En una cafetería de Oporto

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Primero llegó el. Se sentó en el banco, debajo de la Torre dos clérigos. No se quitó el abrigo, los últimos días de febrero eran fríos en Oporto. Quizá por ello entró en la cafetería; al igual que nosotros, seguro que buscaba un lugar donde calentarse. Con la crisis, hace tiempo que en la ciudad han comenzado a florecer negocios low cost. A nosotros, que también cargamos la crisis desde España, nos iba bien tener un lugar barato donde sentarnos a descansar de las caminatas.
Al poco rato llegó ella, pequeña, con un carro de la compra más vacío que lleno. Le dijo hola con la mirada y se sentó junto a él que llevaba rato leyendo la prensa. En el momento justo de la fotografía, ella le sigue  mirando quizá como lleva años haciéndolo, como desde que eran jóvenes y por delante sólo estaba la vida, con esa mirada de enamorada aún.
Él se levantó. No le hizo falta preguntar lo que ella quería tomar. Tal vez siempre acaben la tarde de compras con un café con leche. Y justo antes de dirigirse a la barra donde resoplaban las cafeteras y la gente hacia cola, se agachó levemente al pasar por delante de la mesa y la besó en la mejilla. Ella le continuó los pasos con la mirada serena y feliz, con la misma mirada de siempre, como de enamorada aún.

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9 COMENTARIOS

  1. Creo que pocas ciudades son tan fotogénicas en blanco y negro como Oporto. Tiene algo de melancolía, muy de fado, que la hace única. Esa escena podría darse en otro lugar, pero en ninguno como allí.
    Baltasar Gracián estaría orgulloso de este relato, 🙂
    Un abrazo!

  2. 100% de acuerdo con Guisante Verde. Este ha sido mi cuento de buenas noches. Cada vez me engancho más a vosotros. Gracias por regalarnos esas letras y ese punto de vista desde más alla, desde el corazón. Por regalarnos la cotideaneidad como si fuese una sorpresa.
    Un gran buenas noches de mi parte 🙂

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