Cuando no alcance la cima

Me gustaría comenzar diciendo que alcancé la cima y vi amanecer desde los 6.088 metros del Huayna Potosí; pero no puedo, no alcancé la cima.

El Huayna Potosi es uno de los nevados más bellos de Bolivia y, además, es uno de los grandes nevados más accesibles del mundo. Si quieres tener la oportunidad de alcanzar tu primer seis mil, sin duda, ésta montaña es la mejor opción. Ese era mi objetivo; pero accesible no es sinónimo de fácil.

Huayna_Potosi

Como siempre que se emprende con el objetivo de cumplir un sueño, lo hacía con ilusión y motivado. Actitud positiva para afrontar metas, así salía del refugio a 5.130 metros de altitud. Pero el soroche, o mal de altura, y una pequeña gastritis inoportuna la noche anterior se impusieron. El inicio de la escalada, a las doce de la noche para aprovechar que la nieve está en mejores condiciones para pisar, no resultó como esperaba. A los pocos pasos en la oscuridad, alumbrados con frontales, noté que mi cuerpo no reaccionaba al esfuerzo que le estaba pidiendo.

Un desierto blanco

Un desierto blanco o un infierno blanco. Así es como comencé a sentirme, como en un infierno. Intenté desconectar la mente, me concentré en el ritmo marcado por la guía, busqué motivarme de alguna forma, sumaba uno más uno cada vez que daba dos pasos. Sufrí dos momentos de desfallecimiento; pero me recuperé de ambos con insistencia, a pesar de que venía sufriendo calambres en mi estómago y aún persistía cierto dolor de cabeza por el mal de altura que había sufrido durante la noche anterior. En la noche, a pesar de que estás rodeado de nieve, no se ve nada, sólo el paso marcado en el suelo. No hay paisaje. De vez en cuando, sí algunas luces de otros frontales más arriba o más abajo. Las estrellas sí eran bellas, estaba despejado; pero uno no puede escalar mirando las estrellas a todo rato.

Refugio_Huayna_s

El desierto blanco me estaba venciendo. El Huayna Potosí me decía no. Mi cuerpo no resistía y al ritmo que llevaba no llegaría al amanecer a la cima, y la hora límite del descenso se había marcado a las siete de la mañana para evitar el deshielo de la salida del sol. Si seguía me quedaría atrapado en un descenso complicado que no me sentía con fuerzas de completar.

No puedo más

No puedo más fueron las palabras que dije casi sin aliento notando el amargo sabor de la derrota en cada una de las sílabas. Y comencé el descenso más doloroso y triste que recuerdo. Cuando llegué al refugio no pude más que meterme dentro del saco y dormir, esperando que mis dolores se calmaran, los físicos y los del alma, que la llevaba rota, y deseando que amaneciera más tarde para no tener que enfrentarme a mi fracaso. Cuando empiezas a escalar quieres llegar a la cima, ese es el objetivo. Como en la vida. Como cuando te marcas cualquier meta en la vida, lo que quieres es alcanzarla ¿Pero estamos preparados para cuando eso no sucede?

El éxito asegurado

En la actualidad estamos recibiendo tantas señales de éxito a cada rato, historias de personas exitosas, noticias de triunfos, de superación, de genios, de afortunados, que parece que no pueda ocurrir más que el éxito una vez que te marcas un objetivo que alcanzar en la vida ¿Pero qué pasa cuando eso no ocurre? Porque no hay que olvidar que si existe un éxito, también existe un fracaso ¿Estamos preparados para afrontarlo?

No hay mejor márketing que el del éxito asegurado. Y esa es la falsa apreciación que debemos evitar a la hora de emprender. De ahí venía el dolor que estaba sintiendo de nuevo en el refugio. Había deseado el éxito, lo había imaginado, pero no lo tenía. Cuando volvieron algunos de los que sí alcanzaron la cima veía en sus rostros, entre la fatiga y la alegría, mi propia derrota.

La montaña va a seguir ahí

Pero Eulogio, un guía que lleva escalando la montaña desde hace más de 20 años, vino a mi rescate, “Hiciste bien, lo peor habría venido al descender; no te preocupes, la montaña va a seguir ahí, para cuando tú quieras.”

Poco a poco fui asimilando eso de que la montaña seguiría ahí. Seguiría ahí siempre que la recordara, siempre que recordara que una vez el Huayna Potosí me dijo que no, pero que no me había dicho nunca. Sé que algún día volveré a intentarlo. Sé que no hay más fracaso que el desistir, que no intentarlo, que no atreverse, que el ponerse límites antes de alcanzarlos.

Para mí el Huayna Potosí es importante, porque, al final, la montaña me hizo un regalo sin ni siquiera alcanzar su cima. Esa montaña acabó haciéndome más fuerte de lo que imaginaba,. Ahora sé que cuando no alcance la cima, a pesar de ello, la montaña seguirá siempre ahí.

PD: Substituye cima y montaña por cualquier otra cosa, por ejemplo, cualquier sueño que tengas. Sencillamente ¡Ves a por él! No importa que ésta ocasión no lo alcances, va a seguir ahí para cuando tú quieras.

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6 COMENTARIOS

  1. Felicidades Alex, y te dijo felicidades porque ese 6000 es sólo un pequeño escollo que además te ha dado un regalo como tú bien dices, y un motivo para volver a intentarlo, porque al final lo importante siempre en la vida es la actitud, no el final sino el camino. A por todos los seis miles que nos ofrezca la vida.
    Un abrazo!

    • Gracias!Sí, siempre actitud positiva; pero hay ocasiones en que cuesta más de lo normal. Lo importante es seguir, seguir y seguir, por la montaña va a estar siempre ahí, esperando, para cuando nosotros queramos y podamos.
      Muchas gracias por pasarte a acompañarnos un poco en éste viaje por Latinoamérica.

  2. Alguna vez leí que nos han enseñado que el que llega a la cima es el que triunfa, sin saber que la cima solo es la mitad del camino… y es que no te puedes quedar ahí, porque simplemente te morirías. Te mando un gran abrazo, y aunque ese sueño dentro del sueño no tuvo el desenlace mejor planeado, la experiencia que transmites es igualmente grandiosa.
    Recuerda:
    «Nadie asegura que llegar a la cima es sinónimo de éxito, ni tampoco que ser exitoso es estar en la cima».
    Saludos, crack!

    • No sé si la cima será o no la mitad del camino, si hay, acaso, otra cima más allá siempre; pero cuando no a alcanzas, ese es un sentimiento que debemos aprender a gestionar. Lo más importante es que eso del fracaso no enturbie nuestra mirada hacia el futuro.
      ¡Gracias por acompañarnos siempre en la distancia y que tu nuevo proyecto te haga exitoso!

  3. Nos ha emocionado tu fracaso alejandro. ¡Nos has dado una lección! Hay que tener el valor que has tenido para relatarlo y eso, es ya, un éxito.

    Felicidades por el intento, por llegar hasta donde llegaste. Nos hemos emocionado contigo, siguiendo cada paso, y tal como dice Eulogio: «la montaña sigue ahí» y eso es aplicable para muchos otros lugares, momentos y retos de la vida, siempre están ahí para emprenderlos en otro momento, o cuando se esté preparado.

    Un abrazo,

    Eva y Carmelo

    • Emocionar en el fracaso, jajaja… No me lo había planteado. Sólo fue un ejercicio personal; pero he querido compartirlo porque, tal vez, ayude a alguien algún día. La montaña va a seguir ahí para cuando tú quieras. Un abrazo y gracias por acompañarnos en el viaje 🙂

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