A veces los viajes no deberían seguir un orden cronológico, a veces,
mejorarían si pudieran ser un salto tras salto de sensaciones y experiencias.
Ni siquiera al narrarlos a la vuelta tendríamos que hacer caso a la línea
cronológica ¿Es que no podemos vivir un viaje sólo de noche? ¿No es posible
explicar un destino sólo por momentos temporales? ¿No puede tener un día cuatro
amaneceres?
Nos cayó la noche y tan atareados
andábamos visitando Londres que casi no vimos por dónde vino.
Por eso este post sólo va a vivir de noche… Una eterna noche londinense (como
se suele decir, con nocturnidad y alevosía). Si Barcelona de noche es naranja y
si París es violeta, Londres se antoja roja y apocalíptica, con su horizonte
iluminado, con
los nuevos inquilinos del sky line, protagonista el sorprendente
rascacielos
Shard, y siempre presente
Sant Paul, iluminada su cúpula de blanco, completando el horizonte de modernidad que la envuelve,
como en un futuro inventado y artístico de algún loco escritor de ciencia
ficción.
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| Siempre Sant Paul |
WESTMINSTER BRIDGE
Una ciudad que juega a cruzarse y descruzarse por entre puentes nunca puede
ser aburrida. Los puedes cruzar desde una punta y después volver a la ribera
contraria desde otro puente que desde la lejanía te brinda una perspectiva
diferente de los pasos dados. Posiblemente uno de los puentes más fotográficos
de la ciudad, con permiso del eterno Tower
Bridge, sea éste, el Westminster
Bridge. Desde él se puede iniciar un paseo por el Támesis y, desde él se
puede fotografiar el Big Ben y la London Eye en encuadres muy lúdicos.
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| El ojo en la ranura |
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| Acrobacia |
Descendiendo los escalones hacia la ribera nos espera un agradable paseo. A
estas horas, además de turistas, muchos londinenses vuelven a casa del trabajo,
por lo que la zona está muy animada. Puedes encontrar artistas callejeros, como
el que te hace una fotografía montado en una moto de época o el que te hace una
escenificación cinematográfica para gracia y deleite de los que observan.
Puedes comprar golosinas para hacer más dulce el paseo y también acercarte a la
zona de skates y ver los graffitis y a los patinadores haciendo piruetas. Todo
ello además de las consolidadas atracciones turísticas del lugar: la London Eye
o el Aquarium o los barquitos que te pasean por el Támesis.
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| Una perpendicular librera |
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| La postal |
PICADILLY CIRCUS
La mítica intersección de Londres pierde todo su encanto con la luz diurna
y sólo durante la noche alcanza su máxima expresión con sus enormes letreros
publicitarios que lanzan destellos de neón y vídeo a las aceras y coronan la profundidad
de campo de cualquier cámara que se precie en inmortalizar tópicos viajeros.
Grupos de personas que esperan, como lugar de encuentro es perfecto, el
rumor de la circulación de los taxis y de los autobuses más fotogénicos del
mundo, las fachadas neoclásicas iluminadas con colores atrevidos. Toda una
atracción callejera con su Eros de aluminio mostrando que la desnudez en un
país tan frío y lluvioso no es un inconveniente, con Trocadero Center o con las galerías Burlington Arcade para perderse entre escaparates al refugio de la
inclemencia nocturna o el mítico Criterion
Theatre, con el eco centenario de tantos aplausos teatrales.
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| Pantallazo en Picadilly |
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| Sólo autobús |
COVENT GARDEN
El Mercado, icono arquitectónico de la ciudad, con ese estilo industrial de
vigas y cimbras de hierro abovedadas, no cierra de noche. Se convierte en una
popular plaza nocturna, zona de paso
hacia los pubs y restaurantes del distrito. Bajo el techo casi cincuentón
siempre se encuentra animación de gente y música en directo o, incluso alguna
representación de teatro, y puedes pasear mientras te deleitas viendo tu silueta
borrosa reflejada en los escaparates de las tiendas chic, estas sí, con la
noche, cerradas; pero mejor así, esquivando el turismo de compras y los
tumultos de bolsas. De noche, es un buen lugar para descansar de la caminata
del día y tomar una buena pinta y picotear algo, si es que el presupuesto te lo
permite, y preparar la visita a los diferentes
puntos de interés del barrio. El
mercado siempre te recibe cálido con su iluminación entre amarilla y anaranjada
que hace que la sensación térmica del frío se reduzca.
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| La luna |
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| Paseando la noche |
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| En primerísima fila |
TOWER BRIDGE
El levadizo puente con sus dos sólidas torres es todo un mirador a la
nocturnidad del Támesis, a la voracidad moderna que le ha entrado a la ciudad
con la llegada de los próximos Juegos Olímpicos. La ciudad no deja de
coleccionar un gran número de edificaciones y proyectos urbanísticos que hacen
del sky line todo un parque de atracciones, lleno de grúas enormes, estructuras
de edificios por acabar o acabándose en pequeños detalles, pero, sobre todo,
lleno de luces. Curioso, el Tower
Bridge, marco del Londres más antiguo, se ha convertido en un perfecto mirador
para asombrarse con la modernidad del Rascacielos Shard, o bien, en la ribera sur, con el proyecto de Foster que
albergará el nuevo Ayuntamiento.
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| Semáforo en rojo |
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| La modernidad |
SOHO
Si en Londres hay un barrio nocturno por antonomasia, rojo y caliente,
animado y pintoresco, canalla como un verso de Sabina, ese no puede ser otro
que el Soho londinense. Poco hay que decir de nuevo del pequeño China Town tan versado en adornos y
ornamentos orientales o de los picantes y muy gráficos aparadores de los Sex
shops, ni de la animación callejera y gentes pintorescas que aguardan desde una
esquina la llegada de algo de aquella suerte que perdieron un día tras una
botella de alcohol, ni de los cafés nocturnos, ni de los pubs, ni de la amplia
oferta de restaurantes. Nada que decir de nuevo, más que al pasear por sus
calles peatonales es posible sentir la vibración de un ambiente nocturno de
neón y de bohemia trasnochada, algo gay y lleno de curiosidad por todo el que
pasea por allí. Así que para disfrutar hay que vestirse de voyeur y participar
con la mirada.
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| China en una calle |
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| Atrevimiento con puerta abierta |
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