Visitar Valparaíso

De Valparaíso podría hablar de muchas formas. Lo más habitual es que lo hiciera a través de Pablo Neruda, para el que la ciudad era una especie de estrella que le atraía con su pulso magnético. El poeta errante tuvo casa aquí como un juego, igual que las tuvo como un juego en Isla Negra y Santiago.

Pero no, visitar Valparaíso es hablar de sus colores ¡Qué le vamos hacer! El viaje es antojo, y la escritura más…

Visitar Valparaíso

Si visitar Santiago de Chile se hace con intensidad, visitar Valparaíso, Patrimonio de la Humanidad, se hace recorriendo los mundos pequeños que la forman y llenan de colores.

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Visitar Valparaíso es hablar de sus colores

Valparaíso es un lugar donde subes y bajas todo el tiempo, donde las gaviotas te traen el mar y los perros te buscan con la mirada, donde los marineros parecen niños en la primera comunión, donde los tranvías te llevan a otra época como si no tuvieras suficiente con ésta, donde las escaleras son lugares de encuentro y los cerros miradores, donde hay ascensores surrealistas como una bandeja sobre ruedas. Conocer Vaparaíso es llegar a una de las ciudades más coloridas del mundo, un lugar donde siempre hay graffitis nuevos que descubrir, donde los vendedores de la calle miran el mundo a través de la pequeña ventana de sus quioscos, donde amanece tarde, donde de noche hay tantas vidas como merecemos, donde las calles tienen derecho y revés, donde la vida nace en el puerto y se pierde arriba, muy arriba, tanto que ni sale en las postales que se venden en las tiendas de recuerdos.

Los colores para visitar Valparaíso

Al visitar Valparaíso te das cuenta que , como si fuera un caleidoscopio, está formada de mundos pequeños y coloridos.

El amarillo de las bocas de incendio como si fueran un pequeño faro que hay en cada esquina para guiarnos. Valparaíso tiene bocas de incendio de color amarillo como en todo Chile, pero aquí aún recuerdan la última vez que se utilizaron. No hace tanto, fue con el gran incendio que bajó como una catástrofe desde los cerros el 12 de abril de 2014.

Las bocas de incendio de Valaparaiso como si fueran un pequeño faro

Las bocas de incendio de Valaparaiso como si fueran un pequeño faro

El dorado del latón en los tornos para entrar a los ascensores, “acá todo es original, menos el piso y yo”, y ríe la señora de los boletos que mata el tiempo de espera viendo en su garita una de esas telenovelas que unen a toda Latinoamérica. Y nos explica un secreto, “con el tiempo todos esos numeritos de ahí se ponen a cero y vuelven a comenzar a contar pasajeros.” La maquinaria de los ascensores de Valparaíso es la misma de cuando se instalaron, del siglo XIX la mayoría. Visitar Valparaíso es viajar también en el tiempo.

Con esos ascensores, Valparaíso parece una de las ciudades invisibles de Italo Calvino. No son en realidad ascensores, pero todos hacemos como que sí; en realidad sólo hay un ascensor como tal, vertical, el Ascensor Polanco.

El blanco de las gaviotas que con sus graznidos traen el mar a la cama cuando amanece.

No hay ciudad marinera sin gaviotas. En realidad son más importantes ellas que el propio mar. En la cama las escuchaba cada día, llegaban con el amanecer, y entonces sabía que era hora de levantarse.

El azul del cielo de Valparaíso cuando viene

El azul del cielo de Valparaíso cuando viene

Ese aire marinero que se siente al visitar Valparaíso es el que le gustaba disfrutar a Pablo Neruda desde la ventana de su casa, La Sebastiana. El mar siempre inspira más desde una ventana que desde el sufrimiento de la pesca.

El verde de la tinta que usaba Pablo Neruda.

Parece mentira, y hasta mal visto, que un errante acabe teniendo tantas casas; pero no es tan extraño que un poeta escriba poemas, y las casas de Pablo Neruda tienen más de poemas que de casas. Están hechas de juego y de versos.

Se sube al Cerro Florida a una casa que parece flotar en el aire para ver la bahía de Valparaíso. Es La Sebastiana. Si Pablo Neruda escribió con tinta verde “Valparaíso abre sus puertas a infinito mar, a los gritos de las calles, a los ojos de los niños” es porque miraba por la ventana del comedor de ésta casa cuando le llegó la inspiración. El poeta siempre sintió algo especial por Valparaíso, sus locos favoritos estaban aquí; los cerros derramados, las calles estrechas, los balcones eran dominios que encerraban un maravilloso secreto. El secreto de la creatividad, que aún se encuentra más o menos como entonces, lo encontramos una noche en un concierto íntimo de guitarra en …

“Si caminamos todas las escaleras de Valparaíso, habremos dado la vuelta al mundo”, dijo Pablo Neruda. Y ese es un reto al que ningún viajero puede decir que no.

Los tranvías de Valparaíso transportan en el tiempo

Los tranvías de Valparaíso transportan en el tiempo

El marrón de la madera de los tranvías transporta en el espacio y en el tiempo, y muchas veces huele a pan amasado, porque en Chile todo el mundo come pan, pero dentro de un tranvía aún huele mejor. El sistema de tranvías sólo funciona en lo plano de la ciudad, que no supera en ningún caso el 10% de toda la extensión de Valparaíso.

El rosado del congrio en un plato que es un poema, la oda al caldillo de congrio de Pablo Neruda debería ser de obligada lectura con el mantel y los cubiertos preparados. Los Porteños, en la zona del puerto, en la Calle Valdivia, fue el lugar recomendado. Comedor familiar, la cesta con el pan y la mantequilla, el vino blanco y esa oda cuchara a cuchara. Y después, la siesta, como las de Pablo Neruda.

Todos los colores de Valparaíso

Todos los colores de Valparaíso

El azul del cielo cuando quiere salir que no es siempre.

Valparaíso, la mayor parte del año, tiene que su cielo tarda en azularse. Al principio es blanco, y a veces así se queda todo el día, como una extraña neblina que viene del mar, y las gaviotas se confunden en él. Es curioso que a pocos kilómetros, en el Valle de Casablanca, el cielo sí es siempre azul.

¿Es blanco el cielo de Valparaíso por efecto de alguna extraña melancolía?

Por eso cuando se azula el cielo, todos los colores se ven más vivos que nunca y uno, igual que  el poeta, se siente atraído por el pulso magnético de la estrella que es Valparaíso y de los mundos pequeños que llenan Valparaíso de color.

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2 COMENTARIOS

  1. Vuelves a sacar la paleta y los pinceles para colorear nuestra imaginación, una preciosa ciudad con olor a mar, donde el tiempo pasa despacio. Me apetece mirarla desde uno de sus balcones, comer uno de sus típicos platos, dormir una siesta y soñar con el poeta.
    Gracias chicos, hoy el día empieza lleno de color.

    • Nos alegra contribuir a darle color a tu mañana!! Siempre es un placer tenerte por aquí, Pedro. Valparaíso es una ciudad muy especial, transmite una vibración de bohemia y arte que se contagia. Muchos ven su lado negativo, que si está sucia, que si hay muchos perros, que si huele mal, y claro, puede ser, como muchas ciudades portuarias; pero nosotros preferimos la otra Valpo, la que enamoró al poeta. Un abrazo!!

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