Ernest Hemingway en África

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Viaje a África con Ernest Hemingway

  • Tres textos del escritor ambientados en África
  • Una narración de un personaje de ficción

Fragmentos del diario de Ernest Hemingway

Los preparativos

Me llamo Ernest Hemingway, como el escritor americano, pero no tengo nada que ver con él, ni en lo bueno ni en lo malo. Por eso desde siempre me llamo E.H. Así, tan estéril como dos siglas vacías en equilibrio. Soy un ser sin identidad.

El viaje a Kenia que tengo que emprender sólo es una casualidad más en mi vida. Nada de la atracción por África que sentía Ernest Hemingway. En mi caso, sólo se trata de un viaje de trabajo, no como en el escritor que da sentido a mis siglas, que las dio antes del suicidio, mínimo. Estoy a punto de emprender un viaje a África, y se me antoja un simple juego de reflejos otra vez con un fantasma, otra vez más como un fantasma.
Por eso lo estoy leyendo. Dos relatos y un libro autobiográfico. Él sí tuvo biografía más allá de las siglas.

Ernest Hemingway en África

Ernest Hemingway, el del premio Nobel y no nuestro personaje, visitó África dos veces, en 1933 y en 1953. Afamado cazador, viajó a África para realizar sendos safaris. Era la época gloriosa de los safaris, de los acaudalados cazadores americanos y europeos que se cobraban piezas a golpe, y a tiro, de cupón. El escritor viajaba cargado de literatura, de lecturas sobre el continente y su exploración.

Durante varias semanas, guiado por un cazador profesional, recorrió la llanura del Serenguetti, cazando leones, búfalos y rinocerontes. De esa experiencia dejó tres testimonios escritos, y así vivió Ernest Hemingway en África:

“De modo que se quedaron sentados a la sombra. Habían instalado el campamento bajo unas acacias de ancha copa, y detrás de ellos había un precipicio salpicado de rocas, delante una extensión de hierba que iba hasta la orilla de un arroyo lleno de rocas, y más allá un bosque. Tomaron sus bebidas de lima, enfriadas al punto, y evitaron mirarse a los ojos mientras los criados preparaban la mesa para comer.” (De la breve vida feliz de Francis Macomber, Ernest Hemingway).

Collection. John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston

Collection. John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston

  • Las verdes colinas de África

Libro autobiográfico donde sincera su pasión por el continente. El espíritu intrépido del autor encuentra el espacio necesario en la región del Kilimanjaro. Y si bien, a cualquier lector moderno le contraríe las escenas de caza y de trato recibido a los esclavos (es la África colonial), el libro se lee como un gran relato de viajes y aventura. El resto forma parte del debate.

  • De la breve vida feliz de Francis Mancomber

Uno de los cuentos magistrales de Ernest Hemingway. Lleno de lecturas en su estilo conciso. Cuenta la historia de uno de los muchos cazadores que acudían al reclamo de la aventura de un safari. El autor, conocedor del ambiente de los safaris y de las tradiciones de África, utiliza la experiencia iniciática de la caza para plasmar una relación de infidelidad y del miedo universal.

  • Las nieves del Kilimanjaro

Uno de los relatos más conocidos de Ernest Hemingway, ejemplo de que no era para nada un autor simple, que sí, quizá su estilo, pero no en la profundidad de lo dicho, aunque sólo nos deje ver la punta del iceberg, o precisamente por ello, el resto nos lo deja a nosotros, a la imaginación. La historia es una elipsis. A la muerte sólo te puedes aproximar andando elípticamente. Eso es lo que cuenta el relato, la próxima muerte de Harry, un escritor, el escritor, encontrada durante un safari en forma de gangrena de una pierna. Para Ernest Hemingway la muerte está representada por las nieves perpetuas del Kilimanjaro.

La vuelta

En Kenia comprendí que mi verdadero nombre es Ernest Hemingway, nada tengo que ver con el escritor, ni en lo bueno, ni en lo malo. Pero en mi estancia en Kenia, en el Valle del Serenguetti, bajo una acacia, en contacto con la naturaleza, llené de sentido mis iniciales sin pegar un solo tiro, sin descerrajar una bala, sin victoria como la de aquel otro que me ha perseguido, pero vencedor al fin. Algunos encuadres certeros, los cinco grandes, el leopardo, el elefante, el león y el búfalo, fotografiados, no en una lucha contra la naturaleza, y sí como recuerdo de mi hazaña, y, por fin, por primera vez, mi nombre completo, más allá de las iniciales en equilibrio vacío.

Vuelvo de Kenia dispuesto a enfrentarme a mi biografía. Y quizás no sea más que imitar el suicidio de aquel que se llamó como yo. Soy más que Ernest Hemingway en África.

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4 COMENTARIOS

  1. Excelente aprendí mucho del autor norteamericano en Cuba, visité su casa la finca la Vigía un lugar paradisiaco recuerdo que lo hice a través de una la agencia http://www.booktocuba.com tuve buena experiencias con ellos por eso dejo el link
    Saludos y gracias por el post

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