Viaje a Nápoles

Una ciudad con dos almas

El Escudo de Nápoles está dividido en dos partes simétricas. Es una especia de ying y yang clásico que sustituye el blanco por el color oro y el negro por el rojo. Su sentido se ha perdido, quizás en el sufrimiento melancólico de Parténope, la sirena que no pudo seducir al inteligente Ulises y que dio nombre a la ciudad antigua que abandonaron tiempo después  los colonos griegos por la Néa Polis, Napule o, ya en italiano, Nápoles.


Lo cierto es que Nápoles se contagia de la esencia de contraste de su escudo: es capaz de manifestar un gusto exagerado por lo popular a la vez que  puede alcanzar lo más aristocrático. El rojo es popular porque es exaltado; el dorado, aristócrata porque es ambicioso. Eso sí, siempre se vive en la calle. Lo mejor que puedes hacer en Nápoles es acudir a sus calles, plazas, terrazas y miradores ¿Y qué ver en Nápoles?


Lo aristócrata

Nápoles quizá por su localización, en un golfo asentado con el Vesubio de faro, está franqueado por dos imponentes castillos que gritan defensa. Son el Castillo Maschio Angoino y el denso Castel dell Ovo, ambos con manifiesta capacidad bélica. Pero no todo son armas; también hay espacio para conspiraciones cortesanas en el Palacio Real de Nápoles o en el de Capodimante, con sus bellísimos jardines de puro esplendor verde.

Castillo Maschio Angioino

De misa en la Catedral

Entrando a San Genaro


Éste último te lo puedes encontrar en la gigantesca Piazza del Plebiscito, radial y clásica, enmarcada por las columnas de de la Basílica de San Francisco de Padua que gana en magnificencia gestual a la más comedida Catedral de San Genaro. No hay que olvidar nunca la importancia del rezo en la cultura latina.



Y en cuanto a lo más festivo, por la parte aristócrata, podemos pasear bajo la cúpula de las Galerías Umberto Palazzi y reflejar nuestras suelas en su pulido mármol. O, quién sabe, es posible vivir una noche en la ópera, como los hermanísimos, en el Teatro San Carlo.

Piazza del Plebiscito

Galerías Umberto


Lo popular

Quien viaje a Nápoles y no pasee por Vía Toledo, por la pesebrista zona de San Gregorio Arnero o por el desesperado Barrio Español nunca sabrá a qué huele la ciudad, cómo suena el napolitano, cómo se tiende la ropa blanca en lo alto de la calle, ni sentirá la hermosura física de los napolitanos.


Mar de balcones Barrio Español

Molinillo de viento dando color


Vía Toledo es todo un escaparate de tiendas y de pallazzi; pero también es manifestación del quehacer cotidiano de los napolitanos, de su ajetreo, de su cultura de mirar, ver y ser mirado. San Gregorio Arnero vive sus días más populares entre noviembre y enero porque hasta allí llegan todos aquellos que buscan alguna pieza que les falta en su pesebre, tradición de representar con miniaturas el nacimiento católico de Jesús, y que también, todo son lazos culturales que saltan fronteras, es muy habitual en Cataluña ¿Y qué decir del barrio español? Barrio de mala fama, y no, precisamente por la que nos estamos curtiendo en cuestión económica en Europa, si no por su lado más canallesco y mafioso de la Camorra. Sus calles inclinadas y estrechas abovedas por la colada familiar tienen origen en el siglo XVII cuando las tropas españolas, que darían nombre al barrio, las trazaron.


De bricolaje

San Gregorio Arnero

Por último, si necesitas descansar del apabullante mundo urbano de Nápoles lo mejor que puedes hacer es encaminarte a su paseo marítimo; su efecto beneficioso es claro si vemos la cantidad de napolitanos que se aferran a su rompeolas y la cantidad de pescadores que faenan el golfo cotidianamente y que no esperan a llegar a casa para dar buena cuenta de las piezas que se cobran.


Paseo marítimo


Cuando recuerdes Nápoles será en colores rojo y dorado, en colores populares y aristócratas.

Conoce el lugar desde la lectura: Montedidio de Erri de Luca

ARTÍCULOS SIMILARES

0 0

4 COMENTARIOS

Deja un Comentario