El tiempo entre paréntesis

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Diario de Lisboa (III)

Estoy en Lisboa, es de noche, y llueve en Barcelona. Así se resume el momento preciso.

Lleva lloviendo dos días seguidos, o al menos eso es lo que dice por WhatsApp mi madre: “hace frío y llueve”. Pienso que deben de estar los vidrios de las ventanas de casa salpicados. Pero, mientras las ventanas mojadas y el cielo oscuro y el frío y las facturas están en Barcelona, en Lisboa, hay otras vidas, y otras historias. El tiempo entre paréntesis: eso es viajar. Subes a un avión, se abre paréntesis, llegas a Lisboa, ves los tranvías, caminas, saludas a Saramago en la puerta de su fundación, “A semente e os frutos”, te tomas una, o varias, ginjinhas, comes, miras en los miradores, piensas y lees, escribes… Sólo hay que recordar cerrar el paréntesis antes de volver porque si no, no hay modo de volver a encajar.

“A semente e os frutos” en la Fundación José Saramago, en la Casa Dos Bicos.

Hemos cenado en el Santa Rita y mi abrigo huele a bacalao y soy un mendigo con sueños.

¡Viva el bacalao espiritual!

No es un lema metafísico. O tal vez sí, que es plato típico de Semana Santa: bechamel, leche entera, harina, mantequilla… Tanto, que ahora la noche se me ha alargado y llevo un rato pensando que Ricardo Reis le dijo, con la magia de Saramago, a Fernando Pessoa que, tal vez, había vuelto a Portugal para saber quién era; pero, con la lucidez de los muertos, el poeta le respondió que vaya tontería, que qué locura, que alumbramientos así sólo se veían en las novelas místicas. Así se me han ido pasando algunas líneas de la lectura en un vacío hasta que me he dado cuenta y he vuelto a comenzarlas.

Imagino la lluvia en casa y no quiero cerrar este paréntesis.

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