Walter Benjamin en Portbou

  • Ruta por la localidad fronteriza donde Walter Benjamin se suicidó
  • Collioure y el exilio (Antonio Machado)

Es una noche de septiembre y el pasajero extranjero, que había partido de la esperanza para recorrer el abatimiento, se encuentra en el punto y final que está a punto de ocurrir, en este hostal. La policía le ha negado el sello de entrada; él y los que le acompañan pretendían cruzar España, la franquista, hasta Portugal para atravesar el océano y llegar así a  América. Ahora saben que les niegan el paso y les obligarán a cruzar la frontera de nuevo, de vuelta a  Francia, donde el campo de concentración. Ha caído la noche en esta pequeña población de costa. Hace un rato que meditan la angustia y la fatiga, sentado en una silla de respaldo duro, y en la mano aguarda el pequeño frasco. Han sonado las diez justo hace un rato y mira escueto las pastillas de morfina ¿Lucidez o abismo?

“Tan ruda y traidoramente lo golpeó esta vez la evidencia, que en un gesto automático alargó su mano hasta el nochero, donde estaba el frasco de pastillas, y lo cogió; luego no supo cuánto tiempo estuvo contemplando pensativamente su contenido, como si calculara fríamente la manera de sacar de él el máximo provecho, hasta que al fin se decidió” (El Pasajero Benjamín, Ricardo Cano Gaviria).

Walter Benjamín en Portbou

El pasajero extranjero que se suicida es Walter Benjamín, y lo hace en Portbou, la noche del 26 de septiembre de 1940, después de comprender que no puede escapar del fascismo, la España franquista y la Francia ocupada son fronteras inevitables para el pensador judío. El exilio es una separación, una ausencia, física e ideológica. También es un silencio, el de los que decidieron callar porque tenían qué guardar y el de los que no tenían más opción que hacerlo. Un silencio rotundo.

En total Walter Benjamín pasó doce horas en Portbou, localidad fronteriza y costera de la provincia de Girona. Del misterioso vía crucis de exiliado que padeció hoy podemos recorrer algunos espacios de memoria.

La Estación Internacional de Portbou

El paso a Francia en ferrocarril se encuentra en el punto kilométrico 97, 2 de la línea Barcelona-Cerbère, en la Estación de ferrocarril de Portbou, donde el ancho de vía ibérico no tiene continuidad. A partir de aquí, el ancho internacional. Y no fue hasta 1968 que se ideó el intercambiador de ancho para los míticos TALGO, hasta entonces, los viajeros que querían cruzar la frontera debían hacer alto en Portbou, el trasiego de viajeros temporales por las calles de la pequeña localidad contrastaba con la rutina diaria de sus habitantes.

La silueta de la Estación de ferrocarril de Portbou es fácilmente reconocible por su marquesina de estructura de hierro realizada por los talleres del arquitecto Joan Torras i Guardiola, conocido como el Eiffel nacional por su manejo y uso del hierro. La Casa Torras, Herrería y Construcciones, por aquellas coincidencias caprichosas de la Historia, es más conocida por un discípulo que por las obras que realizó por toda Cataluña; claro, aquel discípulo era un tal Antoni Gauidí. El contrapunto a la marquesina lo pone la Iglesia Neogótica de Santa María, que se encuentra pegada a la vía férrea, casi en un espejismo, diríase que circula como un convoy de tren.

Estación de Portbou

A esta estación se dirigió Walter Benjamín nada más llegar a Portbou; como estación fronteriza, disponía de una aduana y centro de sanidad nacional, donde todo viajero de paso debía inscribirse. Fue el inicio del final. La negación es el adverbio más cruel. Walter Benjamin en Portbou, salió de allí escoltado por dos guardias para hacer noche en el Hostal França.

El desaparecido Hostal França

Hay nombres que construyen historias. Quizás si el hostal se hubiese llamado Liberté, Walter Benjamín no se habría suicidado y aún hubiera insistido algo más, quizás hasta la libertad. Pero no fue así. Aquel hostal vería el final del filósofo, del pasajero extranjero que no podía volver a la Francia ocupada, tan lejana en tan poco tiempo a aquel otro París que experimentó. Walter Benjamin en Portbou decidió su destino en este hostal.

“En una situación sin salida no tengo más opción que ponerle fin. Será en un pueblo de los Pirineos en el que nadie me conoce donde mi vida se acabará. Le ruego lo transmita a mi amigo Adorno. No me queda tiempo suficiente para escribir todas las cartas que me hubiera gustado”.

Dijo su compañera de exilio, Henny Gurland, que así se despidió.

Antiguo Hostal França

El Nazismo se encargó de hacer desaparecer a uno de sus enemigos, igual que hoy la especulación inmobiliaria ha borrado de un plumazo aquel antiguo hostal, la habitación número cuatro, escenario dramático de las últimas horas de Walter Benjamín. A sabiendas se derribó un espacio de la memoria y hoy, como una metáfora, queda un solar vacío. Crítica de la estética puesta en práctica por una excavadora.

El cementerio de Portbou

En lo alto de Portbou se encuentra el cementerio donde fue enterrado Walter Benjamín. No es un cementerio cualquiera; está bien situado, soleado, domina las vistas sobre la cala y en los días ventosos el viento se encarga de escampar todas las historias que de otra forma sólo serían anónimas tras las lápidas que poco dicen.

cementerio de Portbou

La lápida más buscada, las otras aún tienen descendientes que las saben localizar, es la del filósofo alemán. Una lápida falsa en un nicho falso. Lo cuenta Juan Goytisolo en un artículo; los 70 dólares que llevaba Walter Benjamín sirvieron para pagar al médico que atendió su muerte, los gastos del entierro y un alquiler de nicho por un periodo de cinco años, como si el cuerpo sólo estuviera de paso, como buen pasajero, como pensador en tránsito que siempre fue en vida. Lo cierto es que pasado el periodo, el cuerpo fue desenterrado y acabó en alguna fosa común y, parece ser que, ya pasada la posguerra, algún responsable del cementerio, arto de que a menudo los visitantes le preguntaran por la tumba del filósofo, se la inventó. Así de sencillo o así de picaresco o así de propio en España, donde la propina es lo más importante, y si no hay respuesta no hay propina y habiendo tumba, había respuesta.

El Memorial a Walter Benjamín

Por fortuna hay monumentos que quedan en recuerdo del cuerpo. Así el memorial a Walter Benjamín, obra de Dani Karavan, y que es memoria también del exilio, de aquellos más anónimos pero que lo sufrieron igual, se construyó con motivo del 50 aniversario de la muerte del pensador.

memorial Walter Benjamin

Intervenida la naturaleza por Karavan, ésta se convierte en un largo pasillo, donde nos convertimos en pasajeros, espectadores de una sensación, la del exilio, en un túnel con luz al final, la del mediterráneo, cristalina, limpia como una esperanza. La que un supo, o pudo, ver Walter Benjamín, para siempre, el pasajero extranjero, el misterio.

Ruta por la memoria de Walter Benjamin en Portbou

Ruta Walter Benjamin en Portbou 2

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