¿Qué podemos hacer en Dubai?
Pues… Ir a la playa
Mira que hay cosas que hacer, visitar y, sobre todo, comprar en Dubai y,
diréis, a estos dos les da por irse a la playa, como si no hubieran visto nunca
una… Pues sí, nos dio por irnos a dar un baño. Pero es que hay que entender que
no podíamos dejar pasar la oportunidad de mojar los pies en
El Mar Arábigo. Así
dicho
¿A que parece que lo de ir de playeros es toda una aventura? A nosotros
eso de pegarnos un chapuzón en
El Golfo Pérsico nos parecía maravilloso. El
Golfo Pérsico… Nos sonaba tan lejano por aquellos días del año 1990, cuando en
la CNN nos daban imágenes de una extraña guerra de imágenes verdosas y
nocturnas. Y mira por donde, muchos años después, allí estábamos, cerca de
Iraq, visitando Dubai y con la oportunidad de darnos un chapuzón.
Nos habíamos informado previamente sobre la posibilidad de acudir a la
playa, pensando que al tener
Emirátos Árabes tanta costa no encontraríamos
ningún problema; pero bueno… La cuestión es que nos aconsejaron acudir a algún
club privado. La razón es que, aún su imagen de modernidad y, hasta cierto punto occidental, Dubai, en realidad, no
deja de ser un país musulmán, con todas las características y condiciones que
de ello se deriva. Una importante es que
el hecho de que una mujer muestre su cuerpo en bañador o biquini provoca una
reacción similar a la que las alemanas producían en España en los sesenta; es
decir, impresión, aspavientos varios, comentarios, murmullos, y curiosidad. Y
es por ello que todos los guías, recepcionistas de hotel y camareros
coincidieron en que la mejor manera de disfrutar de un día de playa era
acudiendo a un club privado, donde este tipo de escenas, decían, no sucedían y
estaríamos más tranquilos.
Ya podéis imaginar que no fuimos a
ningún club privado.
¿Qué gracia podía tener?
Hay muchos clubes privados, como el del
Hilton Dubai Jumeirah, el del
Meridien Mina Seyahi, o el club del
Atlantis. Casi todos los hoteles de
lujo de la costa, por no decir todos los de
los distritos de
New Dubai y
Jumeirah tienen su propio club, sólo tienes que tomar un taxi y pagar por
entrar. A nosotros nos llegó la información de la existencia de una playa
pública, justo en el extremo de la popular, y más concurrida,
Russian Beach, siguiendo
Jumeirah Bulevard, justo en el lateral del
Hotel Burj Al Arab.
Para llegar tuvimos que tomar el metro. Dubai tiene un sistema novedoso,
con la mejor tecnología, limpio y con una arquitectura espectacular de sus
estaciones. Además, y esto es evidentemente, es un metro de superficie ya que
la arena imposibilita excavar túneles. Pero es un contratiempo que tienen muy
bien resuelto. Todos los vagones son estándar y mixtos, sobre todo para los
turistas y occidentales, aunque también se puede encontrar un vagón sólo reservado
para las mujeres y niños, curiosamente, justo al lado de los asientos de
primera clase, sí, hasta en el metro buscan la distinción. En concreto
descendimos en la parada Mall of the
Emirates, son así de prácticos y las estaciones coinciden con las mejores
atracciones de Dubai, en una sinergia de marketing y logística del transporte
urbano muy curiosa.
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| Esperando en el andén |
Una vez que salimos de la estación nos dimos cuenta de que aún debíamos
dedicarnos una caminata (así son las distancias allí, extensas) que al
realizarla a unos 40 grados hizo de nosotros unos sedientos expedicionarios que
cuando vieron a lo lejos la pequeña parcela de playa, no supieron si llorar o
brincar de alegría.
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| La playa en El Golfo Pérsico |
Finalmente llegamos, y podéis imaginar que con muchas ganas de remojarnos y
llenarnos de arena, así que directos al agua, jugando con las olas y sintiendo
la sal del Mar Arábigo en la piel. Encontramos a algunos turistas más tumbados
tomando el impecable sol que caía vertical a esas horas. Con el ánimo y la
emoción de zambullirnos no nos dimos cuenta de la frenética actividad que se
daba a unos pasos, justo en el paseo del Jumeirah
Rd. Allí, incansables, iban llegando taxis y otros vehículos particulares,
que paraban un momento, descendía alguien y tranquilamente se quedaba mirando
hacia el mar. Y no, no es que estuvieran deleitándose con la naturaleza, o al
menos, no desde la perspectiva de contemplar el mar. Vamos que todos los
hombres que llegaban se dedicaban a la saludable actividad contemplativa de
observar biquinis y bañadores de las señoritas que allí estaban. La imagen era
muy divertida; incluso, diríamos que inocente, así que no acabamos de entender
tanta obsesión por recomendarnos clubes privados. Ver es gratis y, en todo caso,
nunca nos sentimos acosados.
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| Taxis llegando para el espectáculo |
Así estuvimos un buen rato de la mañana, en remojo, tomando algunas
notas y documentando algunas actividades que habíamos programado. Tocaba
volver. Removimos nuestra mochila para contar cuánto dinero teníamos en efectivo
¿Por qué? Pues porque la simple idea
de dedicarnos a andar otra media hora hasta llegar a la estación del metro, con
la arena pegada en nuestros cuerpos y con el calor, nos hizo temerosos de tal
tentativa suicida. Así que lo mejor fue coger un taxi para que, al menos, nos
acercara a la estación de Mall of the
Emirates. Nos diréis tacaños, pero el presupuesto siempre es limitado, al
menos hasta que algún sponsor se digne a financiar nuestras escapadas (esto es
broma).
¿Con qué imagen nos quedamos de la
pequeña aventura?
Curioso. No se trata del mar, tampoco de la divertida actividad de
observar que se da por parte de los hombres que acuden a ver a las turistas.
No. La imagen fue otra. Una que dice mucho del país que es Dubai: En la
estación del metro, aprovechamos, con el aire acondicionado del recinto, ya
frescos, para sacudirnos un poco la arena de las zapatillas, no era cuestión de
ir dejando un reguero de por nuestro paso, y allí, en un rincón poco
transitado, nos quitamos algo de la arena como lo más normal del mundo. Y acto
seguido seguimos el camino de la escalera mecánica para descender al andén. En
un momento dimos la vuelta, en ese extraño tic de girar la cabeza para dar una
mirada a aquello que uno deja atrás. Y entonces, en aquel momento, dos
trabajadores de la limpieza, dos inmigrantes o “invitados de trabajo” como
gustan decir allí, se entretenían en pasar un gran escobón por los restos
areniscos que habíamos dejado. Así es Dubai, una ciudad en la que todo debe permanecer perfecto a la vista de los
visitantes (un lugar en el que la mano de obra es excesivamente barata).