Los pasajes de Kapuscinski

De pequeño jugaba a viajar en el tiempo. Siempre iba al futuro. Entonces, no me interesaba mucho el pasado. Mantenía bien cerrados los ojos y alcanzaba un horizonte en el que todo era posible. Me preguntaba cómo sería cuando… Y en segundos me veía allí, transformado en otro. Era como si tuviera todo el tiempo del mundo en mis bolsillos.

El próximo sábado cumpliré 14.600 días de vida y me sigue inquietando el futuro, pero ya no tengo tanta prisa para llegar a él. En cambio, cada vez viajo más al pasado. Para viajar al pasado no hace falta imaginación, basta el recuerdo. Aunque el recuerdo es como esa gota de lluvia en el cristal de la ventana.

Cuando viajo al pasado noto el vértigo del tiempo ¿O no sucede en la altura que sientes el vacío a tus pies? ¿En serio ya pasó tanto si parece que fue ayer? ¿A dónde fue todo ese tiempo? Ya sabemos desde Virgilio que el tiempo vuela; pero, aunque advertidos, seguimos dejándolo ir. Seguimos posponiendo tanto abrazos como miradas, deseos, sueños y hasta la compra de la semana. No tenemos remedio.

La catrina de Diego Rivera en "Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central"

La catrina de Diego Rivera en “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”

Ojalá tuviéramos todo el tiempo del mundo, pero no es así. No lo tenemos. Ni siquiera sabemos cuánto es el que nos corresponde. Durante el viaje por Latinoamérica pensé mucho en todo este asunto. En la memoria, en el tiempo, en lo frágiles que somos. Con el viaje sentí que aprovechaba el momento dado. Cuando eso sucede, cuando tienes la oportunidad de estar haciendo lo que realmente quieres, los días se sienten cálidos y son rugosos como la corteza de un árbol o la superficie de una roca. Así quiero los días.

A Charles Bukowski siempre le preocupó desperdiciar la vida. “Tenía dos opciones, quedarme en la oficina de correos y volverme loco… o salir y jugar a ser escritor y morirme de hambre. Decidí morir de hambre”.  No desperdiciar por completo la vida se convirtió en su objetivo, como también lo era beberse todas las botellas de vino que pudiera mientras tanto. Ya sé que el viejo Hank parece un mal ejemplo a seguir; pero si lees sus cartas verás que no. En serio, Bukowski es el mejor coach que hay en el mundo. Otro que se preocupó en aprovechar al máximo la vida fue Ryszard Kapuściński , a quien le sorprendió la muerte con pasaje para viajar. La anécdota la recoge Roberto Herrscher en su libro Periodismo narrativo. Cuenta que Agata Orseszek, le explicó cómo Kapuściński  había muerto “enojadísimo” porque “no quería morirse. Estaba preparando su siguiente viaje y ya tenía la ruta, hasta había comprado los pasajes”.

Tanto el uno como el otro,  a su personal manera, nos enseñan algo. A que, en realidad, no podemos hacer gran cosa ni con el pasado ni con el futuro, pero sí podemos aprovechar el momento. El ahora mejor que el mañana. Yo he decidido no quedarme en la oficina de correos y tener siempre planeado un nuevo viaje por hacer. El próximo sábado cumpliré 14.600 días de vida y ahora ya no siento que tengo los bolsillos llenos de tiempo como cuando de niño jugaba a viajar al futuro. Ahora en los bolsillos guardo los pasajes de Kapuscinski, y la idea de un libro que no sé escribir.

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6 COMENTARIOS

  1. Zorionak! Felicidades por sentir los días “cálidos y rugosos”, por abandonar la “oficina de correos” y lanzarte a escribir este nuevo libro con el que viajamos muchos.

    Y por cierto, bonita foto de la capital del mundo 😀

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