Una historia corriente en Izamal

Cuando viajas no siempre encuentras historias maravillosas. No descubres todos los días extraños rituales religiosos, ni héroes, ni llegas a lugares que nadie había pisado anteriormente. No cabe duda de que eso no ocurre todos los días, sólo unos pocos. La mayoría de las veces al viajero le ocurren historias corrientes.

El día en Izamal estaba bien soleado y con un cielo azul descarado, aunque esos no eran suficientes ingredientes para escribir un artículo periodístico digno de las revistas especializadas de viajes. Sencillamente las cosas son así, sencillamente estuvimos caminando buscando qué hacer en Izamal. Sólo por pasar el tiempo.

que hacer en Izamal

Planes que hacer en Izamal

Izamal es una bella ciudad colonial del Estado de Yucatán, que se encuentra cerca de Mérida. Se le conoce como «La ciudad de los cerros» o «Ciudad de las tres culturas» y tiene la condición de Pueblo Mágico de México.

Ya habíamos andado por sus calles coloniales, habíamos visto con asombro todas sus fachadas pintadas de color amarillo y blanco, habíamos leído algunas de las muchas leyendas que pueblan la ciudad que encuentras en placas en diferentes lugares. Hasta ahí todo estaba siendo corriente, eso sí, de una forma agradable. Ya habíamos saludado a unos señores que se obstinaron en enseñarnos a hablar maya, rechazado una oferta para pasear en calesa, coche victoria les llaman, por Izamal, incluso ya habíamos disfrutado corrientemente con el atrio cerrado del Convento de San Antonio de Pádua, el segundo más grande del mundo por detrás de la Plaza de San Pedro. En nuestro ordinario paseo también habíamos ascendido la mayor de las cinco pirámides mayas de Izamal, la gran pirámide de Kinich Kakmó, desde la que contemplamos toda la extensión de la región. Ya habíamos hecho todas lo que hay que hacer en Izamal, cuando conocimos a Doña Lydy, diminutivo de Lidia Canto Rosales, viuda de Osorio.

Detrás de la reja de una de las casas coloniales de Izamal, Doña Lydy, nos chistó emocionada y algo nerviosa, con los ojos empañados. Le tembló la voz como la mano que llevó a uno de los montantes de la reja como para tomar impulso, aunque no se iba a levantar de su silla de ruedas, pero seguramente sí como apoyo para vencer un poco la vergüenza. Les invito a pasar, tal cual, la frase nos desconcertó. Llevábamos un buen rato en la calle, sentados en la sombra, porque esperaba que pasara una monjita por delante de unos arcos coloniales para hacer una foto ¡Al carajo la foto!

Doña Lydy

Cuando viajas no siempre te invita un desconocido a pasar a su casa. No se te presenta todos los días un desconocido, ni te abre la puerta de su casa, ni te cuenta una pequeña historia. No cabe duda de que eso no ocurre todos los días, sólo unos pocos.

Una vez que entramos se explicó, lo hago por mi salud ¿Saben? Para estar bien, y con hospitalidad nos enseñó su casa; la casa familiar, sus cinco nietos, su marido fallecido, la foto de la boda, la habitación grande, la sala, el patio, su hermoso patio ¿Y ustedes de dónde vienen? ¡Huy! Vienen de requetelejos, exclamación; los utensilios de cocina, toda una vida expuesta, a dos desconocidos, mis sobrinos me quieren muchísimo, y su vida cotidiana, sus ratos con alguna vecina, y que a pesar de estar en una silla de ruedas, es que se cayó saliendo de casa, pues que ella se alegra de vivir porque un día que amanece es un día nuevo, y, yo les muestro la casa, para que puedan decir que han estado en una casa centenaria y hablen bien de la gente de acá.

Estuvimos platicando, mejor que hablar, mil veces, un buen rato, y cuando pensó que tal vez se estaba haciendo pesada -pobre, nada más lejos de la realidad- empezó a despedirse, gracias, y disculpen, no, no, gracias a usted, gracias por acompañarme este rato. Y así… Emocionados.

Definitivamente, cuando viajas no siempre encuentras historias maravillosas, aunque aveces, sí ¿Verdad?

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6 COMENTARIOS

  1. Que bonito! Me gusta América Latina justo por su gente. No somos los mejores en educación, salud, política, pero somos muy amistosos, amables y calurosos. Nos encanta traer la gente para dentro de nuestra casa y charlar con ellas. Que bonita señora, que bonito recuerdo de México.

    Buen viaje, chicos!

  2. Me ha gustado mucho el post, si una de las cosas buenas de latinoamerica es que son gente muy amable que aunque no tengan mucho que ofrecer haran lo posible por ayudar!! 😉

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