La Capilla del Hombre

Latinoamérica es dolor y esperanza. Sólo hay que atender en la prensa, en la literatura, en la música, en el arte, y también prestar atención en las pequeñas historias, en los lugares aún hoy que parecen los de ayer, y también en los cambios que llaman a un futuro mejor.  Al deseo, a la fuerza, a la energía, al reclamo, a la exigencia… Muchos autores lo plasman y lo han plasmado. Algunos con la intensidad de Oswaldo Guayasamín, uno de esos artistas enérgicos que hacen vibrar algo muy dentro de uno. Fuimos a Quito, a la Capilla del Hombre, a ver por primera vez sus obras en vivo y en directo. Era justo probar si la emoción resultaba mayor así que en las representaciones y fotografías vistas hasta entonces.

“Es un hombre que me conmueve hasta las lágrimas”, así se expresó Oswaldo Guayasamín al referirse a Paco de Lucía, durante la sesión en la que lo retrató; pero bien podría haberse referido a la humanidad por completo. Porque ese es el sentimiento que acompañó al artista ecuatoriano durante toda su vida, desde que su primer encuentro con la crueldad de la vida le llevara a pintar “Los Niños Muertos”, donde plasmó un episodio violento que resultó en una calle de la ciudad con cadáveres amontonados, uno de ellos el de su mejor amigo,  y que ya no dejó de plasmar nunca en diferentes etapas de su obra.

“Por los niños que cogió la muerte jugando, por los hombres que desfallecieron trabajando, por los pobres que fracasaron amando, pintaré con grito de metralla, con potencia de rayo y con furia de batalla”

Su serie “HUACAYÑAN”,  la primera serie que pintara con 103 cuadros, significa en kichwa “Camino del Llanto”. Ese camino es uno de esos viajes por Latinoamérica que estamos replicando nosotros ahora. Un viaje entre 1944 y 1945 que le llevó desde México a Patagonia y que le permitió conocer la discriminación que padecían los diferentes pueblos indígenas. Precisamente ese sentimiento y preocupación por defender a los más débiles, por denunciar las atrocidades de las guerras y dictaduras que vio en territorio latinoamericano, por conmoverse ante la pobreza, antes los niños muertos de hambre, ante las madres angustiadas de todo el mundo, le llevó a idear el proyecto, que no vería en vida, de La Capilla del Hombre, un homenaje al ser humano. A esa Latinoamérica del dolor, pero también la de la madre, la del abrazo, la de la esperanza.

La Capilla del Hombre

La Capilla del Hombre

La Capilla del Hombre

La Capilla del Hombre es su obra más importante. Es un homenaje al ser humano y, en especial, a Latinoamérica. El artista falleció sin ver finalizado el proyecto; pero él está ahí, y no sólo porque sus cenizas se encuentran enterradas en “El Árbol de la Vida”, sino porque se siente la energía con la que pintó y vivió. Si sus obras estremecen absolutamente, estar en el espacio donde vivió y trabajó es una de esas experiencias que te zarandean el ánimo. Sin duda, un imprescindible al visitar Quito. La Capilla del Hombre se encuentra en un lugar privilegiado, con vistas a la ciudad de Quito, un rectángulo de piedra, sólido, del que emerge una cúpula en forma de cono, el volcán Cotopaxi.

Más que un edificio es todo un símbolo. Un monolito sobre la línea equinoccial, por lo que en los días de solsticio la luz cae perpendicular por el agujero de la claraboya central  iluminando ese “llamamiento”, en palabras de Guayasamín, a la unidad de todo Latinoamérica. La Capilla del Hombre forma parte del complejo que ocupa la Fundación Guayasamín.

Interior de la Capilla del Hombre

Interior de la Capilla del Hombre

Antes de la Fundación Guayasamín no existían casi cuadros del artista en Ecuador. Por ello, en 1976, junto con sus hijos, creo la fundación con la cual donó todo su patrimonio, sus cuadros, sus colecciones de arte, su casa-taller, que se puede visitar y que nos da idea de la dimensión artística de Oswado Guayasamín.

Cómo llegar a La Capilla del Hombre

Legar no es fácil; pero bien vale la pena el esfuerzo. Y el calor sufrido. El transporte público de Quito es algo caótico, así que te hará falta algo más que unas sencillas indicaciones. Pero no es imposible. También si quieres puedes ir en taxi (unos tres dólares), la preferencia de la mayoría de turistas. La Capilla del Hombre se encuentra en el Barrio de Bellavista, alejada de cualquier otro lugar turístico de Quito. Pero no hay nada imposible. Nosotros fuimos desde el centro en el Ecovía hasta llegar a la Estación de Bellavista y de ahí unos 25 minutos de subida caminando, aunque también hay la posibilidad de hacer este último trayecto en autobús en lugar de caminar. Al volver, lo mejor es que preguntes a los encargados de la entrada del museo por el autobús que va cerca de la Estación de Bellavista.

¿Qué si vale la pena?

Sin duda; visitar La Capilla del Hombre es una forma de entender Latinoamérica, de saber que está hecha de dolor y esperanza. Y ver los cuadros de Guayasamín en vivo y en directo es mucho más emocionante que sólo ver su obra a través de reproducciones.

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