Cinco libros de viajes

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Títulos para regalar en Sant Jordi

Recuerdo el primer viaje que hice. Fue a través de las palabras, circulando libremente por una historia, adelantándome a lo que podría ocurrir, deseando llegar, sintiendo la frustración de una expectativa rota o  volviendo atrás, qué fácil dar unos pasos de vuelta cuando uno está leyendo, a recuperar pasajes que me hacían especialmente feliz.
Sí, mi primer viaje fue a través de la lectura. No fue físico; pero sí, también, en cierta forma lo fue. Y desde aquel primer viaje, no he dejado de viajar leyendo ¿Qué cuál fue el destino? Nada menos que Rusia. Todo un recorrido por Siberia con, siendo, el correo del zar, Miguel Strogoff, con catorce años, más o menos… Toda una aventura que dio origen al placer de la lectura.
libros para viajar
Por eso cada 23 de abril es una fiesta. El día internacional del libro, La Diada de Sant Jordi, es una de esas jornadas anuales que llega después de mucha impaciencia ¿Qué puede ser mejor que regalar un libro? ¿Y una rosa?
Si buscáis libros de viajes para regalar a un amigo viajero empedernido, o a un amigo que necesite viajar, o a un amigo que no le gusta viajar, o, porqué no, a vosotros mismos, por qué no regalaros un buen rato de lectura, de  ensoñación viajera, quizá, si buscáis un buen libro de viajes, os sirva alguna de las siguientes recomendaciones.

En el camino (On the road)

“Con la aparición de Dean Moriarty comenzó la parte de mi vida que podría llamarse mi vida en la carretera.”
Destino: Carreteras de Norteamérica y México.
Una de esas biblias que no deben faltar en toda buena estantería viajera. El mito que fue escrito en un impulso sobre un rollo kilométrico de papel de calcar por Jack Keurac, uno de los apóstoles de la generación beat.
En los mares del sur (In the South Seas)
“[…] y decidí quedarme.”
Destino: Islas Marquesas, las Pomotú, Hawai, las Gilbert y Samoa, asentándose definitivamente en la isla Upolu
El penúltimo viaje de Robert Louis Stevenson le llevó, escapando de la enfermedad, a los Mares del Sur que le proporcionarían unos últimos años de vida entre islas paradisíacas,  acompañado de indígenas con acierto en nombrar, pues el autor, fue conocido allí como Tusitala (el narrador de cuentos).

En la Patagonia (In the Patagonia)

“En el comedor de la casa de mi abuela había una vitrina, con un trozo de piel en su interior. Un trozo pequeño, pero grueso y correoso, con mechones de pelo áspero y rojizo.”
Destino: La Patagonia, Argentina.
Controvertidas verdades las del Baudelaire moderno. Bruce Chatwin estilizó tanto lo que veía que, al final, su estilo se enriqueció en un libro que no es un documental, aunque también. Sólo una advertencia: No regales este libro si quieres mantener cerca a la persona que lo reciba. Será leerlo y que le entren ganas de dejarlo todo a través de una mochila.

Viaje a Italia (Italienische Reise)

«Este viaje maravilloso no responde al deseo de formarme falsas ideas sobre mí mismo, sino al de conocerme mejor. Cuando llegué aquí, no aspiraba a nada…”.
Destino: Roma, Italia.
Cuando todo viaje era un viaje de iniciación, Goehte fue uno de sus máximos exponentes. Si crees que nunca tendrás el tiempo suficiente para descubrir Italia, si eres de los que piensa que abarcar el origen de lo que somos es tarea de una vida, entonces este libro será el viaje que nunca terminarás.

París era una fiesta (A Moveable Feas)

“La primera vez en mi vida en que encontré a Scout Fitzgerald, ocurrió algo muy extraño. Muchas cosas extrañas ocurrieron con Scout, pero aquello no he podido olvidarlo nunca”.
Destino: París, Francia.
París en los años 20. Una generación golpeada por la guerra buscando una forma de vivir. Unas memorias póstumas de Hemingway que nos muestran un París tan deslumbrante tanto por los personajes (sólo citar a Gertrude Stein, Ezra Pound, Scott Fitzgerald o Picasso haría temblar a cualquier capital de la modernidad actual)  que la compartieron, como por la belleza de la ciudad de la luz, del amor, y, también, en esa época, del hambre, el frío y la urgencia de vivir.

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5 COMENTARIOS

  1. Que cosas, los tenemos (y leídos) todos. 🙂 Los de Stevenson, Chatwin y Goethe los podría perfectamente releer ya mismo. Por contra, los que menos me motivan a hacerlo, son el amigo Jack, que me parece enormemente sobrevalorado, elevado a la estratosfera literaria en una época y un país, Estados Unidos, que buscaba desesperadamente mitos en todas las artes, los creó y supo venderlos.
    Y, en cuanto a Ernest no se si llego hasta lo que J. Irving calificó como el mayor fraude de la historia, pero la verdad es que no me engancha. Y lo he intentado.

    Un abrazo!

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