Los viajes por la vista entran
Hace unos días, Eli, una amiga, aprovechando que conoce
nuestra debilidad y afición por los viajes, sean propios o de extraños, nos
mostró algunas fotografías (las que acompañan a este texto) del último viaje
que había realizado: Venecia.
No sabemos si es porque es una de esas ciudades fotogénicas
que cualquier perfil le es bueno, o, porque, sencillamente, una imagen motiva y
sugestiona tanto la imaginación que, al marchar nuestra amiga, nos miramos y
sin premeditación, al unísono nos dijimos aquello de y si volvemos a ir… ¿Y si
vamos a Venecia?
Y decimos volver porque hace mucho tiempo que ambos, por
separado, habíamos ido a visitar Venecia en el típico y clásico viaje de fin de
curso. Tantos finales de cursos y tantas visitas y rutas por Italia, por
aquello de estudiar el arte clásico en directo, que un poco por cansancio, un
poco por desidia, ya hace demasiado que no visitamos la ciudad.
“Otra vez se presentaba
a la vista la magnífica perspectiva, la deslumbradora composición de
fantásticos edificios que la república mostraba a los ojos asombrados de los
navegantes que llegaban a la ciudad; la graciosa magnificencia del palacio y
del Puente de los Suspiros, las columnas con santos y leones, la fachada
pomposa del fantástico templo, la puerta y el gran reloj, y comprendió entonces
que llegar por tierra a Venecia, bajando en la estación, era como entrar a un
palacio por la escalera de servicio. Había que llegar, pues, en barco a la más
inverosímil de las ciudades.” La Muerte
en Venecia, Thomas Mann.

Pronto
iremos a comprar máscaras a Venecia; no aquellas que
recordamos, baratijas y detalles y recuerdos para turistas que se pueden
encontrar en cualquier tenderete de la calle y que previo regateo guardas en
una bolsa de plástico. No. Para esta próxima vez quizá vayamos
a alguna de las
tiendas artesanales más importantes: Ca’ del Sol, que parece ser tiene unos
precios muy acordes o, por ver, ya que sus precios son algo más prohibitivos,
La Bottega dei Mascareri. Seguro que nos llevaremos alguna
Dottore Peste, la
típica máscara veneciana de nariz pronunciada.


Ya
estamos buscando alojamiento en Venecia donde dormir y
desde el cual ir a la
Plaza de San Marcos para releer algún pasaje de
La Muerte
en Venecia de Thomas Man mientras, levantando la vista, volver a reconocer esos
edificios tan famosos de la plaza como la
Basílica de San Marcos, el
Campanile
de ladrillo rojo, el
Palacio Ducal,
La Torre del Reloj, las longitudinales
arcadas de las
Procuradurías… Montar en alguna
góndola veneciana para recorrer
el
canalazzo y ver las fachadas libidinosas de los palacios góticos o la belleza
de
Santa Maria della Salute.
¿Quizás demasiado típico? Es posible… Pero este año queremos volver a pasear por Venecia un fin de semana de esos que a uno le da por escapar.