Como Robinsones en Panamá

El Archipiélago de San Blas es un conjunto de islas. Dicen que 365 islas, aunque quizá sólo sea un número  elegido para simular una perfecta coincidencia  geológica. Son islas que conforme te acercas en lancha parece que flotan en el horizonte, o que cuelgan del cielo prendidas de palmeras que se doblan por el peso. La mayoría están deshabitadas aunque todos los cocos tengan dueño. Antiguamente, los cocos y la pesca eran la base de la economía de los Guna. Dependían del medio, una belleza propia de postal, ideal, caribeña, imagen fija de un paraíso, pero por ello mismo limitada de recursos, anclados en una economía de supervivencia (así es el paraíso al fin y al cabo, pura supervivencia).

Islas de San Blas

Hoy el turismo se ha convertido en la principal riqueza de una parte de las Islas de San Blas, principalmente de la zona primera, el resto de zonas, hasta seis, los caciques guna (pronúnciese “kuna”) las quieren libres de extraños; allí, siguen de espaldas al tiempo, allí los sailagan, los líderes espirituales de cada una de las comunidades de la comarca Guna Yala, siguen hablando en un idioma metafórico que se canta más que se habla, como en el origen de todos los idiomas, aunque nosotros lo hayamos olvidado. Estamos en Panamá, pero el Congreso General Guna es quien establece las normas que rigen la vida diaria en las islas, en la comarca Guna Yala, y en el paraíso de los cocos con dueños.

“Nuestra historia refleja, desde sus inicios, leyes muy definidas de comportamiento. Por eso nuestra cultura ha podido resistir hasta ahora, porque el desarrollo no es fruto que se recoge en el caos, sino bajo normas claras de juego”, palabras del Saila Dummad Harmodio Vivar

Visitar Islas de San Blas

Es por la noche, después de la cena, jugando al dominó, con la música, el rumor constante de las olas, el golpe de la ficha sobre la mesa de madera, el paso, las risas, los cangrejos blancos casi trasparentes que salen de la arena, aquí, allí, aquí, más allí, aquí, o se esconden asustados por un movimiento imprevisto, aquí, allí, aquí, más allí, aquí, como una canción, como la canción cantada en guna, sólo te quiero, en nuestra lengua no existe te amo, que los guna dejan der ser esa tribu introvertida, de fama arisca. Es por la noche, después de la cena, junto a Álex y Susanne, que pienso que no es por mal carácter, simplemente que son celosos, que se saben expuestos a la naturaleza y a la hegemonía de otras culturas. Quizá la mala fama sólo sea que temen que su cultura acabe por derrumbarse. Me olvido de la mujer de la mañana, que al querer retratar se molestó ¿Qué derecho tengo yo a llegar a su casa y fotografiarla? Por mucho que su aspecto me parezca exótico, su anillo de oro en la nariz, las molas coloridas, todas las pulseras con cuentas en las piernas, la línea negra a lo largo de su nariz, es su rutina, su intimidad, su vida ¿Cómo reaccionaría yo?  Es más, cómo reacciono cuando alguien al fotografiar un lugar acaba encuadrándome por accidente o descuido o acierto. Ya sólo eso me molesta…

Mujer guna en Isla Diablo

Esta es Isla Diablo

Es el segundo día que voy descalzo y en bañador. Son las seis de la mañana y el turquesa del mar me da los buenos días, dos pelícanos elevan vuelo, las palmeras ya se proyectan sobre la arena blanca a pesar de lo temprano, sobre la superficie del mar se ven destellos brillantes, salpicaduras de peces, en el mar, tanto mar a nuestro alrededor…

“Qué lejos está mi país, che, es increíble que pueda haber tanta agua salada en este mundo de locos”, dice Oliveira en un diálogo de “Rayuela”. Podría ser una exclamación aquí y ahora, en Isla Diablo.

– Cuéntanos porqué se llama así, Susanne.

– Hace mucho tiempo, en esta isla no había nada. No estaban estás chozas, y la arena de la playa estaba cubierta de grama, sólo vivía un viejo cuidando los cocos, Willmart. Willmart todas las noches a partir de las doce, a pesar de encontrarse solo, escuchaba una canción silbada, a lo lejos, en la otra punta, él no se atrevía a salir de su choza… Y así cada vez, por la mañana y durante el día no había rastro del silbido, pero a las doce de la noche, siempre la misma melodía silbada. Y un día Willmar se atrevió a salir, fue al encuentro del silbido, caminó en la noche hasta donde se escuchaba…

Isla Diablo

El resto la interrumpen, se ríen, y hacen broma, apagan la única luz que nos ilumina en el cobertizo donde hemos cenado.

– Y allí, lo que se encontró, lo que vio fue… ¡Al mismo diablo! (alguien da un golpe seco a la mesa, el resto vuelve a reír, pero es una risa nerviosa).

– Willmart, en lugar de salir corriendo, habló con el Diablo. Pactaron que el viejo seguiría recogiendo los cocos de la isla, pero que nunca podría traspasar ese lugar, que a partir de allí, era del diablo. Y por eso se llamó Isla Diablo.

Los chicos ahora no ríen, uno dice que él no cree en eso, que son leyendas. Otro dice que más le valdría creer. Lo cierto es que a partir de los baños comunitarios que usamos, que coincide con el lugar de encuentro entre el Diablo y el viejo Willmart, más allá, no hay nada en Isla Diablo, sólo la hierba, y los cocos de esa zona caen al suelo y son picoteados por los cuervos. Nadie los recoge.

Se venden cocos

Así son las Islas de San Blas, un lugar remoto de antiguas creencias y naturaleza mitológica dentro de Panamá. Un lugar de espléndida belleza que parece surgir de otro tiempo, un lugar de esos donde perderse, donde estar, donde limitarte a estar sin más pretensiones, donde disfrutar cada momento del día. Un lugar en Panamá donde ser como Robinson Crusoe.

Qué hacer en las Islas de San Blas

¿Algunas pistas de qué es lo que puede hacer en este paraíso?

Rodeados de mar podemos ir a bañarnos a una piscina… Eso sí, una piscina muy especial. Un banco de arena, en medio del mar, que te permite estar con el agua transparente al nivel de tu cintura.

Practicar snorkeling, que es algo así como ver las profundidades del mar desde la superficie. En las aguas del archipiélago se encuentra uno de los arrecifes coralinos más impresionantes del mundo, la vida submarina es muy rica, incluso a pocos metros de la orilla de alguna de las islas puedes llegar a encontrarte con un tiburón ¡Nosotros lo vimos! Emocionante ver la silueta de un tiburón de coral.

Una piscina en el mar

También podemos encontrar un barco hundido. En Isla de Perro, naufragó un gran barco hace tiempo, y hoy se ha convertido en refugio de diferentes especies de peces en el que puedes bucear.

Y bueno… Otra pista de lo que puedes hacer en las Islas de San Blas, es, sencillamente, ver pasar el tiempo desde una hamaca. Tumbado en una hamaca, frente al mar, bajo la sombra de una palmera, es una de las mejores formas de descanso que existen en el mundo. Toda una apología del ocio.

Cómo llegar a las Islas de San Blas

A las Islas de San Blas se llega partiendo en lancha del muelle de Cartrí. El problema es que no hay transporte público para llegar, ya que desde Panamá City sólo se llega al cruce de la  carretera que conduce al muelle, después quedan demasiados kilómetros como para andarlos. Alternativas:

  1. La más cómoda es contratar el viaje con algunas de las empresas que van a Guna Yala. Nosotros recibimos la invitación por parte de Lam Tours Panamá para ir a conocer el Archipiélago de San Blas. Lam Tours Panamá es una empresa familiar que lleva operando muchos años y que conoce a la perfección la zona. Su trato fue serio, honesto y cuidadoso, por lo que en caso de buscar operadoras para viajar a las islas, ellos son una opción fiable. Los traslados son desde Panamá City. Te recogen en el lugar donde te hospedas, te llevan hasta el muelle, se cuidan de tu alojamiento en las islas, según tu presupuesto, te recogen sin falta el día convenido y te vuelven a llevar al lugar donde estés alojado… No tienes que preocuparte de nada, sólo de disfrutar.
  2. Si utilizas vehículo propio, entonces es más sencillo llegar. Pero igualmente, en el muelle tendrás que contratar el viaje en lancha hasta la isla deseada y una vez allí, si es tu intención quedarte más de un día, lo cual aconsejamos, lo mejor será que preguntes directamente por opciones de alojamiento que haya en la misma isla, que suelen ser cabañas, tiendas de campaña o, si llevas tu propia tienda, zonas para acampar.
  3. Una última opción y más arriesgada es ir hasta el cruce y allí probar suerte haciendo dedo a ver si alguien os recoge. Depende del día de la semana, esto será más o menos difícil.

Consejos para disfrutar de las islas de San Blas

  • No olvides tus gafas de snorkel.
  • Lleva agua en abundancia.
  • Puedes optar por llevar comida propia.
  • En la mochila no debe faltar repelente y crema solar.
  • Una buena idea si viajáis cargados es llevar sólo lo imprescindible (un bañador y algunas camisetas) y dejar el resto en el hospedaje de Panamá City.
  • Si quieres un sello especial en tu pasaporte, haz que te lo sellen en la entrada al Parque Nacional Guna Yala, previo al pago de la entrada de 20 dólares (posteriormente deberás pagar 2 dólares en la entrada al muelle).

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2 COMENTARIOS

  1. Como siempre un trabajo fino y cuidado. Uno de los anhelos mas comunes del ser humano es sentirse alguna vez en la vida como un robinson. leyendo este post sentado en mi casa de Barcelona, delante del ordenador y pasando calor, habéis conseguido que me sienta como tal.
    Un fuerte abrazo!
    Pedro

    • Gracias Pedro por los cumplidos! La máxima satisfacción es que a través de lo leído nos podáis acompañar en este viaje por Latinoamérica! Un abrazo y suerte con el calor Barcelonés 🙂

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