Viaje de fin de curso a Londres

Hay un viaje que recuerdo especialmente. Y no se trata de mi primer viaje largo –Ese fue a Francia, en tren, y era pequeño y coincide con la primera vez que sentí melancolía. El viaje al que me refiero, es un viaje de fin de curso a Londres. Aún hoy en día trato de reproducir en todos mis viajes aquella sensación de vértigo que se siente cuando uno va hacia lo desconocido. Intento no acostumbrarme al salto del tránsito, para que no se convierta en una rutina más. Siempre que viajo, lo hago como en aquel viaje de fin de curso a Londres.

Londres vistas

Londres, para un adolescente que vive en un pequeño pueblo, es una motivación excitante. Más si ese adolescente es soñador, le gusta leer, y escucha grupos de música como The Clash o Sex Pistols. La modernidad, lo que ve, escucha y lee, está en lugares como Londres, París o Nueva York. Pues bien… Ese adolescente era yo, yo y unos cuantos más que formaron un grupo bullicioso, y que aún hoy, me sigo planteando cómo aquellos profesores se apuntaron como voluntarios para acompañarnos de tutores (o quizá no fueron voluntarios y se trataba de alguna venganza del mundo académico) ¡Imaginad a treinta adolescente en Londres! ¿No se os pone la piel de gallina si fuerais vosotros los acompañantes del grupo? Sin duda, para aquellos valientes profesores, el recuerdo del viaje será algo más estresado, y sin duda les habría ido bien echar un vistazo a algunos de esto interesantes trucos para viajar a Londres.

Aquellas sensaciones que sentí

Aquellas sensaciones durante el viaje de fin de curso a Londres son las que intento no olvidar. Y es curioso, no tengo ninguna, ninguna, fotografía de aquel viaje, pero lo siento aún tan vivo… De hecho, las fotos que acompañan a este post melancólico, están tomadas de algún otro viaje a Londres y que puedes ver en el enlace.

Andábamos libres por las calles de Londres. La libertad es una extraña sensación, a la vez te llena de energía como de temor, pero es un temor del que te vas sobreponiendo. La curiosidad, las ganas de conocer algo nuevo es la voluntad con la que se consigue superar ese temor. La combinación es explosiva…  Te sientes vivo.

¡Qué recuerdos!

Cinco recuerdos de aquel viaje de fin de curso a Londres:

El metro. Recuerdo el metro con mucha intensidad. Me quedaba parado mirando el disco con las letras “Underground”, a la gente, sus ropas, las escaleras, las estaciones diferentes, el vagón, las pegatinas de diseños coloridos, la publicidad. Recuerdo que bajamos en una parada, al salir, lo hicimos directamente en una tienda de Virgin… La sección de música fue asaltada, y por entonces eran discos de vinilo (no recuerdo cómo me lo hice para guardarlos en mi mochila).

notting hill Londres

El Picadilly Circus. La imagen más conocida de Londres. Boca abierta y ojos bien vivos para intentar captar, asimilar, todo aquel movimiento, las luces, las personas cruzando el paso de peatones, el sonido. Era como la plaza de mi pequeño pueblo pero multiplicado por mil, si había viajado muy pocas veces a Barcelona ¿Cómo no podía impresionarme el conjunto frenético y cautivador del Picadilly Circus?

El Big Ben. Tenía que verlo con mis propios ojos… Era como la prueba de que realmente Londres era una realidad y no un sueño. Ese reloj mítico sólo lo había visto en cine o fotografías, y gracias a ese viaje de fin de curso a Londres, estaba siendo testigo de su existencia. Testigo es la palabra, porque en realidad, viajar es dar testimonio.

El Mercado de Camden. Aún no existía Amy Winehouse, pero ese mercado ya era mítico. Más para un adolescente seguidor de la estética punk (aunque nunca llevé cresta ni puse imperdibles en mi ropa, mi madre me había matado). Pasear  por entre todas aquellas tiendas con tejanos y chupas de cuero colgadas, entre verdaderos punkis, fue como vivir otra vida, aunque sólo fuera por un corto tiempo. Pero eso es precisamente en lo que consiste viajar ¿Verdad? Vivir como los otros, comprender la otredad.

Londres mercado Camden

Las cabinas telefónicas. Llamadme fetichista, pero ¿Qué adolescente no lo es? En las cabinas rojas de Londres no descubrí sólo una postal. Abrir sus puertas fue encontrar un mundo erótico inacabable. Nadie me  había dicho, que dentro de esas lindas cabinas rojas, había anuncios eróticos, con todo tipo de propuestas sexuales.

Como veis, durante aquel viaje de fin de curso a Londres conocí la esencia del viaje… Aunque a mi manera, porque las reflexiones son cosa de la actualidad. Cuando volví de Londres, y expliqué el viaje no pude decir más que “¿Londres? Guauuuu”.

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5 COMENTARIOS

  1. Ohh!

    Qué recuerdos! Creo que los tres destinos más concurridos para un viaje de final de curso eran: Italia, Londres o París.

    Yo también estuve en Londres y comparto muchas de tus sensaciones.

    Gracias por recordádmelas. 🙂

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