El Principito en Barcelona

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Un ilustre visitante

Hay libros que guardan y esconden; otros muestran verdades: El Principito es uno de esos. De esos libros que muestran que lo esencial es invisible, que se puede mirar todo de nuevo, que somos demasiado ridículos cuando nos vamos haciendo mayores…
Por eso El Principito es un clásico al que conviene volver de vez en cuando. Tenemos que  recetárnoslo cada tanto, ni mucho, ni poco, solo lo suficiente, solo cada vez que al mirar un dibujo nos cueste ver a la serpiente que se ha tragado a un elefante y en cambio solo veamos un sombrero. Entonces es el momento…
Hay muchos lugares en el Mundo que recuerdan a Antoine de Saint-Exupéry y a su pequeño príncipe y Barcelona no podía ser menos. En concreto hay dos rincones que pasan desapercibidos en la ciudad, que son anónimos para la gran mayoría, casi invisibles. Pero mejor así, porque ya lo sabemos, lo esencial es invisible. Al principito no le van bien los grandes fastos.
El Mural del Principito
Aquí está bien acompañado. Un patio rebosante de energía infantil, de ilusión y juego, de alegría en el arrastrar juguetes por el suelo, de risas y voces de niños que disfrutan. Un muro pintado por los padres de los niños de la Escola Bressol El Petit Príncep, hace ya unos 6 o 7 años. Un muro y el Principito vigilando que el mundo de los adultos no entre sin permiso en el mundo de las risas.
 El-Principito
Jardines de “El Principito”
En un cruce de caminos, entre las calles de Alella, Satanyí y Alloza, en el barrio de Porta, en Nou Barris, donde antes solo había un descampado, hoy se puede encontrar un jardín dedicado al personaje. En frente de la escultura, según diseño del dibujo ganador de un concurso de niños sobre la obra de Antoine de Saint-Exupéry, hay un parque infantil que acompaña la dosis de filosofía, “Lo esencia es invisible” con sonrisas, que no son más que la vibración de lo esencial, la forma de tocar lo invisible.

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