El Macondo Africano

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El  Macondo Africano de Javier Brandoli nos hace sentir África.

Cuando el pequeño pueblo colombiano de Aracataca decidió seguir siendo Aracataca y no Macondo, Gabriel García Márquez lo celebró como un acierto. Para el autor, Macondo no era un lugar, sino un estado de ánimo que permitía (que permite) ver lo que se quiere ver. Y algo debe saber sobre ver y contar Javier Brandoli, el autor de uno de los libros de viajes con el título más sugerente que recuerdo haber leído en tiempo: “El Macondo Africano”.

Si Javier Brandoli tuviera más de Augusto Monterroso que de Javier Reverte, quien, por cierto, entrega prólogo al libro, habría escrito algo así como que “Cuando despertó Macondo aún seguía en África” y se habría quedado tan pancho, pero nos habría tocado imaginar el resto. Por fortuna para nosotros, Javier Brandoli tiene más de Reverte que de Monterroso, y lo que nos entrega es un apasionado retrato del día a día de África, de su África, del África que sintió, que le pesó como un estado de ánimo. Primero hubo la mirada, después nos lo ha explicado. “El Macondo Africano” es puro estado de ánimo, y una gozada de literatura viajera.

“A África, en plural y en mayúsculas. Culpable de haber vivido los cinco años más intensos y mejores de mi vida. Con sus muchas virtudes y con sus muchos defectos.”

Más que una dedicatoria, toda una declaración de principios de lo que nos vamos a encontrar, porque aquí no hay espacio para el romanticismo fácil, ni para los estereotipos. Javier Brandoli no fue un tipo que viajó a Africa, fue un tipo que vivió África y ahora nos lo cuenta.

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El Macondo Africano de Javier Brandoli

Javier Brandoli narra los años que pasó como corresponsal cubriendo el Sur de África y, también, a la vez, como si las aventuras no pudieran venir solas, en Mozambique, como director improvisado de un lodge turístico ubicado “dos cuadras antes del fin del mundo”. El día a día durante cinco años de un Javier Brandoli, que llega a África, Mozambique, “algo liado buscando huellas y cenizas de mí mismo” y sale derrotado, pero “con la sensación de que fue un privilegio vivir en Macondo.”

¿Qué es África y porqué deberías leer este libro?

¿Y qué es África? Nos preguntamos todos. También se lo pregunta Javier Reverte en el prólogo y dice que no lo sabe, que no lo sabe él ni Javier Brandoli. A falta de verdades, el autor nos muestra más que explicar, nos deja sentir.

“Mi llegada a Mozambique fue casual, como supongo que son casuales todas las cosas del vivir, hasta las que uno se empeña en planificar.”

África es paisaje

Javier Bradoli en “EL Macondo Africano”  tiene el tiento de enseñarnos los paisajes, de no perderse en descripciones sumarias y severas y no convertir en actas notariales lo que debe ser fascinación sólo por la belleza contemplada y no por los adjetivos usados.

“Y la luz rebotaba contra una alfombra de arena que no era otra cosa que canela molida y viento quieto. En aquella bellísima playa de Vilanculos, en Mozambique parecía que el mundo se aferrara a una repentina dolencia de falta de movimiento.”

África es la experiencia

En Vilanculos, Mozambique, una pareja de portugueses, Victor Hugo y Ana Paula, le acogen como director improvisado del lodge Vilas do Indico en “uno de esos momentos en los que yo también andaba algo liado buscando huellas y cenizas de mí mismo”.

La experiencia vital contada de forma honesta. Vamos a ser testigos de la travesía íntima de alguien que llega a África y cómo África le expulsa y cómo se va sin algunas de las preguntas que andaba buscando, pero con preguntas nuevas que hacerse (y eso, en los tiempos que corren, no deja de ser una victoria).

“Pero en aquella mañana de Vilanculos fue cuando comencé a poner nombre a mis dudas. El nombre era Macondo porque yo entendí que, si intentaba usar mi cabeza para comprenderlo todo, la vida me sería ajena más allá de mi sombra.”

África es oficio

El oficio de contar. El periodismo como siempre, desde el lugar, pateando, preguntando, investigando, observando para contar con cuerpo. Javier Brandoli tiene la rutina del escritor, apunta con “bolígrafo y libreta todas las cosas que habían ocurrido aquel día y que, sin leerlas después en un papel, nunca me volvería a creer.”

“El periodista quería saber; sus historias arrancaron en mí esa curiosidad en la que se basa este oficio de contar historias que previamente has escuchado”

África es humildad

Es muy tentador ponerse por encima del bien y del mal. Si lo hacemos en el día a día, imagina cuando escribes. Pero parece ser que a Javier Brandoli no le falta humildad en dosis acertadas. Él sabe que en África fue un privilegiado, y no se lo calla, “Mozambiqueños y europeos eran dos mundos distinto que vivían cerca y lejos.”

“Intentaba paliar algunas diferencias con mis opiniones, con mis miradas lejanas, pero lo cierto es que yo vivía, para lo bueno y lo malo, del lado de los inmigrantes, de lado de las sobras. Yo además, como amigo, era especialmente bien tratado.”

Si eres un europeo en África eres un privilegiado, y ¿cómo explicarlo mejor que con la propia experiencia?

“¿Qué mierda de mundo era éste en el que por cinco euros tienes más derechos que un cura?”

Eso es lo que se pregunta el autor después de que estando enfermo comprobara que pagando una pequeña cantidad al médico, pudo saltarse una larga cola de espera de africanos.

Y así se siente alguien que vivó por cinco años en África, no un simple viajero que toma sólo el barniz de las rutinas que alcanza a ver a su paso por los lugares.

África es humor

¿Y qué mejor humor que el dirigido a uno mismo? Saber reírse de uno mismo es el primer paso.

“Mis primeras decisiones fueron cambiarlo todo. Iba a intentar salvar aquel lugar de la demolición que se avecinaba, iba a ser un superhéroe del turismo, cambiaría la paupérrima vida de todos los empleados y de la mitad de la población rural de África.”

Y si alguien es capaz de aceptarse en la risa, es capaz, también, de ver el mundo con humor.

“Y entonces Bola tradujo mi mensaje a xitswa a la perfección y debió aprovechar para explicarles que se había casado una segunda vez y que había tenido una niña con Rosalina. Supongo también que les debió hablar que su primera mujer, Argentina (su nombre), también le dio dos niños y… Y también que había comprado un televisor para su casa en la que había puesto cemento en la parte baja. Y no sé cuántas cosas más, porque estuvo cinco minutos traduciendo mis palabras.”

África es tristeza

La tristeza, pero no siempre. La tristeza que embarga a Javier Brandoli cuando se encuentra cara a cara con la pobreza, con la injusticia, con la muerte de los más débiles, con ese África de rompe y rasga que tantas consciencias a golpeado.

“Hay varias generaciones de mozambiqueños que en el momento de nacer cumplieron ya treinta años.”

“Mozambique era demasiado mísero allí donde se mirara y con eso casi bastaba para zarandear el pensamiento”, llega a decir el autor, que en más de una ocasión se le nota contagiado de tanta tristeza, y vemos cómo le va afectando hasta el punto de hacerse con una coraza defensiva para sobrevivir, perdiendo la inocencia poco a poco casi. Algo de lo que casi ni se entera de no ser por un amigo recién llegado de España con el que comparte unos días de viaje. Javier Brandoli ya lleva tiempo en África. “Terrible ¿has visto eso?”, exclama su amigo. Frente a ellos, a las once de la noche, un grupo de niños casi sin ropa, algunos muy pequeños para estar en la calle, hambrientos. Y explica el autor que:

“Los tenía delante, pero no me había percatado de la dureza de la imagen hasta que Ricardo me alertó. Esa noche entendí que ya había construido, sin quererlo, una carcasa para sobrevivir al mundo exterior.”

África es amor y felicidad

Pero siempre que se vive de verdad, si hay tristeza, también hay felicidad y como grado superior, amor. Y como en toda buena historia, en ésta también hay felicidad y amor. Por ejemplo, con cosas que, en apariencia, parecen sencillas, como sentarse en la arena de la playa, de noche y encender una hoguera. “Nunca me he sentido más millonario que aquellas noches”, y es verdad, ser feliz con eso no es poco, es ser feliz con mucho.

Y para los más románticos, también hay amor. Javier Brandoli se nos enamora en África, y cuando es fácil patinar de romanticismo en estas circunstancias, él lo salva con acierto al narrarlo.

“Cuando nos pusimos delante le comenté a Rui: “Me gusta la chica que conduce”. Él sonrió. Luego supe, al presentarnos ya en el hotel, que se llamaba Francesca. Era la primera vez en mucho tiempo que hacía un comentario de ese tipo.”

Un comentario de ese tipo no podía ser más que un comentario acertado, porque el libro acaba con una imagen, en la que, para no adelantar demasiada información, el autor se casa con esa chica, con Francesca.

Y si aún no les convence, lean, lean “El Macondo Africano” de Javier Brandoli, lean aunque sólo sea para saber dónde se compran las colas de hipopótamo que al agitarlas en el aire traen la lluvia cuando uno más la necesita.

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2 COMENTARIOS

    • Sin duda, un título recomendable. Escrito honestamente, que muchas veces eso falta en los libros de viajes que tienden a mitificar cualquier experiencia… Jajajaja… Entiendo lo de la mochila… Yo llevo el kindle cargado y aún así también tres libros en papel… Es inevitable. Mira, prefiero llevar un libro más y un calzoncillo menos 🙂

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