Florencia (I)

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Deleite en el Centro Histórico 

Si por algo son famosos los antiguos romanos (vale, aparte de porque, según Astérix y Obelix, están locos) es por su capacidad bélica que les llevó a conquistar medio mundo. Pero pocas veces se habla de su acierto al fundar ciudades y, mucho menos, de su especial clarividencia al encontrar topónimos.

Este es el caso de Florencia que, tal como le suena a todo el mundo, significa florecimiento. Y a fe que tanto floreció que nos regaló el Renacimiento. Sin el Renacimiento nosotros no estaríamos aquí, o, al menos, no de la forma en que estamos, o, al menos, si estuviéramos, no disfrutaríamos del arte de Miguel Ángel, de Leonardo, Donatello, Giotto o, sólo por nombrar a los más populares, Brunelleschi y esto es incuestionable.
Renacimiento Italiano en Florencia
Cuando uno va a Florencia se contagia de arte. Eso es Florencia: bienestar artístico. Pasear por su Centro Histórico, Patrimonio de la Humanidad, es deleitarse, es encontrar una armonía. Florencia es, básicamente, perfección artística, belleza urbana, deleite de pasos. Cada palmo de la ciudad es un encuadre imposible. Imposible porque es difícil retratar tanta belleza. Pero despreciando el tema de la fotografía, Florencia es un deleite que viste de mármol, de mármol verde, blanco y rosa y desde las alturas contrasta con el marrón de los tejados.

El Centro Histórico de Florencia

Llegar a la Piazza del Duomo es enfrentarse a un desafío: uno no puede mirar a la vez tres obras arquitectónicas como son La Catedral de Santa María del Fiore, el Campanario de Giotto y el Baptisterio de San Juan, al menos con la debida atención que se merecen, cuesta un tiempo acostumbrarse al efecto del conjunto, así durante unos minutos vas andando con cara embobada. Un consejo: ensayad delante de un espejo, labio inferior ligeramente caído, pupilas dilatas, baba incipiente, vamos, como Homer Simpson cuando imagina una de sus cervezas Duff. Lo podéis tomar como modelo si vais a visitar Florencia. Nosotros no lo hicimos y después tuvimos que improvisar, aunque suponemos que nos quedó bastante bien, y, además, nos llevamos algún traspié.
¿Qué queréis? Uno no puede andar por ahí contemplando lo más sublime del arte del Renacimiento y a la vez, prestar atención a dónde pisa. Bueno, pues imaginadnos a los dos como dos gallinas locas allí en medio. Que si el Campanario de Giotto, alzándose tricolor, esbelto y ansioso de protagonismo, alineado a la fachada, reclamando atención su decoración escultórica, incansables durante siglos; que si la enorme cúpula de Santa María del Fiore, ingeniosa en su desarrollo tecnológico con sus 4 millones de ladrillos; que si el octogonal Baptisterio de San Juan, un lado por cada uno de los días que necesitó Cristo para resucitar. Vamos, un conjunto soberbio y sublime.

Pasado así un tiempo en la Piazza del Duomo, nuestra alma tenía ambiciones, ambiciones de alzarse y contemplar más. Dos opciones se nos presentaban: subir, peldaño tras peldaño, la escalera de 413 escalones que lleva a la parte superior del Campanario o, ya puestos, subir los 463 escalones hasta la parte superior de la Cúpula de la Catedral. Pensamos que seguramente, cincuenta peldaños más nos ofrecerían una situación privilegiada desde la que contemplar Florencia en estampa. El ascenso cumple con las expectativas porque a los ojos se expande un mar de tejados que llega hasta las colinas circundantes de la ciudad. Y entonces uno se pregunta cómo en el siglo XIV se podía llegar tan arriba y, a la vez, imagina la vida allí debajo de tantas gentes, con sus pequeñas historias diarias, con sus vidas, sus almas, su ropa tendida en los balcones abiertos, sus ratos de ocio y sus quehaceres laborales, sus amores y sus odios.

¿Cómo alguien puede vivir una vida normal rodeado de tanta belleza?

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13 COMENTARIOS

  1. Florencia enamora, eso no se puede negar… ya antes de que Homer soñara incluso con sus Duff, Stendhal tuvo su famoso síndrome al ver la belleza de la ciudad.
    Ah… y se tiene que subir a los dos sitios hombre 😉 así ves la cúpula desde arriba, desde el campanario, y el campanario, desde la cúpula. Hay que hacer más deporte! jajaja

  2. Jaja, divertida y acertada descripción de la sensación que produce encontrarse de súbito con el conjunto arquitectónico del Duomo, el Baptisterio i el Campanile desde cualquiera de las callejuelas que desembocan en la plaza. Visito cada año con alumnos Florencia y a partir de ahora vigilaré muy mucho la cara que pongo!!

    ¿Cómo alguien puede vivir una vida normal rodeado de tanta belleza? Siempre me lo he preguntado… Florencia y los florentinos tienen la respuesta!!
    Felicidades por vuestro blog!!

  3. Florencia es una de mis ciudades favoritas, la joya del Renacimiento, un museo al aire libre. Me encanta la plaza de la Signoria con el majestuoso Perseo y la no menos maravillosa estatua de el Rapto de la Sabina, de mi adorado Giambolona.
    Es una ciudad que respira arte por todos sus poros… es una ciudad imprescindible.
    Enhorabuena por el post.

  4. Ei! es una ciudad que tengo pendiente hace mucho tiempo!
    Parece preciosa! La verdad es que todos los sitios que he visitado de Italia siempre me han gustado. Hay arte por todas partes.
    Saludos!

  5. Qué maravilla! Estuve en Florencia hace muchos años, en mi viaje de fin de curso del Instituto (solo un día y claro me supo a poco). Ahora estoy estudiando Historia del Arte y me obsesiona volver a Florencia. Creo que voy a animar para el puente de mayo. Además he encontrado un descuento interesante en memimo: 8% en viajes Barceló. 🙂 http://bit.ly/barceloabril
    Carla

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