Visita familiar a Monasterio de Piedra

Encajado como podía en el espacio sobrante del Seat Ibiza, mis rodillas tocaban la mochila que estaba entre el asiento y la guantera, iba pensando en que un utilitario también puede ser un gran coche familiar. Tenía mi paradoja viajera y estaba satisfecho.

Conducía Dani, el coche es de su madre, yo de copiloto, por lo que nos perdimos; detrás Ingrid, Myriam y entre ambas, Valentina, un bebé de 8 meses en su sistema de retención infantil, o SRI, que como toda familia viajera sabe y yo descubrí en este viaje, es una especie de capazo homologado para la seguridad vial. Técnicamente, un Maxicosi.

Crónica de una visita familiar a Monasterio de Piedra

Esta es la historia de una visita familiar a Monasterio de Piedra, mi primer viaje en familia; una prestada, la de Dani, Ingrid y Valentina, del blog The Backpack Traveller, a Monasterio de Piedra, en Nuévalos, Zaragoza, con la asociación Barcelona Travel Blogers.

Entrada al hotel

Entrada al hotel

El Viaje

Salir de Barcelona un viernes por la tarde con destino a Monasterio de Piedra es un buen plan, aunque en el coche no haya espacio para muchas comodidades; cuatro bodys, dos pantalones largos, dos jerséis, una chaquetilla, tres pijamas, cuatro camisetas y veinte pañales ¡Veinte! La crema del culo, la hidratante, el jabón, champú, y la colonia para bebé requieren de su espacio. Es el espacio de Valentina y de su carrito. Es la protagonista, y como tal, su equipaje en plan vedette ¿Alguien dijo claustrofobia? No… Aventura; así se llama, ahora lo sé, el viajar con un bebé.

La carretera nos va cambiando, el paisaje nos acerca. Miro por la ventanilla entre conversación y conversación con Dani. Elvis, que como dice Andrés Calamaro no está muerto, nos acompaña en el equipo de música del coche. Sí ¿Alguien puede dudar que Valentina no tiene buen ojo musical?

Tengo un detallado mapa que ha preparado Cris, pero como soy un despistado acabamos perdiéndonos. Llegamos tarde, muy tarde. Y los amigos de Madrid Travel Blogers ya han llegado y nos esperan impacientes para cenar en el comedor de Monasterio de Piedra. Lo único que me consuela, y al resto de compañeros de viaje, es que vamos cargados de comida, la de Valentina. Pero la despensa, verduras (zanahorias, puerro, cebolla, patatas), fruta (naranja, pera, manzana y plátanos), leche en polvo y cereales, nos pueden sacar de un apuro. Y a falta de cubiertos, los dos biberones y las tres tetinas que nos acompañan pueden servirnos. Total, no se enterará nadie…

Monasterio de Piedra, un hotel-monumento

El Hotel del Monasterio de Piedra se encuentra en lo que fue un antiguo monasterio cistercense que data del siglo XII, y que por aquello de la Desamortización de Mendizábal acabó en manos privadas. Pero esto a Valentina parece no interesarle en absoluto. Esta mañana se ha despertado como de costumbre, a las siete ¿Para qué tener un despertador si puedes tener un bebé?

Interior del hotel

Interior del hotel

Dejamos el pasillo de las habitaciones hacia recepción. El Hotel del Monasterio de Piedra tiene sesenta y dos habitaciones, que fueron los antiguos dormitorios de los monjes de la Orden del Císter. Son las nueve de la mañana y a esta hora un bebé, y no menos el resto del grupo, quiere desayunar. Subimos las escaleras, formidable ejemplo de arquitectura renacentista, y Valentina deja de lado su elefante de peluche para perder la mirada en el juego abovedado del alto techo.

Ya en el comedor del restaurante Reyes de Aragón, la niña toma su biberón matinal, y el resto de bloggers carga pilas para afrontar todas las actividades del día con suficientes garantías. Una visita familiar a Monasterio de Piedra está llena de cosas que hacer; así que todos nos ponemos el traje de súper papás y ¡A la carga!

Un paseo por la historia de Monasterio de Piedra

Los visitantes que siguen a la guía alrededor del claustro cistercense no ven que Valentina le ha dado otra vuelta al mordedor, le están saliendo los dientes, y aunque no lo recuerde bien sé que es una experiencia desagradable. Creo que por ello no presta la debida atención a la historia que nos cuentan. Las ruinas se me antojan más ancianas aún si las comparo con los tiernos dientes de un bebé.

Conjunto histórico de Monasterio de Piedra

Conjunto histórico de Monasterio de Piedra

Durante la visita guiada se pueden ver algunas de las joyas del Monasterio de Piedra: la Sala Capitular, donde se reunían los monjes; el altar barroco dedicado a San Benito, fundador de la orden; la Abadía, una iglesia sin bóveda, que se derrumbó tras su abandono; la cilla que era el granero monacal y que hoy se utiliza como museo del vino y de la vida de la Orden Císter en el Monasterio.

Un parque de atracciones temático con cascadas

El rumor del agua de las cascadas y el intenso verde hacen que Valentina deje de lado su sonajero, y ni siquiera juega con sus manos, que ha descubierto hace poco. Y es que estamos ante una de las joyas de la corona, el plato fuerte de toda visita familiar a Monasterio de Piedra.

Una de las cascadas del parque natural

Una de las cascadas del parque natural

Como contraste a la sequía general de esta zona de Zaragoza y Calatayud, encontramos el Parque Natural del Monasterio de Piedra, declarado Paraje Pintoresco Nacional en 1945, y hoy Conjunto de Interés Cultural en la categoría de Jardín Histórico. El recorrido entre fantásticos saltos de agua, riachuelos y estanques alimentados por el Río Piedra puede ir desde unas tres horas a lo que necesites para dejar de asombrarte o tener las fotos que quieras de la cascada Caprichosa, o la del Baño de Diana, o la Cola de Caballo que, con noventa metros de caída, es la más alta de todas.

Exhibición de aves rapaces

Que estas sean tierras de buitres parece no hacerle gracia a Valentina, o quizá sea que se acerca la hora de la papilla de verduras y carne (pollo, pavo o ternera) por lo que llora mientras la empresa que gestiona el centro de aves rapaces nos enseña cómo trabajan. Dani se encarga de calmarla antes de la exhibición que va llenando de familias el recinto. Sin duda ver el arte de la cetrería en directo, el vuelo de los halcones, o ver pasar justo por encima de tu cabeza un buitre con toda su envergadura desplegada son reclamos más que interesantes para una visita familiar a Monasterio de Piedra.

Belleza en vuelo

Belleza en vuelo

Ventajas de una familia prestada

Pues sí… Hasta aquí, ésta es la parte de una visita familiar al Monasterio de Piedra. Pero por suerte, y no te lo tomes a mal, Valentina, que lo nuestro fue un flechazo, que no sé si sería el sombrero o qué que no me quitaste ojo desde el primer momento, ni, claro, yo tampoco, pero, cómo habríamos podido disfrutar los dos de una cata de vinos de Denominación de Origen de Aragón como la que preparó Vinos Divertidos o, más aún, de las instalaciones de spa que tiene el Hotel de Monasterio de Piedra. Aquí por suerte, tus papis verdaderos son Dani e Ingrid, pensé mientras me relajaba de eso de ser padre en un colchón de burbujas.

Lo nuestro es un flechazo

Lo nuestro es un flechazo

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