viernes, 24 de agosto de 2012

COSAS QUE HACER Y VER EN DUBAI (III)


La noche del Creek

Volvemos a pasar al otro lado del Creek. Lo mejor para dar la bienvenida a la noche en Dubai es sentarse en la ribera de Bur Dubai, en alguno de sus muchos locales y pedir un té o un narguile. Nos sentamos en una pequeña mesa, junto a un árabe que no tiene ni idea de inglés y que nos pide un dírham para un botellín de agua. Los camareros se ríen y nos ayudan a comunicarnos con ese viejito. Pedimos dos tés y un narguile, que nos trae un camarero enano de dimensiones menores a algunas de las cachimbas allí expuestas.
Es entonces cuando la zona se convierte en un espacio digno de Blade Runer. Los enormes edificios del horizonte se llenan de luces, la oscuridad va cayendo lenta pero inexorable, se iluminan las embarcaciones y se pinta la superficie del agua con concéntricas esferas luminosas de diferentes tonalidades. Llega un momento en que las voces de los minaretes inundan el ambiente, las luces de neón comienzan a lucir en el contraste nocturno, las volutas de los narguiles cercanos nos envuelven en aroma a tabaco y manzana, las voces se acrecientan, el entorno toma una vida refrescante y los expatriados salen a tomar el fresco que comienza a llegar en alivio al calor del día. Sorprende ver como en cualquier rincón se juntan grupos de hombres, sentados en el suelo o en bancos o con los pies colgando al Creek, huyendo del calor infernal que se ha ido concentrando en sus viviendas compartidas.

Es uno de esos momentos que hay que disfrutar lánguidamente, con las extremidades adormecidas, contemplando ese lugar que ya no es el mismo que cuando iniciamos la jornada. Y es extraño, pero a nosotros, son esa clase de momentos que nos despiertan el hambre.
Así que nos despedimos de nuestros recién estrenados amigos y nos alejamos paseando por la ribera, hasta llegar a un restaurante ubicado en una de las casas del muelle, que ya habíamos visto anteriormente, el Baytalwakeel Restaurant, con su fachada marrón de coral y yeso y con su terraza volada de madera. Perfecto mirador del continuo navegar de abras por la lengua de mar. Es al ir al lavabo que descubrimos la sorpresa que el restaurante encierra en su interior. A parte de restaurante el lugar también funciona como pequeño hotel y descubrimos que para llegar al lavabo hay que pasar por unos pasillos y subir unas escaleras que conducen a una azotea.

Ya sabéis que nos gustan las incursiones aventureras y es así, como acabamos escalando una pequeña escalera de pie y de pronto, nos encontramos solos sobre la azotea, con las mejores vistas del Dubai antiguo y nocturno, a un lado las abras y el cielo iluminado, y a la otra, el zoco de Bur Dubai aún con actividad. Solos. Con el murmullo de voces bajo nuestro, con los sonidos de la noche, con una fantástica luna llena chocando con los minaretes y con esa sensación de felicidad que te invade cuando piensas, cuando te das cuenta, que estás viviendo un momento especial, un momento de belleza, único e irrepetible.

Y fugaces pasan las imágenes de la mañana y de la tarde, no necesariamente en un orden cronológico, de nuestro deambular por el Creek de Dubai.

3 comentarios:

  1. Esa descripción de caer la noche me ha encantado y lo de subir una escalera y encontrate casi sorpresivamente con la vista nocturnas debe ser genial

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  2. Un buen relato, dan ganas de ir a Dubai, y eso que es un destino que a priori no nos llama mucho, :) Resulta curiosa esa asociación con Blade Runner; nosotros la tuvimos en la primera visita nocturna a Bangkok.

    Saludos!

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  3. Gracias! Es un destino que puede llegar a sorprender mucho, si te sacas todos los prejuicios con los que partimos. Demasiadas visiones interesadas sobre el Dubai de lujo... Tampoco es un lugar como para estarse un mes; pero sí que puede ser una zona muy interesante!

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