Nuestros alojamientos en Latinoamérica

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Siempre le pregunto a Cris lo mismo, “¿En cuántos lugares diferentes habremos dormido en éste viaje?”, pero ni ella ni yo sabemos nunca la cantidad exacta. En algún momento tocará contabilizarlos de alguna forma. Sólo por el capricho, como el que colecciona sellos, revistas, piedras, postales, o qué sé yo, galletitas de café. Por el momento lo que hemos hecho es una lista de nuestros doce alojamientos especiales en Latinoamérica. Los escogimos porque en ellos sucedió, conocimos, compartimos, o vivimos algo especial, y su orden es aleatorio… Como fueron saliendo ¡Aquí van!

Alojamientos para un sueño

Alojamientos para un sueño

12 alojamientos espectaculares en Latinoamérica

Atitlán Villas

(Lago Atitlán, Guatemala)

Cuando supimos que nuestras madres, junto a un grupo extenso de amigos de las madres y una prima y el hermano de Cris, vendrían a vernos en Guatemala, buscamos un lugar bello donde alojarnos todos. Buscábamos algo donde estuviéramos cómodos y que no se nos convirtiera en el camarote de los Hermanos Marx. Éste apartamento junto al lago más bello de Latinoamérica fue el escogido. En él vivimos unos días como si aún estuviéramos en familia, compartiendo desayunos, cenas y descansos.

1877 Hostel

(La Ceiba, Honduras)

Mario y Julio habían montado un hostel porque querían que fuera el mejor de Honduras. También abrieron una cuenta en Instagram. Al poco comenzaron a seguir nuestra cuenta del arcoíris viajero, y así nos conocimos. Nos gustó su imagen, su diseño, y la pasión que le estaban poniendo. Cuando en la etapa de Centroamérica viajamos a La Ceiba, no lo dudaron, “están invitados, ¿cuándo vienen?”, fue la invitación que recibimos. Llegamos a su hostel, Mario y Julio se convirtieron en nuestros amigos, y bueno, ¿Qué si son el mejor hostel de Honduras? ¡Vayan y comprueben! Para nosotros, sí.

Cabaña frente al mar

(Cayos Cochinos, Honduras)

Creo que aún soy capaz de escuchar el mar, de sentir la arena blanca bajo mis pies, y las risas de los niños garífuna que se acercaban a la puerta para jugar con nosotros.  En la cabaña sólo había una cama, nada más, pero quién necesita otra cosa cuando está en lo más parecido al paraíso que debe haber en América Central. La cabaña estaba en el cayo Chachahuate, lo recorríamos en cinco minutos, tan pequeño como si fuera el planeta de El Principito.

Abres la puerta y ahí está, el paraíso que siempre imaginaste

Abres la puerta y ahí está, el paraíso que siempre imaginaste

The Monkey Hut

(Laguna de Apoyo, Nicaragua)

Uno de los mejores y más bellos amaneceres que pudimos disfrutar en América Central. Junto a un lago que había sido un cráter. Era despertar, mirar al cielo, hacernos un café, desayunar, bañarnos, tumbarnos al sol, leer, y repetir. Cada amanecer allí fue sentir que cada día comenzaba una nueva vida para nosotros. Y efectivamente, así era. Entonces, fue el mejor lugar del mundo para nosotros.

Rancho Esperanza

(Jiquilillo, Nicaragua)

Queríamos un lugar remoto para despedir y comenzar el año. Lo que venía era un año completo viajando sin parar y nos apetecía comenzarlo en un lugar que no se pareciera a ningún otro en el que hubiéramos estado antes. Fue en Nicaragua, uno de los países de América Central que más nos marcó. Jiquilillo es una playa en la que no hay nada. Sólo una gran extensión de arena, casi salvaje, con palmeras y cocos de los que beber agua, y sin construcciones que molesten. Nos alojamos en este rancho ecológico que tenía como máximo lujo una gran biblioteca, hamacas y el cielo estrellado.

Éste fue el último sol del 2015

Éste fue el último sol del 2015

En el desierto

(Desierto de la Tatacoa, Colombia)

Imagina una habitación con todas las estrellas del cielo visibles. Eso sucedió en el Desierto de la Tatacoa, en Colombia. En realidad no es un desierto, se trata de un bosque seco tropical. Impresiona saber que lo que hace miles de años era verde, hoy es ocre y se ha convertido en la segunda zona más árida del país. Pensar en cómo el tiempo va alterándolo todo bajo un manto de estrellas perfecto no tiene precio.

Acampar en las alturas

(Camping en la cima del Roraima, Venezuela)

¿Habéis visto la película Up? Esa del señor viejito que parte de viaje con su casa voladora suspendida por globos. Aterriza en un lugar fantástico que parece irreal. Pues bien, ese lugar es la cima del tepuy Roraima. Nos encanta la película. Así que al llegar a la Gran Sabana, en Venezuela, no dudamos en caminar seis días en total para llegar a la misma cima que antes habíamos visto en dibujos.

roraima-venezuela

En el mundo perdido del Roraima

Hotel Selva Negra

(La Colonia Tovar, Venezuela)

Sales de Caracas, vas escuchando los últimos hits de reggaetón y, de pronto, apareces en un lugar que parece sacado de Alemania. Se trata de la Colonia Tovar, un rincón de Venezuela que fue habitado por pioneros alemanes hace años. Aquí fuimos invitados por la gente del Hotel Selva Negra, que nos trataron como sólo los venezolanos saben, bien chévere. Igual coincidimos allí con Erika y Raymar del programa de televisión viajero Los Cuentos de mi tierra. Fue un fin de semana inolvidable.

Un "trocito" de Alemania en Venezuela.

Un «trocito» de Alemania en Venezuela.

Cabañas Luna del Sur

(Cucao, Chiloé, Chile)

De nuevo un lugar remoto. La luz en Chiloé era un lujo. Encontramos una cabaña para compartir; pero en el tiempo que estuvimos, fue toda para nosotros. Me encantaba levantarme, hacer un té, y ponerme a escribir mientras amanecía y veía salir el sol por la ventana. La soledad es el premio de viajar y llegar a los lugares fuera de temporada.

En un carguero

(Una hamaca en algún punto indeterminado del Amazonas)

Seguramente este es el lugar más incómodo de todos los que hemos tenido durante el viaje; pero también uno de los que nunca olvidaremos. Pasamos un total de diez días desde Perú a Brasil en tres cargueros diferentes. Pero a cambio vivimos el viaje por un río que más que río es leyenda, el Amazonas.

Vecinos de hamacas

Vecinos de hamacas

Posada el descanso

(Capurganá, Colombia)

Nunca un nombre fue tan acertado. De nuevo una habitación sencilla; pero desde ella se escuchaba el mar, y por la noche ese era el único ruido que nos acompañaba. Afuera había hamacas. Desde aquí escribí una carta, en la que decía que habíamos pasado cinco días sin conexión a Internet. Eso formaba parte del descanso: desconectar y conectarnos con el viaje.

Cabañas Utaka

(Ushuaia, Argentina)

La idea de éste viaje era llegar a Ushuaia, Tierra de Fuego, el Fin del Mundo, la ciudad más austral del mundo. Ese era nuestro sueño, y tardamos algo más de 19 meses en alcanzarlo desde la Ciudad de México. Por eso al llegar, teníamos un objetivo: dejar los dormitorios compartidos en hostels, a los que estamos tan acostumbrados, y buscar una cabaña linda con una ventana desde la que mirar el horizonte de un sueño.

Como veis hemos tenido alojamientos de todo tipo. Algunos aparecieron de sorpresa; otros ya los conocíamos por referencias de viajeros que habíamos encontrado. Muchas veces llegamos sin reserva, pero en algún momento optamos por las reservas online con descuentos para asegurarnos que no nos íbamos a quedar en la calle, ya que llegábamos al lugar tarde. Pero sobre eso, sobre las técnicas para encontrar alojamiento en tus viajes, ya hablaremos otro día.

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1 COMENTARIO

  1. Gracias por tus recomendaciones, se ve como toda una travesía lo de Perú a Brasil, realmente no estoy seguro de sí eso es tan conveniente y seguro.

    ¿Tienes algunas recomendaciones sobre hospedajes en Lima Perú?

    Saludos

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