Excursión a Sandicove

Una visita al James Joyce Museum

Ahí estábamos, a mitad de camino de una rampa, en un ceda el paso; Cris aún con la costumbre de mirar a la derecha y con el mapa de carreteras donde había marcado la ruta para ir desde el centro de Dublín a Sandycove, al James Joyce Museum.

Yo con el coche calado, un disléxico buscando el freno de mano y la palanca del cambio de marchas que alguien había movido de sitio. En medio del pánico, volver a arrancar el coche, meter primera, levantar el freno de mano y apretar el pedal, tal como me enseñaron en la autoescuela y poco a poco, con el ceño fruncido y el sombrero ladeado, mirando al lado contrario donde en España y, en cualquier otro lugar civilizado, viene el tráfico, acelerar y levantar el pie del freno coordinadamente, poco a poco, y… Coche calado. Por enésima vez. Ya el pánico se estaba volviendo una monumental y bíblica furia desatada, lo cual hace que se me encienda el rojo de la cara, frunza el ceño y me muerda la punta de la lengua y, cuando ya estaba a punto de que me girara la cabeza como a la niña del Exorcista y pulverizar con los rayos de mi mirada al siguiente peatón risueño que pasara por delante, conseguí que el coche se moviera con algún trompicón que otro mientras Cris suspiraba entre resignada y aliviada.

La excursión a Sandycove, para visitar el James Joyce Museum, el inicio del Ulises de Joyce, empezaba como se lo merecía, complicada, como la lectura de la novela, una de las mejores de la Literatura Universal pero difícil de leer por toda su simbología, su estructura e innovación en recursos narrativos. Casi tan difícil como conducir un coche inglés con cambio de marcha manual si no eres inglés.

Sandycove

El inicio del Ulises

Conseguimos llegar a Sandycove, al sur de Dublín, el pueblo costero donde tiene lugar el inicio de la novela de Joyce. Sólo a dos kilómetros desde el puerto de Dublín, pero que nos costó casi una hora alcanzar (es lo que tiene perderse, que al final uno llega cuando buenamente puede).

“Se adelantó con solemnidad y subió a la plataforma de tiro. Dio media vuelta y bendijo tres veces, gravemente, la torre, el campo circundante y las montañas que despertaban. Luego advirtiendo a Stephen Dedalus, se inclinó hacia él y trazó rápidas cruces en el aire, murmurando entre dientes y moviendo la cabeza.”

La torre a la que hace referencia el fragmento de la cita es la Martello Tower de Sandycove. Hay numerosas torres como esta en toda la costa, alrededor de Dublín se conservan unas veinte. Todas iguales, todas circulares, con una plataforma de tiro desde la que observar el mar; pero ésta es especial. En esta torre vivió James Joyce y en ella decidió dar inicio al Ulises, la novela que plasma la controvertida relación amor-odio que el autor sostuvo toda su vida de apátrida con Dublín y lo irlandés. Hoy en día es el James Joyce Museum.

Martello Tower de Sandycove

Martello Tower de Sandycove

La excursión a Sandycove nos lleva a un pequeño pueblo costero, lugar vacacional para los que buscan el contacto con el mar y la tranquilidad en el paisaje. Casas lujosas, mansiones llenas de detalles, jardines cuidados, una especie de aire a balneario en el ambiente, como de alga y sal y poca cosa más… Sorprende que sea el mismo pueblo, entonces un suburbio de Dublín de poca categoría, donde James Joyce vivió casi en la miseria, castigado por sus tormentos, incapaz de adaptarse a ningún lugar que no fuera un pub, descuidado con la familia y amigos, vivaracho en los excesos.

Hoy, Sandycove, a parte de ser un lugar de retiro para gente acomodada, es lugar de peregrinación para todos los amantes de la literatura, para los mitómanos de James Joyce.

El James Joyce Museum

Entrar en el museo de la torre es hacerlo en el mundo de James Joyce. En la planta baja se exponen como reliquias cualquier objeto que tenga que ver con el autor, sus carismáticas gafas, cartas a íntimos, editores y sableados varios, carteles de la época, la primera edición del Ulises de 1922, la guitarra y el chaleco de Joyce, el baúl que vio Trieste, Zurich o París; pero una vez que subimos al primer piso es cuando nos damos de bruces con la intimidad de James Joyce, allí, expuesta, la vida doméstica de un genio de la literatura, un pequeño catre oxidado que aún parece marcar los sueños del autor en su colchón, una mínima estantería con potes y algún libro, una mesita, un altar más bien, donde trabajaba. El ambiente pobre de un inadaptado que sólo sabía mirar la realidad desde la literatura.

Habitación de James Joyce

Habitación de James Joyce

Siguiendo las escaleras de caracol, se alcanza la plataforma de tiro de la torre, el lugar del inicio del Ulises. Y ya nunca volverá a ser igual la lectura del primer capítulo de la novela, porque a partir de entonces, cada palabra leída tendrá un espacio real y no el evocado por la literatura. Desde allí las vistas de toda la bahía de Dublín, el mar que cada año, en la máxima celebración mitómana a James Joyce, visitan los curiosos durante el Blommsday, el 16 de junio, la fecha en la que transcurre el Ulises.

Sin duda, visitar el James Joyce Museum es entender de otra forma el incio del Ulises de James Joyce.

Un solo día puede albergar toda la dificultad de la vida, pero también toda su belleza.

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