Mira, un deseo

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“Mira, padrí, ara demanaré un desig”, hay montones de dientes de león que parecen copos de nieve haciendo equilibrios sobre la hierba y Sam sopla sobre un tallo con la confianza de los que creen en los deseos. Estamos en Cambié, una aldea en el Parc naturel régional des Pyrénées Ariégeoises. Parece una isla rodeada de verde. Por las mañanas abres la ventana, entra el aire, te encuentras con el silencio de la naturaleza: pájaros, algún insecto, vibración primaveral de hojas y tallos, el breve rumor de las nubes en el cielo. En esta casa amanece por la ventana del baño y a las siete de la mañana hay ruido de juguetes.

Cuatro días sin abrir la computadora, sin escribir, sin mirar las redes sociales. Traje libros y se quedaron en la mochila. Encontré un libro de Laia en el salón, pero como no me dio tiempo de leerlo, me lo llevé para Barcelona prestado. Ayer tarde, con el regusto a melancolía que dejan las despedidas, comencé a leerlo. Va sobre la memoria. Tal vez por eso esta mañana, después de comprar el pan temprano, me dio por hacer memoria de estos cuatro días que fuimos a llevar a nuestros ahijados la mona de pascua: Sam tiene siete años; Zoé, catorce meses. Cris viajó con una bolsa llena de productos pasteleros y montones de ilusión.

Cerca de Cambié hay lugares como Foix, Carcasona, Rocamadour, Brousse-le-Château… Son piedras, castillos, torreones, bastidas, plazas, sabores artesanales, algunos de los pueblos más bonitos de Francia. Pero salvo un paseo rápido por Foix, poco puedo decir de los templarios. ¿Significa que no estuvimos en Midi-Pyrénées? Au contraire

 

Cuatro días en Midi Pyrénées haciendo de padrinos

Sam estaba impaciente por mirar en la poste del cruce. Esperaba la revista El Tatano. Cuando llegó, la leímos juntos; primero él con Cris, luego conmigo. Zoé jugaba a cantar las “titelles” y pedía con gestos elocuentes más cuentos. También fuimos a cazar huevos de pascua. Nos dio el sol tumbados en la hierba. Descubrimos una forma de vida. Paseamos para comprar croissants. Vendimos a un parisino hipster miel artesanal de Tom. Fuimos a ver las arnas decoradas. Hicimos barbacoa. Compramos quesos. Comimos comida tailandesa del mercado. Y no escribí una sola letra en cuatro días.

Acabo de ver en Internet que el diente de león se llama Taraxacum officinale, la achicoria amarga. Es curioso que lo considerado una “mala hierba” por los jardineros sirva para pedir deseos. Pero, además de por los deseos, esta especie de la familia de las asteráceas (Wikipedia dixit), tiene otras más propiedades medicinales: es depurativa, va bien para tratar problemas hepáticos y renales, es diurética, y estupenda para la piel.

Sam sopló sobre el receptáculo y las cipselas blancas salieron flotando. “Ara tu, padrí”, y soplé como los que siguen creyendo que los deseos se cumplen. “Ja sé què has demanat, padrí”. Pero ambos callamos, porque sabemos que los deseos que se cuentan no se cumplen.

Ahora, mira, aquí tienes nuestros deseos.

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  1. Doble frotamiento de ojos al abrir el correo: tras Julio Cortázar ¿Otra nueva entrada del blog menguante? Sí. Así parece. Es como esas alegrías que te llevas al encontrarte por azar a un amigo que hacía tiempo que no veías. Cronómetros en marcha otra vez, reanudamos nuestra andanza:
    Qué alegría encontrarte, viejo amigo. Yo todo bien. Veo que tú sigues soñando. ¿Menguando? Qué raro, te veo tan imponente como siempre. Serán mis gafas de (ad)mirar de cerca, que amplían de más…

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