Conocer Rusia

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Quien estuvo en Moscú conoce Rusia, lo dijo Nicolás Karamzín. Aunque, sin duda, se trataba de una afirmación interesada ya que el escritor, moscovita de pro, estaba más por quitar relevancia a la otra capital rusa, San Petersburgo, que en definir el país con tal reducción.  En realidad, para conocer Rusia también hay que estar como mínimo, hablamos de una basta geografía que engulle nueve usos horarios, en San Petersburgo.

Conocer Rusia en sus dos capitales

Moscú y San Petersburgo, ambas ciudades explican por sí solas la Historia Rusa; su presente, además, acierta a dar una imagen del país en que se ha convertido tras el final de la Unión Soviética. Parece que ambas han resuelto su rivalidad en un viaje conjunto hacia la ostentación que anula las diferencias que existían y las une en un espacio lleno de claroscuros donde conocer Rusia hoy en día.

Conocer rusia

 

El presente de Rusia

Con el final de la Unión Soviética, Moscú sigue siendo capital de Rusia y San Petersburgo ha recuperado su nombre original y sabe que jamás volverá a ser la capital que Pedro I quiso para Rusia. Pero éste sólo es un reparto del poder formal; el verdadero poder, el del dinero, se reparte entre ambas, al modo del águila bicéfala que se ha recuperado para el Escudo de Moscú después de los años soviéticos. Los negocios y el gobierno se confunden en una misma cosa y lo hace en las dos ciudades, en una exhibición por igual dejando atrás los años en que se presentaban en oposición. Conocer Rusia hoy es sentirse apabullado por la opulencia.

“Rusia nunca había conocido tanta riqueza, pero su reparto sigue siendo una utopía.” (Tetyana Kostyuk)

Así nos sucedió. Mareados con tanta exhibición de lujo en cuatro y dos ruedas; la máxima escenificación de las cuentas bancarias más abultadas de Rusia utiliza las marcas Maybach (ésta sólo la habíamos visto en revistas de coches), Mercedes, BMW, Ferrari, Porsche… Tanto en San Petersburgo como en Moscú… Casi indiferentes ya de tanto verlo a no ser por el rugido de los caballos que van como diciendo mirad, este es mi poder. El poder de un Ferrari a 120 kilómetro por el centro de Moscú (sí, las normas de seguridad vial son bastante flexibles, todo lo que pude dar el pedal del acelerador).

cocacola

La caída del comunismo llevó con los días a un proceso de privatización de las empresas estatales y de los recursos naturales. Los que supieron estar cerca del poder caído se hicieron con el trasvase de toda esa riqueza. Algunos se hicieron millonarios. Moscú es la segunda ciudad del mundo con más millonarios, aunque, según la Escuela Superior de Economía de Moscú, el 60% de la población rusa mantenía en 1992 el mismo nivel económico que durante la época soviética. Algo que se hace palpable hoy día y de forma evidente en las dos ciudades. La opulencia manda más que en la época de los zares. Pero ya no se basa en la arquitectura y el arte como antes, ahora lo hace desde la ostentación del lujo (Dolce & Gabbana tiene su tienda más grande en Moscú).

Conocer San Petersburgo

El Hermitage es seguramente uno de los lugares por donde hay que comenzar para conocer San Petersburgo. El Palacio de Invierno es la viva imagen de la época del Imperio Ruso, pero ya no es la principal atracción de la ciudad. Sigue interesando a los turistas y a los grupos que llegan con los cruceros fluviales que atracan en el puerto, sigue habiendo cola para ver una de las mejores pinacotecas del mundo; pero cada día más, los turistas al llegar preguntan por una calle y la señalan en sus planos. La Avenida Nevsky despierta pasiones, y no precisamente porque sea, con sus cerca de cinco kilómetros un perfecto resumen de la historia de la ciudad, sino porque a banda y banda, y en medio, en forma de carriles para vehículos, también ellos un espectáculo, se palpa la opulencia. La riqueza tiene algo de atracción para la mayoría, despierta la curiosidad igual que la envidia. Y en Rusia, el dinero no se oculta.

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Mientras en la Avenida Nevsky los logos de las fachadas hacen reconocibles las marcas internacionales, en frente del Jardín de Catalina, la cafetería modernista Eliseevsky, en los bajos del edificio que en su día fue los grandes almacenes de los hermanos Eliséev y que hoy alberga el Teatro de Marionetas Demmeni, se ha convertido en uno de los templos del lujo preferido por algunos adinerados rusos. Una tienda gourmet donde se puede comprar y degustar, en unas mesas bajo una palmera al son de una pianola, auténticas delicias difícilmente imaginables durante el comunismo. Botellas de coñac a más de cinco mil rublos, bombones que parecen joyas, merengues imposibles, ostras, salmón y salazones, mortadela y embutidos de toda Europa que combinan en un maridaje perfecto con las filigranas de los mostradores de madera y las vitrinas coloridas que sólo se pueden fotografiar si previamente compras.

Afuera, recostado en una farola, un mendigo vende dos libros. Los pobres venden lo que tienen. Tanto es que sean dos cebollas de un huerto casero, ramos de flores, o los últimos libros que van quedando; sin duda no son artículos de lujo, por mucho que sean los más valorados por ellos.

mendigo ruso

 

Conocer Moscú

Si hay algún lugar que encarne mejor la imagen que todos tenemos de Moscú, ese es la Plaza Roja, escenario de todos los gobiernos rusos. Pero hoy, la plaza ha perdido su aire marcial. El Centro Comercial GUM, estandarte del comunismo, convierte a la Plaza Roja es un escenario propio de las navidades. Su interior, con el impresionante techo de vidrio que lo corona, es algo así como el paraíso del consumismo; todo lo que puedas comprar está en las galerías. Y podríamos decir que hoy, el Centro Comercial GUM  atrae más visitas que el Mausoleo de Lenin enfrente. A Lenin lo puedes ver un día o dos, no cambiará -las momias no suelen hacerlo y si hay una excepción seguro que despierta el horror más que la admiración- pero los escaparates del Gum si que cambian al ritmo del marketing de marcas como Louis Vuitton, Dior, o Marina Rinaldi,  en una exhibición de precios que para la inmensa mayoría de rusos, y dos mochileros como nosotros, son impagables.

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Durante nuestro paseo por las galerías, el aire acondicionado nos fue muy bien en el agosto caluroso moscovita, valoramos sólo como una extravagancia, para no ser demasiado inflexibles, el llenado de unas de las fuentes del centro comercial con centenares de sandías a modo de decoración para un puesto que vende zumos naturales o una exposición de automóviles de colección por los pasillos, y, sólo como un descuido que el único aseo público estuviese en la planta superior, mientras que el aseo de lujo, que por cierto se da la circunstancia de que hay que pagar para disfrutarlo, estuviese en la planta baja al alcance de todos los curiosos que quieran disfrutar de una taza de váter  histórica.

Afuera, en la entrada a la Plaza Roja, por la Torre de Íver, está el que se considera el punto kilométrico cero de Rusia –como si los pasos se pudieran medir en una escala-. Según dicen, aquel que quiera volver a Rusia debe tirar una moneda al aire de espaldas al Kremlin. Si la moneda coincide con el centro del escudo de latón la persona volverá.

El caso es que en una situación de duda, la persona que lanzó la moneda no podrá comprobar si ésta calló o no en el centro. Algunos vagabundos circulan alrededor sin ocultar su intención. Según el peso de la moneda lanzada ellos se agachan a recogerla por turno, en cierto orden callejero que imponen. Sin esperar a comprobaciones, sin ocultarlo, sin molestarse a disimular y sin que nadie se contraríe. En realidad, parece ser un formalismo para dar limosna y no un ritual para volver a Rusia. Lo cierto es que se llevan todos los deseos en el bolsillo.

ladrones de deseos

 

 

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2 COMENTARIOS

  1. Rusia pasó de ser la cuna del comunismo a convertirse en el más inequitativo laboratorio del capitalismo donde lo que reina es la brutal brecha la clase social alta y la baja haciendo desaparecer casi por completo a la que otrora fue la única: la clase media. En fin, esa es la libertad del capitalismo.

    Me gustó mucho la entrada y me hiciste viajar por sus rincones 😉

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