Recordando Oporto

El destino de todo viaje 

Este texto se basa en fotografías de nuestra    cuenta Instagram

El destino de todo viaje es el recuerdo, es su forma de mantenerse vivo  porque los viajes, aunque no nos lo parezca, tienen vida propia y, en cierto modo, son ellos los que nos pertenecen y no al revés.
Hace unas semanas que volvimos del viaje a Oporto, pero la ciudad sigue  presente en nuestra mirada, se empeña en seguir produciendo esa vibración de cuando todo es nuevo. La seguimos sintiendo como se siente un amor clandestino: con rubor, con vergüenza de pensar que no somos merecedores, pero con el breve alivio de inmortalidad que nos produce. Es verdad. Creemos habernos enamorado de la ciudad del Duero. Creemos que, como algunos otros lugares, va a permanecer durante tiempo muy cerca de nosotros, estampando de azulejos los días cotidianos.
El viaje a Oporto no quiso marchar, abandonarnos en el aeropuerto, decirnos adiós. O sí, pero no pudo ¿Pudo? Pudo ser; pero no fue. Se quedó finalmente, sin marcha atrás, por ahora. Consuelo de rutinas, permanece con nosotros.
Permanecen las gaviotas recortadas a contraluz y también las gaviotas en el cielo del crepúsculo de la ribera.

Sigue la ropa tendida, las vidas pasadas, el fluir popular y cotidiano.

Se mantienen vivos aún los azulejos en los reflejos, en las esquinas divinas, en las caricias de las sombras caprichosas.

Resisten como la piedra contra el cielo, las casas, esparcidas, amontonadas, cubistas, pero, por el contrario, también las ordenadas, en primera fila frente al Duero.

Finalmente, siguen las maderas de un tiempo pasado, en una decadencia voluntaria. Sigue Oporto presente, sin decir adiós, aún, todavía, cerca, viva. Sigue sin abandonarnos, en el recuerdo, su destino, un reflejo.


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3 COMENTARIOS

  1. La verdad es que Porto es de esas ciudades que marcan a uno. Yo no sé que tiene, pero a mí me encanta también ir allí. Parece tener vida propia más allá de sus habitantes, como un alma oculta que la hace más ciudad y más viva. La ropa tendida, como decís, el misterio de caminar por sus calles, la añoranza de la piedra y los fados… Áy! ¿Qué tiene Porto para hacernos sentir melancolía? 🙂
    Esta mañana ha empezado inmejorable!

  2. Es una ciudad con un encanto muy especial. Y aunque es una frase muy manida, en este caso tiene sentido. Podría ser fácil dejarse llevar por un vistazo rápido a las fachadas desconchadas, a la rua das flores sin flores, la pintura perdida hace mucho… y salir corriendo. Por contra, apetece descubrir más y más rincones, azulejos, librerías, catar los inabarcables oportos, y dejar que pase el tiempo… Esa melancolía, romanticismo, sentimiento de fatalidad que lo inunda todo, nos recuerda muchísimo a Hungría. Un país que nunca nos cansaremos de recomendar.
    Saludos!

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