Yoga y pesca en el lago de Atitlán

El autobús de Xela nos deja en Santa Clara. De allí, en una pick-up, a San Pablo La Laguna. La carretera es un vaivén de curvas que convierte la caja trasera del vehículo en una superficie inestable que nos obliga a agarrarnos bien a la estructura de hierro que la envuelve. Abajo vemos el lago de Atitlán. Dicen de él que es uno de los lagos más bellos del mundo; y, aunque en la pick-up estamos más concentrados en mantenernos en pie que en contemplar las vistas, la belleza del paisaje es evidente: El lago de Atitlán es uno de los más bellos del mundo.

Finalmente, para llegar a San Marcos La Laguna, tenemos que utilizar un tuk-tuk, una de esas moto-taxis rojas que en pocos años se han popularizado en muchos lugares de Latinoamérica. Podríamos haber llegado más fácilmente en barca desde Panajachel o San Pedro La Laguna, pero, no habría sido lo mismo. Así entramos en San Marcos La Laguna con un aire de victoria y nuestras mochilas saliendo por los laterales del pequeño moto-taxi.

vistas del lago atitlán

San Marcos la laguna en el lago de Atitlán

Estamos en el destino más espiritual de Guatemala. San Marcos La Laguna es un pequeño pueblo a orillas del Lago de Atitlán. Uuuuuummmmm, incienso, campanillas, saludos al sol, uuuuuummm, equilibrio, respiración, sonidos armónicos, uuuuuuummmm… Desde la calle principal de entrada al pueblo, a través de pequeñas callejuelas peatonales hasta llegar al muelle principal, hay lugares para practicar yoga, estudios de masajes y diferentes terapias alternativas como musicoterapia, relajación consciente, regresión, reiki, yoga tántrico, sanación con cristales, también establecimientos de comida vegetariana y vendedores de verduras y frutas ecológicas ¡Hay hasta un templo taoista! En la colina, entre la vegetación y entre los tejados de chapa, sorprende la silueta del templo. Está claro, éste no es territorio de bachata ni reggaetón.

Yoga en Lago Atitlán

Por la mañana, el sol aún una mancha impresionista en el cielo, encuentro cerca del muelle principal  a algunas personas haciendo sus ejercicios de estiramiento y practicando algunas posturas de yoga que desconozco completamente. Me pregunto cuál será el misterio, qué se sentirá al practicar yoga. En algún momento he tenido la tentación de apuntarme a alguna clase de las que se ofrecen en los tablones de anuncios que se ven en las calles de San Marcos La Laguna; pero, primero el precio, y luego pues que me gusta demasiado madrugar, tomar café y escribir, y no tendría paciencia como para estar dos horas haciendo estiramientos y saludando al nuevo día. Prefiero el desequilibrio del teclado, el saludo de la página en blanco -es como el lado oscuro de la fuerza, mientras que ellos están en el lado del maestro Yoda.

san-marcos-la-laguna

Me doy cuenta que a la misma hora, en San Marcos La laguna, coinciden los que practican yoga y los pescadores que salen a pescar. Sigo algunos cayucos con la mirada, mientras anoto mentalmente que debo preguntar a dónde se dirigen, y también que debería averiguar si alguno de los pescadores me dejará que le acompañe. Más que remar parece que andan sobre el agua. Llegan las primeras lanchas, los niños buscan a los de las mochilas, les llevan a los hoteles. Ellos se conocen todos los hoteles. A cambio de acompañarlos, one dólar. Las madres venden pasteles de chocolate o de bananas, mangos y pequeñas piezas de artesanía, barato, amiga.

Pescando en el lago de Atitlán

En un cayuco que apenas flota, mecido por las olas constantes del lago de Atitlán, algunos pescadores utilizan técnicas tradicionales para la pesca, lanzan el sedal como siempre se ha hecho aquí, a modo de un lazo, lejos, y luego lo sostienen con la mano con delicadeza, atentos a cualquier tirón para jalar el pez.

Estoy en un cayuco con Ramón, en el Lago Atitlán, a orillas de San Juan La Laguna. No lo habría imaginado nunca. Veo la silueta perfecta de los tres volcanes, el Atitlán, el Tolimán, y el San Pedro, magníficos desde la misma superficie del lago. Sus aguas, más que azules, tienen un reflejo metálico. Estoy viendo como pesca en un cráter extinto, cuya profundidad se desconoce, con puntos donde se han sondeado más de 350 metros de profundidad. Impone vértigo y lo inestable de la embarcación no ayuda. Aunque me tranquiliza cuando le pregunto por la profundidad del punto donde ha elegido  pescar, y me responde que sólo unos ocho metros… Ahhhh… Ocho metros no es nadaaaaaaaa…

pesca en lago atitlán

Un cayuco vale 1800 quetzales y se fabrican de la madera del canoj, en Santiago de Atitlán, el mismo lugar donde se encuentra El Gran Abuelo, el llamado Maximón.El suyo se lo compró su padre como herencia en vida, cuando Ramón dejó la construcción de casas, ya no daba lo mismo. Volvió a pescar cómo cuando era más joven.

pescador

Conoce su entorno. Sabe que se pesca mejor en día nublado, con días de sol los peces no pican, sabe dónde hacerse de alambrillos, cuándo va a comenzar el Xocomil, el viento que recoge los pecados de los habitantes del lago, sabe que la mojarra se vende bien, y la lubina, pero que el pez tigre no lo quiere mucha gente. Sólo se deja arrastrar por la superstición en un único asunto: Al primer pez que pesca en el día, le sopla las aletas antes de guardarlo en el cajón. Dice que eso le trae suerte.

soplando pez lago

Todos buscamos un equilibrio en la vida, una seguridad. Unos lo hacen a través de la espiritualidad, otros, a través de supersticiones y creencias, y luego están los más locos, que buscan en la escritura.

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1 COMENTARIO

  1. San Marcos! Qué recuerdos! Me quedé enamorado de ese lugar… de la calma, de la energía… Me solía sentar en las tablas de madera del muelle para ver a los pescadores y cómo las nubes de tormenta empezaban a tapar los volcanes que rodean al lago (yo fui en época de lluvias, y qué lluvias, jeje!).

    Allí conocí a dos niños (de los que se acercan al muelle para recibir las barquitas y llevar a los turistas a los hostels) que sin duda marcaron mi viaje a Guate. La mirada de ellos mientras nos enseñaban a contar en kaqchikel y la cara de asombro que pusieron cuando les dijimos que vivíamos en Barcelona, pero que en nuestra vida habíamos visto en persona a Messi, aún están grabadas en mi mente. A pesar de parecer unos chicos pícaros, eran un encanto…

    Seguid disfrutando! Un abrazo!

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