Claves para pasar Navidad lejos de casa

  • Esta entrada es para felicitar a todos a los que no os pudimos felicitar en navidades y fue escrita en la terraza del Hotel Posada del Río, mientras una lluvia intermitente iba cayendo y por el río San Juan, aunque era Navidad, pasaban los botes, las canoas y las lanchas arriba y abajo. También fue escrita por la noche cuando ya no llovía, y ni los botes, ni las canoas ni las lanchas pasaban río arriba y río abajo, pero sí se escuchaba música de fiesta cerca y las luces de Navidad estaban encendidas.
  • No faltaron los villancicos con los niños del pueblo que andaban de casa en casa cantándolos o como dicen aquí, haciendo posadas a cambio de regalitos y dulces.
  • Podéis seguir más impresiones personales en el Diario de Viaje.
  • Feliz Navidad a todos aunque hayan pasado unos días, o precisamente por ello, gracias por seguirnos en este viaje y acompañarnos y gracias a todos los que se acordaron de nosotros estando tan lejos.

Es Navidad. No tenemos conexión a Internet. Estamos en El Castillo, un pueblo en la ribera del Río San Juan, Nicaragua; pero antes estuvimos en Solentiname, y antes en Ometepe, y antes en Laguna de Apoyo, y antes en Granada, y antes en Managua, y mucho antes de todo esto, en Costa Rica, y antes, antes, antes, salíamos de Barcelona y nos habíamos despedido y andábamos con nervios y una sonrisa expectante y una libreta ansiosa y un sombrero nuevo.

Digamos que iniciar un viaje es una despedida. Y ahora es Navidad y no tenemos conexión a Internet en El Castillo, y no podemos desear feliz Navidad a nadie, ni responder a las felicitaciones que estarán llegando por correo o en cualquiera de las redes sociales. Eso sí, andamos con un teléfono nicaragüense y hemos podido llamar -Sólo unos breves minutos, que la voz es costosa de trasladar- a nuestros padres y madres y hermanos y abuelas para desearles una feliz Navidad, que aunque no estemos con ellos sí lo estamos y vaya tontería pero nos hemos emocionado. Feliz Navidad como se decían antes los familiares que andaban lejos, a través del teléfono reunidos, medio tristes, medios contentos. Imaginándoles pero sin abrazos.

feliz navidad

Emily nos deseó Feliz Navidad en El Castillo

Nos atacó la navincolía tan de imprevisto… La navincolía es un tipo de melancolía que le da a uno al pasar la Navidad lejos de casa, pero tiene tratamiento.

Las claves para pasar la Navidad lejos de casa son muchas. Aunque sólo funcionan si has tenido la precaución de elegir un destino aséptico a la Navidad; en el caso contrario de haber elegido un país donde haga frío, nieve o celebren mercadillos navideños, has cometido un error grave de difícil solución. Así pues, para evitar la navincolía, prueba a retrasar la hoja del calendario de forma que diciembre se convierta en cualquier otro mes que no tenga nada que ver con la Navidad, o también la versión futurista, que es adelantar la hoja del calendario, aunque ésta es más compleja porque después se hace difícil no contar el futuro a los demás cuando lo has visto. Salir a la calle con gafas de sol y tapones en las orejas, leer algo de Enrique Vila Matas, un estornudo a tiempo, sincronizado, cuando alguien te desea una feliz Navidad con toda su desafortunada intención, caminar de espaldas o a la pata coja o con el bañador en los tobillos son también formas a considerar para evitar la navincolía.

navidad

Los niños que cantaron villancicos

Algunas últimas directrices:
Evita pensar en la comilona que te estás perdiendo y recuerda el último empacho navideño que sufriste, piensa que este año no tendrás que escuchar las frases típicas de cuñados y tíos achispados, ni hacer como que te sabes la letra de un villancico mientras frotas con una cuchara la botella de anís de tu padre, recuerda que este año te has ahorrado meses de ansiedad previos buscando regalos para todos y montar el belén en casa y desmontarlo cubierto de polvo tiempo después, vas a volver con un morenito que va a ser la envidia de todos (o quizás te cambie la vida durante el viaje y ya no vuelvas nunca más, ni moreno ni nada) y, para ir cerrando de algún modo, si a pesar de todos los intentos no consigues sustraerte del ambiente festivo navideño allá donde estés –la realidad es obstinada- recuerda que la navincolía es cuestión de paciencia y que sólo durará unos días, como mucho dos o tres, superados los mismos, si continúan los síntomas vuelve a leer esta entrada o acude a tu médico de confianza.

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