El mapa al revés

Uno

Dice Emilio Renzi (o Ricardo Piglia, o qué importa quién) que la experiencia es algo así como “una multiplicación microscópica de pequeños acontecimientos que se repiten y se expanden, sin conexión, dispersos, en fuga.”

Es viernes y son las once y media de la noche. Acabamos de salir de la Estació del Nord hacia Madrid. La climatización del autobús cae bien. Afuera hace ese calor húmedo de Barcelona que se engancha como un plástico en toda la piel. Antes de salir de casa anoté una frase de Joaquín Torres García, no fuera a ser que se nos olvidara la razón de ir a Madrid: “Nuestro norte es el sur”.

Van a ser siete horas de viaje. Siempre que hago un viaje nocturno en autobús tengo la misma inquietud ¿me dormiré o me pasaré la noche perdido de recuerdo en recuerdo? Cris no tiene ese problema. Siempre cuento lo mismo. En un viaje que hicimos de San Cristóbal de las Casas a Ciudad de México (eran más de doce horas, era en otra vida), me dijo que se echaba un rato la siesta, que se despertaba para cenar (en esa vida llevábamos siempre una bolsa con víveres porque nunca se sabía). La desperté entrando en la ciudad. Estaba enfadado, cené solo, en la oscuridad, iluminado brevemente por los haces de los focos de los coches. Si no la hubiera despertado, habría seguido durmiendo. A parte de cenar solo, me pasé el viaje entre recuerdos. No sé muy bien cómo va, pero comienzas a pensar en algo, y ese algo te lleva a otro algo, y de ahí a un recuerdo fugaz, un detalle, ese detalle refresca otro recuerdo, la memoria es vertical, y vas dando saltitos, de un tiempo a otro, de un recuerdo real a otro fingido, o a un deseo, o a un sueño. Cuando me quise dar cuenta, estábamos en Ciudad de México, y lo único que se me había dormido era el culo y las piernas, que me hormigueaban. Doce horas de autobús dan para un resumen de tu vida. Eres rehén de tus recuerdos.

Por suerte, esta vez me quedo dormido de Zaragoza a la T4 de Barajas. Cuatro horas.

Dos

Joaquín Torres García tuvo la genial idea de poner el mapa de Sudamérica al revés, de forma que el norte se convertía en sur, y el sur, en el norte. Una forma gráfica de darle una patada al orden establecido y a todo eso que lleva años rompiendo en cachitos a Latinoamérica.

“No debe haber norte, para nosotros, sino por oposición a nuestro sur. Por eso ahora ponemos el mapa al revés, y entonces ya tenemos justa idea de nuestra posición, y no como quieren en el resto del mundo.”

Tres

Vemos amanecer desde el balcón de la casa de Alicia. Hacemos café. Siempre que llego a un lugar nuevo, me gusta verlo por la ventana. Es un pequeño fragmento del lugar, pero está todo en él. Ocurre igual con algunos cuadros de Joaquín Torres García, que en un entramado se ve toda la ciudad.

Joaquín Torres García fue el autor de "América Invertida"

Joaquín Torres García fue el autor de “América Invertida”

La Arcadia está en el Peloponeso, en Grecia, y en toda la historia del arte como un lugar imaginado, o como la aspiración de un lugar utópico. La obra de Joaquín Torres García se expone en el Espacio Fundación Telefónica hasta el once de septiembre. La retrospectiva, que viene del MOMA, se titula Joaquín Torres García, un moderno en la Arcadia. Fuimos allí directos desde la casa de Alicia.

Cuatro

El sur estaba en Madrid. Estar delante de “América invertida”, tan pequeño, tan esquemático, y sin embargo con Latinoamérica ahí, es cerrar un viaje que, antes, nos llevó durante más de veinte meses desde Ciudad de México hasta Ushuaia. Durante todo ese tiempo, el viaje fue seguir el llamamiento que Roberto Bolaño lanzó en el siglo pasado: “déjenlo todo, nuevamente láncense a los caminos”, el mapa nos recordó lo que debíamos hacer (buscar nuestro propio norte) y hacia dónde debíamos ir para encontrarlo (hasta Ushuaia, hacia el sur).

Veo el dibujo, y resulta que ahí estamos nosotros también. Todos los días del viaje, todos los lugares, la gente, los sueños que soñamos, lo que imaginamos, el sudor, la sangre, el dolor, la esperanza, la vida. Me emociono. Lo hago ahora también. Toda la memoria en un símbolo.

Alícia Bea inmortalizó el momento con esta gran foto.

Alícia Bea inmortalizó el momento con esta gran foto.

Alicía nos toma algunas fotos. Al acabar, la voz de alguien de seguridad nos advierte que no se puede hacer fotos en la sala. Siempre cumplo con las normas, por muy arbitrarias que sean. Pero esta vez no, “América invertida” es tan mío como de la fundación. Además hay un vidrio que llena las fotos de reflejos. Además no son fotos directas del cuadro. Además son fotos de Cris y de mí viendo los recuerdos de nuestro viaje simbolizados en un dibujo de Joaquín Torres García. Fin. Nos vamos con nuestra foto.

Cinco

El resto del fin de semana es un sin parar. Encuentros, reencuentros, Malasaña, libros, en Tipos Infames, en Arrebatos libros, en Cervantes y Compañía; es un bocata de calamares, y bravas, y unos huevos revueltos, y la oreja que no encontramos, es una casualidad, son charlas, es perderse en el caminar, es arriba los viajes, es el calor, es sentirme bien. Me siento bien. Nos gusta pasar el tiempo con todos:

Sara, JAAC, Víctor, Alicia B., David, Irene, Ignacio, Alicia O., Ángel, Rubén, Iván, Dani, Lucía, Emilio, Ricardo, y por supuesto, con Joaquín.

En Montevideo no estaba “América Invertida”. Resulta que el sur estaba en Madrid. Resulta que hemos cerrado un ciclo. Tras veinte meses, el viaje concluyó en Madrid. Fue el mejor de los cierres ¿Ahora? Ahora toca volver a empezar. Mientras, cada vez que viaje en un autobús de noche seguiré teniendo la misma inquietud de siempre. Los recuerdos son una experiencia. Toca seguir escribiendo como si no existiera un mañana.

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11 COMENTARIOS

  1. Belleza de texto (para variar) y de emociones (también, para variar), Alex. Un placer haber formado parte de un tramo de vuestro viaje de 20 meses, sea el final o el principio o el medio. Me siento tan importante como aquella persona mejicana o venezolana o argentina que se cruzaron en vuestro camino y compartieron con vosotros la magia de unos ojos que están donde su ser les dice que tienen que estar.

    Para futuros nortes, o sures o estes u oestes seguiré estando y leyendo.

    Con todas las ganas conque un niño de Nueva York jugó una vez en el pasado con uno de los juguetes de madera de Joaquín Torres.

  2. ¡Qué bonito texto! Tengo que decir que yo soy de las que se duermen, pero si alguna me pasa como a ti, que voy de recuerdo en recuerdo, también lo disfruto muchísimo (aunque normalmente acabo dormida igual).

    Una forma muy bonita de ponerle punto y a parte a este viaje y de empezar una nueva etapa.

    Un abrazote!

  3. ¿Y qué decir para no repetirme? Me encanta esa elegancia y ese cariño con el que escribes cada texto. Dicen que cuando se cierra un ciclo se abre otro. Y eso es lo que toca ahora.
    Sin pena y sin vergüenza, estoy segura de que el próximo viaje estará más cargado de experiencias que este, porque vosotros mismos lo encontraréis.
    Un saludo!

  4. Lloré, que belleza de texto, que manera de escribir con el corazón y la cabeza juntos. Siento que más pronto que tarde volverán a empacar para buscar un norte, presiento que no será por estas tierras, lo que me entristece un poco porque se aleja la posibilidad de verlos pronto

  5. Felicidades José!! Espero disfrutar un día de eso encuentros, con una caña y un bocata de calamares, de esos sueños, porque buscando el note encontré el sur. Y todo acabó en Madrid!
    Un fuerte abrazo!!

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