Cumplimos 555 días de viaje

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El día que nos fuimos a recorrer Latinoamérica, nos despedimos, abrimos la puerta y salimos de una casa a la que sabíamos que nunca volveríamos. Desde entonces los días fueron sucediendo moldeándonos hasta sumar hoy 555 días de viaje.

La cifra puede parecer una tontería, pero para nosotros no lo es.

¿Qué cabe en 555 días de viaje?

Cuenta Alain De Botton en “El Arte de Viajar” que Flaubert, siguiendo la tendencia de los viajeros de la época, contemplaba el Oriente como una liberación de las falsas comodidades de lo cotidiano, cotidianidad “estéril, banal y penosa” que aborrecía hasta el punto de fantasear con la idea de asesinar al alcalde de Rouen. Para él, en cambio, el Oriente era sinónimo de felicidad. Antes de llegar a cumplir su fantasía homicida, Flaubert viajó al Oriente. “Me pegué un atracón de colores, como un asno que se atiborra de avena”, diría tiempo después de volver de Egipto. Por fortuna para las Literatura Universal, Flaubert no mató al alcalde de Rouen.

En la distancia somos como sombras en tránsito

En la distancia somos como sombras en tránsito

Antes de comenzar el viaje, nuestro Oriente, como si alcanzarlo fuera alcanzar la felicidad, era La Patagonia. Pero en los días de viaje descubrimos que, también nosotros, como el asno, como el propio Flaubert, estábamos atiborrándonos ya de avena sin haber llegado aún al destino marcado en el mapa. De México a La Patagonia hay todo un atracón de colores que dura 555 días de viaje. Habíamos descubierto que el viaje es un ir yendo. Nuestro Oriente sería entonces toda la geografía del camino.

La geografía del camino

La geografía del camino no está hecha sólo de los lugares por donde pasas; también es cómo ves y cómo te sientes al pasar por esos lugares. Es más, pasar por lo lugares depende cómo no sirve de nada. La geografía del camino no se mide en el número de sellos de tu pasaporte, ni en los kilómetros, ni siquiera en los pasos dados, sino en todo lo que sientes como viajero en los días de viaje.

Hay días de toda clase. Días en los que te sientes fuera del mundo, días en los que te sientes hundido, días en los que te sientes lejos de todos, o cerca de pocos, días con frío y días que pasas con el calor de un abrazo inesperado, días en los que te sientes un tonto, días en que te sientes un héroe, días en los que te sientes un traidor, o días en que te levantas siendo un conquistador, pasas por la derrota y acabas con el consuelo del afortunado, o días en que sientes mucho, o días en que no sientes nada, días que recuerdas días de viaje y días para olvidar días pasados, días que piensas en alguien, en que querrías tenerlo cerca, y días en los que la soledad de un lugar es toda la compañía que necesitas. Hay días de acá y días de allí. También hay días en que te equivocas con el acento, que no aciertas con una palabra, y que ya no sabes si decir nevera, frigo, refri, heladera, colectivo, ómnibus, camión, autobús movilidad, carrito, o adiós muy buenas.

Días de viaje que nos llevaron al final de la Carretera Austral

Días de viaje que nos llevaron al final de la Carretera Austral

Hay días en que la luz de la mañana es tan bella que te sientes un recién nacido, días en que una terminal de buses es tu lugar de descanso, días en que no tienes tiempo de almorzar pero desearías tomarte un café frente al paisaje de la ventana, días en que te preguntas que cómo has vivido todo este tiempo sin darte cuenta de lo amarillo que son los álamos en otoño, días en que no quieres volver, o sólo es que te da miedo hacerlo. Hay días en que te preguntas a dónde irán todos estos días. También hay días en que no sabes dónde estás, que el día 38 del viaje te parece que fue ayer, o no recuerdas qué hiciste el días 136, dónde dormiste, y te das cuenta que el viaje es, en realidad, una suma de episodios sin orden y no un movimiento lineal y constante.

El conjunto de todos esos días es la geografía del camino que transitamos, el atracón de colores y avena, el Oriente de Flaubert. Si la vida se halla gobernada por la búsqueda de la felicidad, nosotros la buscamos a través de los días de viaje, porque ya probamos a buscarla de otra forma y no funcionó. Y no funcionará.

Hoy al cumplir 555 días de viaje por Latinoamérica nos sentimos tan felices como extraños. Tal vez haya pocas actividades que expresen las paradojas de la búsqueda de la felicidad tan bien como lo hace el viaje. En eso estamos. Estamos en nuestro propio Oriente camino hacia el Sur. Esa es la geografía del camino. Nuestro camino.

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6 COMENTARIOS

  1. Me encanta cómo escribes. Aquí otra viajera que se ha sentido tonta y torpe cuando el viaje se paró de golpe en Guatemala (y había empezado en México). Luego me llevó a Francia, donde estoy ahora descubriendo la Bretasña con la espina clavada de no haber seguido haciendo el sur, como vosotros, recorriendo Latinoamérica. Tal vez no era mi momento. Mientras lo espero, me consuelo leyendo vuestros relatos.

    • ¡Muchas gracias! Todo viajero tiene siempre algo de tonto y torpe, y quien no lo acepte se estará engañando; pero ese es su problema ¿Verdad? El Sur va a estar siempre ahí, para cuando tu quieras. Como dices, tal vez no era tu momento. Lo que si está claro es que es tu momento Bretaña ¡Así que a disfrutarlo! Un abrazo 🙂

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