo que le ha pasado al vecino, las elecciones, el último partido de fútbol o el coche que se acaban de comprar.

Cuando ya has perdido toda esperanza de explicar tus aventuras, salta alguien y hace la pregunta: ¿Oye, y en ese viaje tuyo, no te han robado? Esa pregunta abre la caja de Pandora, luego le seguirán: ¿Y no tuviste miedo en algún lugar? ¿Diarreas? ¿Se ahogó alguien en la playa? ¿El hotel era una porquería? ¿El anfitrión era un psicópata? De pronto, en lugar de estar hablando de todas las maravillas que viste, te encuentras hablando del que parece uno de los peores viajes de la historia.

Estos son los peores viajes de la historia ¿Es la primera vez que montas en un descapotable?

Estos son los peores viajes de la historia ¿Es la primera vez que montas en un descapotable?

Los peores viajes de la historia

Sí. Queridas y queridos, a la gente le pone a cien las catástrofes. Lo decía la genial viajera y escritora Martha Gellhorn: “El único aspecto de nuestros viajes que tiene público garantizado es el desastre». Gracias a ella, nos hemos preguntado cuáles son los viajes más desastrosos que conocemos: Estos son los mejores viajes entre los peores viajes de la historia.

Viajes al infierno

Comencemos por quien inspiró este artículo: Martha Gellhorn, la mujer que sobrevivió a un matrimonio con Ernest Hemingway, y a la Guerra Civil española, al desembarco de Normandía, la Guerra de los Seis Días en Israel, Vietnam, diferentes conflictos a lo largo de América Central, y los viajes más desastrosos. Para no olvidarlos, reunió sus cinco peores viajes en un libro: Cinco viajes al infierno.

Fue una viajera experta, dura, todo terreno; hasta muy mayor, con casi 80 años, viajaba sola buscando historias, sin miedo. En uno de sus horribles viajes, a China, se llevó a Hemingway como acompañante. De ahí sacó una gran enseñanza: “Los posteriores viajes horribles los hice sola. Una podía meterse sola en un berenjenal, pero no arrastrar a alguien más.”. Sus viajes están entre los cinco peores viajes de la historia, y entre los cinco mejores viajes de la literatura de viajes.

Cinco verdaderos viajes al infierno

Cinco verdaderos viajes al infierno

Viaje a lo salvaje

Este viajero no arrastró a nadie con él. No por seguir el consejo de Martha Gellhorn, si no porque quería vivir la naturaleza en soledad, descubrir hasta dónde lograba sobrevivir; pero el tema se le fue de las manos y acabó de la peor forma posible. Chris McCandless (o Álex Supertramp como prefirió) murió solo, atrapado por el frío de Alaska. Se convirtió en una leyenda.

Su historia se hizo famosa. Primero fue noticia, luego Jon Krakauer escribió el libro Into the wild, que tiempo después, Sean Penn adaptó al cine, y la prodigiosa voz de Eddie Vedder se encargó de la banda sonora de la película.

No fue un incauto como muchos señalan. Según Jon Krakauer, “cuando se adentró en las montañas del interior de Alaska, no abrigaba falsas expectativas y era consciente de que no hacía senderismo por un paraíso terrenal.” Otra cosa es que esos peligros llegaron a ser excesivos, por lo que un viaje fabuloso se convirtió en uno de los peores viajes de la historia.

Viaje a Las Vegas

Otro viajero al límite es Hunter S. Thompson, el periodista que llevó al extremo el periodismo gonzo. De esta historia también hay película, y seguro que la has visto. Es algo alocada, frenética, desconcertante. Fue un fan de H. S. Thompson el que llevó el libro Fear and Loathing in Las Vegas: A Savage Journey to the Heart of the American Dream (Miedo y asco en Las Vegas) al cine: Johnny Depp, también la interpretó y más tarde pagó el pintoresco funeral del periodista.

El libro tiene uno de los inicios más salvajes y divertidos de la historia de la literatura: dos tipos (Raoul Duke y Oscar Zeta Acosta) totalmente colocados cruzando el desierto en un descapotable rojo a toda velocidad hacia La Vegas. Van en busca del sueño americano y a lo que llegan es a la locura, al borde de la psicosis anfetamínica. No lo probéis, tenedlo por seguro, nadie que no sea un auténtico botiquín andante aguantaría un viaje al ritmo de estos dos. Además de ser uno de los peores viajes de la historia es uno de los más tóxicos.

Viaje al Polo

Los que también llegaron a la locura fueron los integrantes de la Expedición Terra Nova, liderada por  Robert Falcon Scott, explorador y capitán de la Marina Real Británica. Pretendían ser los primeros en llegar al Polo Sur, pero se les adelantó el noruego Roald Amundsen. En el camino de regreso quedaron atrapados en el infierno blanco de la Antártida. Sólo sobrevivió Apsley Cherry-Garrard, y tiempo después escribió The Worst Journey in the World (El peor viaje del mundo), que National Geographic consideró como el mejor libro de aventuras de todos los tiempos. Ha pasado a ser el peor de los peores viajes de la historia

Algunos errores y elecciones inadecuadas en los preparativos hicieron que la expedición acabara en tragedia; pero la sociedad británica, necesitada de héroes, convirtió a Scott en paradigma del esfuerzo y los valores de superación.

Nunca un blog explicó tantos malos viajes.

Nunca un blog explicó tantos malos viajes.

Viaje a la desolación

El último de los viajes que está entre los peores viajes de la historia es el de uno de nuestros viajeros patrios más populares: Javier Reverte. Anda por el mundo y escribe sobre él desde hace muchos años. Uno de esos viajes le dio para escribir El río de la desolación. En este libro Javier Reverte escribe: “Me preguntan a menudo por qué viajo y respondo que, en cierta forma, sólo por escapar de la idea de la muerte.”

Pues bien el viaje que relata por el Amazonas, en lugar de ayudarle a escapar de la muerte, le acercó más. Tanto que estuvo a punto de morir de malaria. Lo que le obligó a pasar al final un mes hospitalizado en Brasil. La verdad es que el tono de todo el libro es bastante depresivo y triste. Dijo el autor que seguramente fue debido a cómo le afectó la pobreza que vio a orillas del Amazonas.

No somos héroes, pero…

No somos héroes, pero por muy mal que nos vaya un viaje, siempre estaremos pensando en el siguiente. Eso sí, lo que nos han enseñado los peores viajes de la historia es que, a la hora de viajar: No vayas a un país en guerra, no consumas drogas, no te arriesgues por caminos desconocidos, no explores sin el equipo necesario, no te dejes tu repelente contra mosquitos, y, sobre todo, contrata un buen seguro de viaje con cobertura médica. Es muy probable que de haberlo llevado, a alguno de nuestros viajeros desastrosos le habría ido muy bien ¿No creéis?

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Aquí siempre escribo de viajes. Pero no todo es viajar. O sí. Viajar. Viajar con el polvo enredado en los pies. Viajar con las letras de los libros entre los dedos. Sí. Viajar.

En mis viajes siempre cargo con más libros de los que debería. En casa, antes de partir nunca sé decidirme por uno o por otro. Con los libros es con lo único que me permito un “por si acaso”. No sé si he viajado más kilómetros o más páginas. Hay páginas que son lugares. Hay lugares que primero leí y luego caminé. Hay caminos que volví a caminar en libros. Hay libros que me indicaron destinos. Hay destinos que me revelaron escritores. Hay escritores que me señalaron direcciones. Hay direcciones que eran versos lanzados en el aire. Hay aire en los párrafos. Hay párrafos que fueron como fronteras. Hay fronteras hechas de biografías. Hay biografías para cada vida. Hay vida para muchos viajes. Hay viajes para vivir a toda letra.

Ilustración del gran Fernando Vicente

Ilustración del gran Fernando Vicente

El orden fue el siguiente: Primero fui lector, luego viajero. Pero me faltaba un lugar en el que escribir de mis viajes a toda letra. Me costó decidirme. Ahora ya lo tengo. Y a partir de ahora escribiré aquí y escribiré allí.

Cómo es vivir a toda letra

Si aquí escribo para inspirar viajes, en Vivir a toda letra escribo para inspirar lecturas.

Si te pasas de visita (te espero, lo deseo) vas a encontrar libros, escritores, editores, libreros, ideas. Allí te explico un poco más en qué consiste la apuesta de vivir a toda letra. Porque se trata de eso, de una apuesta. Llevo apostando desde siempre. Sólo que ahora lo comparto.

No es un lugar para aparentar cosas que no sé, no es un listado de lecturas imprescindibles (no creo en nada imprescindible), no hay lugares comunes, no hay fotografía de libros, ni mesita con café y galletitas, ni orgullo lector con gato faldero. No hay publicidad. No hay escritura SEO (siempre cometo los mismos errores).

Como si fuera un manual de instrucciones para vivir a toda letra. Así quiero que sea: Con todos los libros que me gustan, con todos los autores que leo, con todas las librerías que visito, con todos las editoriales que hacen libros con encanto, con todas las ideas, las teorías y las reflexiones sobre qué es eso de escribir, de leer, de editar. Un manual de instrucciones para vivir a toda letra, que cada vez sume más páginas y más comentarios, que sea lugar de encuentro y de opinión de gente que apueste a vivir a toda letra.

Será que sigo pensando en un mundo mejor, será que las lecturas deben compartirse, será que hay que leer más, será que en una vida anterior fui librero, será que recuerdo a aquel niño pegado al escaparate de la librería de su pueblo, será que seré, será que no sé ser de otra forma, será que de todas las vidas, me quedo con vivir a toda letra ¿Y tu?

Uno

Dice Emilio Renzi (o Ricardo Piglia, o qué importa quién) que la experiencia es algo así como “una multiplicación microscópica de pequeños acontecimientos que se repiten y se expanden, sin conexión, dispersos, en fuga.”

Es viernes y son las once y media de la noche. Acabamos de salir de la Estació del Nord hacia Madrid. La climatización del autobús cae bien. Afuera hace ese calor húmedo de Barcelona que se engancha como un plástico en toda la piel. Antes de salir de casa anoté una frase de Joaquín Torres García, no fuera a ser que se nos olvidara la razón de ir a Madrid: “Nuestro norte es el sur”.

Van a ser siete horas de viaje. Siempre que hago un viaje nocturno en autobús tengo la misma inquietud ¿me dormiré o me pasaré la noche perdido de recuerdo en recuerdo? Cris no tiene ese problema. Siempre cuento lo mismo. En un viaje que hicimos de San Cristóbal de las Casas a Ciudad de México (eran más de doce horas, era en otra vida), me dijo que se echaba un rato la siesta, que se despertaba para cenar (en esa vida llevábamos siempre una bolsa con víveres porque nunca se sabía). La desperté entrando en la ciudad. Estaba enfadado, cené solo, en la oscuridad, iluminado brevemente por los haces de los focos de los coches. Si no la hubiera despertado, habría seguido durmiendo. A parte de cenar solo, me pasé el viaje entre recuerdos. No sé muy bien cómo va, pero comienzas a pensar en algo, y ese algo te lleva a otro algo, y de ahí a un recuerdo fugaz, un detalle, ese detalle refresca otro recuerdo, la memoria es vertical, y vas dando saltitos, de un tiempo a otro, de un recuerdo real a otro fingido, o a un deseo, o a un sueño. Cuando me quise dar cuenta, estábamos en Ciudad de México, y lo único que se me había dormido era el culo y las piernas, que me hormigueaban. Doce horas de autobús dan para un resumen de tu vida. Eres rehén de tus recuerdos.

Por suerte, esta vez me quedo dormido de Zaragoza a la T4 de Barajas. Cuatro horas.

Dos

Joaquín Torres García tuvo la genial idea de poner el mapa de Sudamérica al revés, de forma que el norte se convertía en sur, y el sur, en el norte. Una forma gráfica de darle una patada al orden establecido y a todo eso que lleva años rompiendo en cachitos a Latinoamérica.

“No debe haber norte, para nosotros, sino por oposición a nuestro sur. Por eso ahora ponemos el mapa al revés, y entonces ya tenemos justa idea de nuestra posición, y no como quieren en el resto del mundo.”

Tres

Vemos amanecer desde el balcón de la casa de Alicia. Hacemos café. Siempre que llego a un lugar nuevo, me gusta verlo por la ventana. Es un pequeño fragmento del lugar, pero está todo en él. Ocurre igual con algunos cuadros de Joaquín Torres García, que en un entramado se ve toda la ciudad.

Joaquín Torres García fue el autor de "América Invertida"

Joaquín Torres García fue el autor de «América Invertida»

La Arcadia está en el Peloponeso, en Grecia, y en toda la historia del arte como un lugar imaginado, o como la aspiración de un lugar utópico. La obra de Joaquín Torres García se expone en el Espacio Fundación Telefónica hasta el once de septiembre. La retrospectiva, que viene del MOMA, se titula Joaquín Torres García, un moderno en la Arcadia. Fuimos allí directos desde la casa de Alicia.

Cuatro

El sur estaba en Madrid. Estar delante de “América invertida”, tan pequeño, tan esquemático, y sin embargo con Latinoamérica ahí, es cerrar un viaje que, antes, nos llevó durante más de veinte meses desde Ciudad de México hasta Ushuaia. Durante todo ese tiempo, el viaje fue seguir el llamamiento que Roberto Bolaño lanzó en el siglo pasado: “déjenlo todo, nuevamente láncense a los caminos”, el mapa nos recordó lo que debíamos hacer (buscar nuestro propio norte) y hacia dónde debíamos ir para encontrarlo (hasta Ushuaia, hacia el sur).

Veo el dibujo, y resulta que ahí estamos nosotros también. Todos los días del viaje, todos los lugares, la gente, los sueños que soñamos, lo que imaginamos, el sudor, la sangre, el dolor, la esperanza, la vida. Me emociono. Lo hago ahora también. Toda la memoria en un símbolo.

Alícia Bea inmortalizó el momento con esta gran foto.

Alícia Bea inmortalizó el momento con esta gran foto.

Alicía nos toma algunas fotos. Al acabar, la voz de alguien de seguridad nos advierte que no se puede hacer fotos en la sala. Siempre cumplo con las normas, por muy arbitrarias que sean. Pero esta vez no, “América invertida” es tan mío como de la fundación. Además hay un vidrio que llena las fotos de reflejos. Además no son fotos directas del cuadro. Además son fotos de Cris y de mí viendo los recuerdos de nuestro viaje simbolizados en un dibujo de Joaquín Torres García. Fin. Nos vamos con nuestra foto.

Cinco

El resto del fin de semana es un sin parar. Encuentros, reencuentros, Malasaña, libros, en Tipos Infames, en Arrebatos libros, en Cervantes y Compañía; es un bocata de calamares, y bravas, y unos huevos revueltos, y la oreja que no encontramos, es una casualidad, son charlas, es perderse en el caminar, es arriba los viajes, es el calor, es sentirme bien. Me siento bien. Nos gusta pasar el tiempo con todos:

Sara, JAAC, Víctor, Alicia B., David, Irene, Ignacio, Alicia O., Ángel, Rubén, Iván, Dani, Lucía, Emilio, Ricardo, y por supuesto, con Joaquín.

En Montevideo no estaba “América Invertida”. Resulta que el sur estaba en Madrid. Resulta que hemos cerrado un ciclo. Tras veinte meses, el viaje concluyó en Madrid. Fue el mejor de los cierres ¿Ahora? Ahora toca volver a empezar. Mientras, cada vez que viaje en un autobús de noche seguiré teniendo la misma inquietud de siempre. Los recuerdos son una experiencia. Toca seguir escribiendo como si no existiera un mañana.

Escribir en un blog de viajes sobre que viajar es bueno para la salud parece una redundancia ¡Como si no bastara con el ejemplo! Pero lo cierto es que la afirmación hace tiempo que se ha convertido en un lugar común.

¿Por qué viajar es bueno para la salud? ¿Cuáles son las razones por las que podemos afirmar tal cosa? Hace poco, la Sociedad Española de Neurología publicó los resultados de una investigación que nos da nuevos argumentos a todos los que defendemos las bondades del viaje: viajar nos hace felices y nos ayuda a prevenir enfermedades degenerativas.

Viajar nos hace felices

Viajar nos hace felices

5 razones por las que el viaje nos hace felices

Sí, sí, qué sí. Por si había alguna duda, viajar nos hace felices, más que ir de compras.

  1. Viajar nos mantiene activos

Cuando viajamos, al experimentar nuevas sensaciones y descubrir lugares que no forman parte de nuestra rutina, obligamos al cerebro a usar todas sus capacidades para adaptarnos mejor ¡Piensa que cada vez que el avión te lleva a un nuevo destino, tus neuronas se hacen mejores!

  1. Viajar estimula nuestro cerebro

No hay nada peor para nuestra mente que las rutinas. Necesitamos novedades para estimular nuestro cerebro. El escritor Paul Theroux dejó escrito que “el viaje siempre desafía a la mente, e incluso cuando se pasan más dificultades, puede ser alumbrador.”

  1. Viajar nos hace más creativos

Son muchos los escritores y los pintores que usaron el viaje como fuente de inspiración. Fue el pintor Gauguin quien huyó de Francia para encontrar lo auténtico en Tahití, o escritores como Gustave Flaubert o Robert Louis Stevenson, los que sacaron su lado más creativo con los viajes.

  1. Viajar nos hace felices

¿Para qué negarlo? Si ya en el momento de comprar el billete y de imaginarnos volando a algún rincón del mundo nos sentimos embargados por una extraña felicidad, cómo no aumentar nuestro bienestar al desconectar e irnos de viaje. En la nota de prensa de la Sociedad Española de Neurología se afirma que “Viajar aumenta la felicidad y disminuye el estrés y nos brinda muchas oportunidades para estar activos física y mentalmente.”

  1. Viajar previene el envejecimiento

Una mente entrenada y suficientemente estimulada, como ocurre durante un viaje, es mucho más resistente al envejecimiento y a cualquier deterioro neurológico, que otra que se ha amoldado a las rutinas y lo cotidiano.

Asegura tu felicidad

Ahora que con las vacaciones de verano los viajes se disparan (casi el 50 % de los viajes realizados por los españoles durante el 2015 fueron motivados por las vacaciones), debe haber mucha gente exultante de felicidad. Y muy saludables, ya no solo a nivel mental, durante un viaje solemos hacer más ejercicio, nos relacionamos con gente nueva y descansamos mejor.

Pero ¿Si el viaje es tan saludable, no deberíamos, como mínimo, tratar de asegurarnos que todo salga bien? Viajar con un seguro de viaje con cobertura médica es la única forma de alcanzar la felicidad. Porque ante cualquier problema, nuestra mente habrá recibido solo impactos positivos, sin tener que preocuparnos a cada rato por cualquier contratiempo. Así que, la próxima vez que te recriminen que sólo piensas en viajar y estar fuera de casa, que no ahorras y que te gastas el dinero de la jubilación, diles que, en realidad, lo que estás haciendo es invertir en salud. Y si no se lo creen, mándales leer nuestro blog, un claro ejemplo de cómo viajar nos hace un poco más felices cada día.

Viajas en avión. Miras por la ventanilla. Siempre te ha gustado estar en las nubes, te parecen asombrosas, son capaces de llevarte muy cerca de ti. Es uno de esos momentos en los que consigues escuchar esa voz que nos habla de vez en cuando desde nuestro interior, “siempre me he preguntado cómo sería mi vida si hubiera nacido en otro lugar del mundo”. Así comienza Around Them, tu viaje con algo que recordar.

El único verdadero viaje

¿Qué sentido tiene viajar? Fue Marcel Proust quien dijo que “el único verdadero viaje no es ver nuevos paisajes, sino verlos con los ojos de otro, ver el universo con otra mirada”. Viajamos porque nos hacemos preguntas que solos no podemos respondernos. Viajamos porque una vida, la nuestra, no es del todo suficiente. Viajamos porque queremos más, porque nos gustaría sentir el mundo de todas las formas posibles.

Dean MacCannell, en El turista, una nueva teoría de la clase ociosa, nos explica sobre esa búsqueda que es la base de todo viaje, “El descubrimiento de sí mismo a través de una búsqueda compleja y por momentos ardua del otro constituye un tema básico de nuestra civilización, que sirve de base a una extensa literatura: Ulises, Eneas, La Diáspora, Chaucer, Cristóbal Colón, Gulliver, Julio Verne.”

Ryszard Kapuściński teorizó repetidas veces a lo largo de su vida sobre el concept “el Otro”. Definió el encuentro del otro casi como una paradoja, “los otros, en verdad, son tales, pero, para estos otros, el Otro soy yo”. “El Otro” es el que se contrapone a los demás individuos, pero a la vez, es gracias a él que podemos profundizar en los grandes temas de la humanidad, la religión, el amor, el sexo, la identidad.

(Fuente: Algo que recordar)

(Fuente de Algo que recordar)

Around Them de Algo que recordar

Pues bien, es en la tradición del único verdadero viaje, donde se ubica el documental Around Them que podemos ver en la plataforma FeelMakers. En esta ocasión “el Otro” es plenamente femenino.

Quince mujeres son suficiente para ver el mundo, si las escuchas atentamente. A eso ayudan los encuadres escogidos para este viaje. Son tan cercanos que rompen la frontera de la pantalla y nos llevan al espacio de la intimidad, las manos se cruzan, gesticulan, los rostros expresan las emociones de la conversación, y luego están todos los otros pequeños detalles que nos hablan de los lugares donde estamos, los sonidos de fondo. Y los silencios. Silencios, como los de Nupan, en Myanmar, cuando habla del amor, que expresan más que cualquier guion lleno de frases memorables.

El amor, la religión, la identidad, la geográfica, y la sexual, son los temas que se desarrollan con los kilómetros por los Estados Unidos, Australia, Paraguay, Malaysia, Argentina, Laos, Bolivia, China, Myanmar, Perú, Indonesia, Nueva Zelanda, Ecuador, Filipinas y Tailandia. Una vuelta al mundo que nos regala algunas reflexiones de esas que te dejan un buen rato pensativo.

… pensé desesperadamente que quería tener una creencia, algo como un dios, por ejemplo. Sólo por tener en mi mente ideas sobre…, la muerte, porque la idea de morir me da mucho miedo”, dice Whitney, con quien hablamos en Auckland (Nueva Zelanda). Y ésta sólo por destacar alguna, sólo para que te hagas una idea de qué va este viaje.

Solo en un verdadero viaje, al modo del que definíamos más arriba en palabras de Marcel Proust, caben preguntas y reflexiones como las de este documental. Hay un momento del mismo que aquella voz interior que escuchábamos al inicio, mientras volábamos en avión y veíamos las nubes desde la ventanilla, nos dice “¿Quién dijo que mi forma de vida y de entender el mundo era la mejor?”.

Pues eso ¿Para qué quedarnos solos con nuestra verdad, cuando podemos viajar alrededor de ellas? ¿Para qué quedarnos con cualquier viaje si tenemos a mano un viaje verdadero?

Contaba Italo Calvino en Las ciudades invisibles que hay muchos libros que se escriben para profetizar catástrofes y apocalipsis y que por eso mismo el suyo, al contrario, se abría y se cerraba con las imágenes de ciudades felices que cobraban forma y se desvanecían continuamente escondidas dentro de ciudades infelices. Siempre me atrajeron las ciudades que juegan al escondite. Son lugares para la esperanza. Así encontré los lugares de Caracas, se aparecían y desaparecían a cada momento, escondidos dentro de una ciudad infeliz.

Siempre hay un mundo por descubrir

Caracas suena a un mundo por descubrir

Lugares de Caracas

Parecía que llegáramos al lugar más peligroso del mundo ¿Pero estáis locos? ¿Cómo se os ocurre? ¿Viajar a Venezuela como está, y además, Caracas? No sólo la familia y amistades que acostumbran a alarmarse con estridencia, algunos venezolanos nos tachaban de locos por querer ir a Caracas, de extravagantes, como mínimo, por viajar a Venezuela y andar en su país en quiebra.

Tenían razón; pero es que todo viajero tiene siempre algo de locura.

Una mañana que salimos a buscar un café antes de encontrarnos con los lugares de Caracas, apareció la realidad en las portadas de los diarios; la prensa del país, esa que cada día tiene menos hojas por la censura y por la crisis del desabastecimiento, destacaba, “Caracas, la más peligrosa”. Me acerqué al titular con respeto y pensé que leer la noticia en los diarios internacionales resultaría menos alarmante que leerla en el escenario del titular. Crucé los dedos, aún tengo esos gestos infantiles que buscan un guiño al destino, deseando que nuestros padres no vieran la noticia en casa y se incrementara su inquietud por unos hijos que, mira tú, ahora les ha dado por irse al país ese en el que no hay ni papel de váter y matan a tanta gente.

Apunté en mi diario de viaje una cita más del libro de Italo Calvino:

“Tal vez estamos acercándonos a un momento de crisis de la vida urbana y las ciudades invisibles son un sueño que nace del corazón de las ciudades invivibles.”

Una ciudad con 119,87 asesinatos por cada 100.000 habitantes a fuerza debe ser «invivible».

Crónica de una ciudad invisible

Podría comenzar, diciendo que Caracas es una ciudad «invivible», pero que no siempre fue así, o, que no siempre es así. Debería decir mejor que de Caracas se puede hablar de dos formas, como el monstruo que es, o bien, que cuando llegamos se estaba jugando la final de la Liga Profesional de Béisbol Venezolana y en la vieja pantalla de la recepción del hotel jugaban Navegantes del Magallanes y  Cardenales de Lara. Igual podría seguir diciendo que el viajero atento leerá escrito en las paredes que el nombre de Caracas suena a un mundo por descubrir, o que los vendedores callejeros de perros abundan y lo salpican todo de kétchup, o también que el metro en hora punta es una avalancha humana, o que en la acera todos caminan rápido y que el semáforo de peatones esté en verde no es garantía de que no te atropellen, o que los caraqueños hablan mucho de política y al paso se escuchan medias conversaciones que sumadas a otras medias hacen un diálogo infinito. En los tiempos que corren lo único que no falta nunca es la política.

Lugares de Caracas desde El Calvario

Lugares de Caracas desde El Calvario

En el centro de Caracas cada esquina tiene su propio nombre. En la de la ceiba, o también de los intelectuales, frente a la Iglesia de San Francisco, han marcado la zona con pintadas en las que se lee “Territorio Chavista”. Pero, por el contrario, en la Asamblea General el viajero verá un cambio que se va apareciendo y que se resume en el “Llévense esa vaina” que el nuevo presidente dijo al ordenar que retiraran las imágenes de Chávez y Maduro y Simón Bolívar que abundaban en la entrada del edificio. Pero es que el viajero debe comprender que, como dicen los caraqueños, Caracas es Caracas y el resto monte y culebra. Aquí está todo Venezuela.

Aquí está todo Venezuela; pero ¿Cómo describir Caracas? ¿Cómo describir de verdad un lugar? Anoté en el diario una idea más del libro de Italo Calvino. En el libro, el Gran Kan valora las descripciones de Marco Polo por encima de las de cualquier otro de sus enviados a lo largo del imperio. Y si el Gran Kan escucha con atención al veneciano es porque éste sabe dejar en lo narrado un espacio para la imaginación, un vacío no colmado de palabras, y en ese espacio, dice el Gran Kan, “se podía dar vueltas con el pensamiento, perderse, detenerse a tomar el fresco, o escapar corriendo.”

Caracas no es ciudad para flâneur

Caracas no es ciudad para un flâneur y cuando das vueltas por sus calles es habitual encontrar filas de personas que esperan para hacer la compra. Las filas son de varias cuadras más allá del punto de venta, sol o sombra según toque, pero hay que esperar en la incertidumbre de que al llegar no se hayan acabado las existencias. Comprar es como una lotería, depende del día que tienes asignado, por eso los caraqueños se prestan los días e intercambian productos en un trueque cívico, de forma que los que compraron el lunes y sólo encontraron compresas, las cambian con las personas que necesitaban compresas pero que como compraron el miércoles no encontraron.

En Caracas, los huevos es de lo que genera siempre más cola.  Recordé uno de los relatos de Proyectos De Pasado de Ana Blandiana:

“(…) para abastecerse, L. resolvió tener una gallina clueca en el balcón, no se imaginaba ni lo duro que iba a resultar poner en práctica su idea ni las consecuencias insospechadas y fantásticas adonde la conduciría la realización de este propósito.”

Ana Blandiana es una buena lectura para hacer estos días en Venezuela. Lo apunté en mi diario, porque tengo esa manía de apuntarlo todo cuando viajo, para que el viaje no se convierta en olvido al volver. También uso citas, muchas citas, como si la verdadera medida de los lugares sólo se encontrara en la literatura.

Caracas para respirar

El cielo de Caracas es teatro para guacamayas ruidosas y coloridas que parecen estrellas fugaces diurnas. En la calle hay santeros. Siempre hubo, pero cada vez se ven más. De lo que también siempre hubo en la metrópolis son mamadores de gallo caraqueños, especie de ciudadano capaz de convertir en chiste hasta la mayor gravedad.

El Ávila es uno de los lugares de Caracas que se aparecen para ser felices

El Ávila es uno de los lugares de Caracas que se aparecen para ser felices

El viajero hará bien en preguntar por los parques y jardines de la ciudad, porque en Caracas no son sólo espacios lúdicos. Son los lugares de Caracas más prácticos, más que el dinero porque si éste sirve para pagar, esto sirven para respirar. Los hay muy verdes como La Hacienda, ese recuadro de césped perfecto que veía todas las mañanas desde la ventana del hotel, o con mucha historia, como el Parque El Calvario, del que dicen que no subir a él es no haber ido a Caracas. Pero más el Ávila, que es un icono para la metrópolis. Cuando el viajero llega arriba del Cerro El Ávila en el teleférico, está a 2100 metros sobre el mar y Caracas queda pequeñita allá abajo, brillando por los rayos de sol que se reflejan en los techos de chapa de las casas. A los caraqueños les gusta subir hasta aquí a ver desde arriba la metrópoli, como para así intentar comprenderla mejor. Es típico pedir fresas con crema para comer, y el viajero hará bien en pedirlas si es que quiere llevarse un recuerdo feliz de Caracas.

Se aparece la ciudad feliz en cafeterías, o en alguna librería como “Un lugar común” donde me sentí en casa porque en cualquier ciudad donde hay librerías hay esperanza. Se aparece igual al pasear por Sabana Grande y pedir una golfeada con queso para comerla con disfrute infantil, o en un partido de béisbol con unas cervezas, o en el Hatillo en domingo en el encuentro con la gastronomía venezolana, o en Plaza Francia que  siempre es un descanso, o en la bohemia de la Patana Cultural que es lugar para soñadores nocturnos donde se toma cocuy escuchando a Silvio Rodríguez. También se aparece en el Teatro Principal, donde aún sigue cantando Carlos Gardel en el recuerdo como si nunca hubiese subido a aquel avión maldito que se estrelló en Medellín, o en la Plaza Lima Ron llena de un horror vacui chavista y donde todos juegan al dominó en mesas de a 4 jugadores, o en la Santa Capilla que aunque fue donde se hizo la primera misa de la metrópolis tiene un diablo en su puerta, o en la Casa de las Primeras Letras donde el maestro Simón Rodríguez dio clases a Simón Bolívar, pedagogía para la libertad que tanto hace falta hoy, o en la Casa de la Historia que esconde un rincón tranquilo y solitario donde leer la prensa del día.

Los lugares de Caracas aparecen y desaparece como aparecen y desaparecen las guacamayas de su cielo. “Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno”, eso dice Italo Calvino en las Ciudades invisibles y fue el consejo que seguimos al pie de la letra durante aquellos días en Caracas. Tal vez por eso sobrevivimos, o tal vez es que no hubo tiempo para más; pero lo que sí es seguro es que la literatura, otra vez, fue la mejor guía.

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Ayer tarde estuve en la librería Altaïr, que, como dice Jorge Carrión con las librerías de viaje, es un viaje ella misma. Esta vez no fui a comprar ningún libro, ni a hojear páginas buscando revelaciones. Se trataba de la vuelta al papel del Altaïr Magazine, o de la reconquista.

En estos tiempos volver al papel puede ser capricho de románticos, que parece ser, abundan. O eso, o fue la comida sarda prometida por el restaurante Terra Mia; pero lo cierto es que la sala estaba llena. Sale el primer número, habrá cuatro al año, dedicado a Cerdeña. El olor a queso (un excelente viaje con el  paladar) no dejó que me concentrara mucho en la presentación. Me pareció escuchar a Pere Ortín, director del magazine, decir que volvían porque “apostamos por una cultura que es fuente y fruto de la curiosidad”. Bravo por los que afrontan la incertidumbre de toda apuesta.

(Fuente Altaïr Magazine)

(Fuente Altaïr Magazine)

A Pep Bernardes, dueño de Altaïr, se le notaba emocionado, como siempre que habla sobre viajes. Y respondió a una de las preguntas que yo me estaba haciendo ¿Qué sentido tiene hoy en día el papel? Al menos, yo ya me habitué al formato digital… Incluso mi suegra me regaló la subscripción en mi pasado cumpleaños.

Para Pep Bernarde, al magazine, actualmente le faltaba una virtud, “ser tangible”.

Pues bien, ayer se celebró la reconquista de lo tangible al precio de 19 euros cada ejemplar. La nueva Altaïr Magazine está entre la revista y el libro, es bonita, está bien diseñada, es inspiradora, son temáticas y están escritas por gente local, o sea, de esos que, a la fuerza, son apasionados del lugar. No me cabe duda de que la revista viene a reforzar la filosofía de una cultura viajera que cada día encuentro más en falta.

Hubo mucha gente que se alegró de la vuelta al papel. Pera ya hubo un magazine en papel, y tuvo que cerrar. Esperemos que no se vuelva a dar la circunstancia. Ahora bien ¿A qué tanta alegría? Con el cierre de hace tres años, no desapareció Altaïr Magazine, su lugar estaba en la web, y oigan, allí, en lo intangible, publican a gente como Martín Caparrós, a Jorge Carrión, Leila Guerriero, y estaban los 360 º online, especiales dedicados, sí, a Cerdeña (fue el segundo en aparecer en el formato digital), y también a Montevideo, Medellín, Paraguay… No nos dejaron huérfanos a merced de listas de imprescindibles, postales turísticas, tópicos de catálogo y demás vicios de mucha prensa “especializada”.

¡Yo ya estaba alegre! ¿O será que soy poco romántico? Sea como sea ¡Bienvenidos, de nuevo!

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Durante el viaje aceptamos la incertidumbre en nuestras vidas. No hay rutina, no hay horarios, no hay nada escrito en las agendas. Puede llovernos, retrasarse el avión, es posible que no encontremos alojamiento, que la comida esté mala, o al contrario, espléndida, que no tengamos pasajes para el autobús de la tarde o que tengamos que madrugar para comprarlos. Y esa es la cuestión: afrontar que no hay ninguna seguridad, y que el viaje siga.

Pero hasta los equilibristas más temerarios tienen una red que les salva de la caída. Los viajeros también. La red que salva a los viajeros se llama seguro de viaje. No lo dudes, no vale la pena tomar riesgos innecesarios. Es muy importante viajar con un seguro de viaje con asistencia médica.

Como el equilibrista, el viajero tiene su propia red, el seguro de viaje

Como el equilibrista, el viajero tiene su propia red, el seguro de viaje

La importancia de un seguro de viaje

No es cuestión de llamar a la mala suerte, ni de supersticiones. Es sólo cuestión de estadísticas. Más vale prevenir, que tener que aguantar aquella maldita frase de “ya te lo dije yo”.

fuente InterMundial

fuente InterMundial

Un seguro de viaje sirve para cubrir cualquier incidencia a lo largo de nuestro viaje. Pero seguro que te preguntarás, qué me puede pasar estando de viaje, si estaré cumpliendo un sueño, si estaré disfrutando ¡Si seré feliz!

Una serie de datos de InterMundial nos sirven para mostrarnos sobre lo adecuado de tener un seguro de viaje.

  • Casi la mitad de las incidencias durante viajes en el 2015 fueron por gastos médicos. Por gastos médicos, y tal como ves en la infografía que acompaña al post, se entiende desde gastos odontológicos por una caries inoportuna, por ejemplo, hasta la repatriación por accidente o enfermedad grave.
  • La segunda incidencia (hasta un 26,65%) en importancia son los gastos de anulación de viaje. Imagina: tienes los pasajes de avión comprados desde hace tres meses porque aprovechaste una oferta espectacular y pensabas que por esas fechas tendrías vacaciones. Llegado el momento, resulta que surge un imprevisto y ¡maldición, no puedes viajar! Sin seguro de viaje, adiós viaje, y adiós dinero.
  • Y la tercera incidencia (19,20%) tiene que ver con tu equipaje. Desde su pérdida, a la demora de la entrega en el destino, hasta el robo de tu cámara fotográfica.

¿Pero cuánto me va a costar un seguro de viaje?

Igual piensas que el seguro de viaje con asistencia médica es demasiado caro, y que mejor me arriesgo, que total a mí nunca me pasa nada, y bueno, que si ocurre ya pagarás.

¿Sabes qué coste tiene un día de hospital? Según datos de InterMundial, a partir de un Estudio realizado por International Federation of Health Plans, un día de hospital en España cuesta unos cuatrocientos euros ¿Te parece caro? Pues eso no es nada, en Argentina te puede costar hasta seiscientos euros, y ya si te sucede algo en EEUU, allí el coste de día en hospital ascienda a casi cuatro mil euros.

Imagina que necesitan realizarte un escáner, por ejemplo. En España aún podrías pagar los ochenta y cuatro euros que cuesta. Ahora bien, en EEUU un escáner cuesta ochocientos euros.

Ahora comparemos el coste de un seguro de viaje con respecto a lo que te gastas en total en tu escapada. El que nosotros estamos usando últimamente es el Totaltravel de InterMundial,  nos cubre antes las incidencias que os comentábamos. Pues eso, ¡que te vas a llevar una sorpresa de lo que en realidad vale el seguro de viaje!

fuente InterMundial

fuente InterMundial

¿A dónde vas de vacaciones? ¿Lisboa? Lisboa con sus tranvías característicos es una gozada. Te vas a gastar menos de mil euros en ocho días de viaje… Pues tu seguro de viaje con asistencia médica para Lisboa representará menos del tres por ciento del coste total. Y en ningún caso un seguro de viaje va a representar más del cinco por ciento del coste total del viaje ¿A ese coste te vas a arriesgar?

Recuerda, somos viajeros, aceptamos la incertidumbre en nuestras vidas, y además, nos gusta que así sea, como el equilibrista amamos cruzar el cable en las alturas porque eso nos hace sentir libres. Pero recuerda también que si un equilibrista cuenta siempre con una red para salvarlo de la caída, los viajeros tenemos nuestro seguro de viaje para cubrirnos ante cualquier incidencia. Viaja y disfruta, pero hazlo con seguridad.

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