El tiempo intenso

No me cansé nunca de mirar la bahía de Ushuaia. En especial, no me cansé de mirarla durante el  amanecer lento de un otoño que era casi invierno. No me cansé de mirar algo que sabía que dejaría de ver pronto. Cuando sabes que lo que estás viendo lo ves por un tiempo limitado, y cuando estás de viaje es siempre así, no dejas de mirar con cierta melancolía avanzada. Ser conscientes de ello hace más intensa la mirada. Muchas veces, en lo cotidiano, perdemos esa intensidad. Pensamos que lo que nos rodea es para siempre. Y nos equivocamos.

Haz una fotografía, me digo, por aquello del recuerdo. Pero la memoria no funciona así. A pesar de ello, la hago. Hago la fotografía. Es la fotografía de la bahía de Ushuaia. La tomé desde la cabaña en la que nos hospedábamos unos días porque Cris y yo decidimos que llegar al sur merecía un regalo más, que merecíamos regalarnos un hogar utópico. Un hogar sin las cargas de los hogares verdaderos, sin tener que planchar, pagar la renta o la hipoteca al banco, limpiar, hacer la cama y, en general, todas esas cosas que hacen del hogar un lugar inhóspito. Por unos días queríamos un hogar con café recién hecho todas las mañanas, con una ventana llena de paisaje, un rincón donde escribir, una cama que deshacer, música de fondo y el deseo de que el tiempo se parase por siempre.

En el fin del mundo

En el fin del mundo

Creo que esta foto de la bahía de Ushuaia es la única de la que conozco sus coordenadas exactas: 54°48′30″S 68°18′30″O. Son las coordenadas del fin del mundo. Ushuaia es la ciudad más austral del mundo. Es lo más cerca que hemos estado nunca de la Antártida. En la fotografía, al fondo, está el mítico canal de Beagle, recorrido por tantos aventureros a lo largo de la historia de los descubrimientos. El cielo estaba cubierto. Eran nubes pesadas y parecía que fueran a arrastrar sus panzas sobre el lago. El sol comenzaba a teñirlas. Ya no descubrimos nada; pero nos queda vivirlo. Hice la foto y comencé a escribir esto y lo guardé en la libreta que ahora estoy revisando porque ahora toca una vida posible.

Otra vez el tiempo… Desde hace unos días que vengo pensando en cómo pasa el tiempo. Desde que volvimos que miro las fotografías tomadas. En este viaje hemos acumulado muchas. Me preocupa que en la cantidad se pierdan. Lo mismo me sucede con todo lo escrito, pienso que es mucho y no sé cómo ordenarlo, cómo darle forma, qué se yo, o tal vez cómo borrarlo todo sin dejar rastro y volver a comenzar. Igual con el tiempo ¿Qué hacer con todo éste tiempo vivido? ¿Qué se hace con el tiempo vivido? Las fotografías, la escritura, los recuerdos, todo es lo mismo: tiempo.

Si de algo han servido casi dos años de viaje es para aprender que el tiempo pasa demasiado rápido, y yo no estoy preparado para tanta rapidez. Antes solo lo sospechaba; pero ahora lo he comprobado. Solo quedará el tiempo intenso, el vivido con intensidad, porque ese se convierte en recuerdo.

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