Pamplona en encierro nocturno

No me llamo Robert Cohn, nunca he boxeado y, por supuesto, nunca he sido campeón de pesos medios de Princeton. Nunca, como tampoco E. Hemingway, he corrido los sanfermines. Pero sí he visitado Pamplona. Así pues, puedo decir que conozco dos ciudades emblemáticas en el autor de El Viejo y el Mar: París y Pamplona.

La ciudad y el autor están unidos por Fiesta(The Sun Also Rises), novela escrita en 1926 que, desde entonces,  no ha hecho más que acrecentar la fama mundial de Pamplona. Pero aunque parezca mentira con tanta mítica, para conocer su centro histórico es mejor elegir cualquier día que no se encuentre entre el chupinazo y el “pobre de mí”; es decir, que para visitar Pamplona lo mejor es esquivar las fechas situadas entre el 6 y el 14 de julio. Considero  que es mejor sustituir el alboroto propio de los sanfermines por un paseo más pausado. Cierto, no habrá toros; pero sí pinchos con calma y reposo. La distancia del encierro, los 849 metros, se demorará  así según el capricho del paseante y el vino, y no por la urgencia de evitar una cornada.

Mi paseo, como buen noctámbulo, fue al caer la noche. Aunque hay que precisar: no esperé  la noche para dar el paseo, sencillamente es que llegué de noche. Fue dejar la mochila en el único, y muy recomendable, hostel de la ciudad y salir al encuentro del paseo. Uno de esos paseos en soledad que tan bien hacen de vez en cuando. Así fue, y ya sabéis que ni me llamo Robert Cohn, ni he boxeado, ni corrido los sanfermines.

CUESTA DE SANTO DOMINGO

Justo en el límite del casco antiguo de la ciudad, empieza el encierro. No hay mozos preparándose, es una fría noche de febrero, amarilla por la luz de las farolas. Pero parece sentirse el eco del cántico famoso: “A San Fermín pedimos, por ser nuestro patrón, nos guie en el Encierro, dándonos su bendición”. Seguro que está impregnado en las piedras del Camino de Ronda que se inicia justo aquí. Tengo la noche literaria y decido substituir allí donde se menciona a San Fermín por Hemingway, y donde dice Encierro, vida. Me quedo satisfecho. Bajo caminando, con las manos en los bolsillos, que saco solo de vez en cuando para hacer alguna foto con mi cómoda compacta. No hay un alma en la calle. Hace frío. Me siento bien yo sólo divagando.

PLAZA DEL AYUNTAMIENTO
De la estrecha y pétrea fachada del Ayuntamiento de la ciudad sale lanzado el chupinazo y con su estruendo da inicio a la fiesta y a la algarabía. Ahora sólo se escucha el eco apresurado de algún viandante que se dirige a casa bajo la misma lluvia fina que me está mojando a mí. Una lluvia, una soledad, que nos une y que nos aleja. Su sombra, hacia una dirección y la mía pisándome los pasos. La plaza del consistorio es amplia, allí se recibe la fuerza de la manada y la carrera es amplia. La lucha es de igual a igual, cada uno con sus armas. El destino se aceptó hace tiempo.

MERCADERES

El tramo menos peligroso de todo el encierro. Aquí las apuestas se pagan poco. Camino y el suelo resbala en sus adoquines. Los toros corren aquí encajados entre las paredes de los edificios. Es como el destino ¿Creemos en el libre albedrío? ¿O sólo tenemos una dirección hacia la que correr? Estas suelen ser las preguntas que me hago. No tengo respuesta. No la tendré nunca, sólo una cierta sensación de una verdad que no puedo concretar en palabras, y que, de pronto, en una curva repentina de noventa grados pierdo. Es la curva de Mercaderes. Aquí siempre se resbala. Los toros resbalan y los corredores resbalan y las certezas resbalan.

CALLE ESTAFETA

La más famosa de la carrera y donde se presencian momentos más bellos de lucha. Por ello, es el tramo más masificado. Pero ahora, está casi desierta. Los últimos que fueron de pinchos se van marchando y me los cruzo de vuelta al Hostel Hemingway. La sombra del escritor es alargada ¿Por qué acabó suicidándose un hombre tan vital? ¿Fue su último acto de chispa consciente? Qué paradoja. Otra pregunta que no tiene respuesta. Los toros ya están cansados y los corredores se crecen. Delante de las astas hay que ser valiente, como delante de los problemas.

TELEFÓNICA

Los problemas a veces te siguen y cuando crees que los has dejado atrás te adelantan para volver a encontrarse contigo. Hay pasados que nunca dejan de serlo. Les pasa lo mismo a los toros, en este tramo el peligro viene de que los toros ya están agotados, la manada se disgregó y muchos de ellos, perdidos en la vorágine festiva se paran, se dan la vuelta y buscan a algún corredor al que clavar sus astas en prueba de su rebeldía natural.  Hay que saber recortar siempre. Yo también empiezo a estar cansado. Es más, estoy cansado.

EL CALLEJÓN Y LA PLAZA

El triunfo es de quien llega. Ulises al final de su aventura llega a casa. Al final, siempre se llega. Aquí se acaba el encierro, un tramo estrecho y cerrado es una falsa victoria, quizás como todas. Pero los corredores que consiguen llegar y esquivar la última derrota de los montones humanos son recibidos en la Plaza. Dejo el triunfo para otro día. A veces vivir una victoria es cansado. Continúo hacia el Hostel. Necesito meterme en la cama, necesito sentir la felicidad que queda después de un paseo, después de sentir la bravura, el peligro, la pluma seca de Hemingway. Necesito meterme en la cama y sentir la felicidad. 

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8 COMENTARIOS

  1. Yo soy de los que visitó la ciudad en esas «malas» fechas, en plena fiesta y, como dices, vi más gente y fiesta que monumentos y fachadas…
    Queda en el debe, hay que volver sin toros por en medio 😉

  2. Conversación imaginaria con Ernest

    Hemingway: Nunca escribas sobre un lugar hasta que estés lejos de él

    Yo:Me cuesta pensar que haya lugares de los que se pueda estar lejos.

    Hem: Claro, si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará vayas donde vayas, todo el resto de tu vida.

    Ya se que esta vez se trata de Pamplona (todo empieza por Pa), y de que ya no estamos tan jóvenes, pero yo también estube allí hace unos años, a principos de primavera, recorriendo esas calles grises y vacías, y también pude sentir la fuerza de sus adoquines.

    Ahora que me lo haces recordar con tu post, creo que Pamplona en las frias noches es uno de los sitios donde se refugia esa melancolia dulce, ese spleen, esa saudade… ese regalo para los que soñamos con frases perfectas.

  3. Uno de nuestros favoritos: el paseo nocturno. Una gran idea este post. La noche siempre aporta otro punto de vista a lo conocido, en este caso, el contraste entre lo imaginado y lo real, que reflejan las imagenes, es magnífico.

    Saludos!

  4. Nos pasa como a vosotr@s y como a los guisantillos verdes (con todo nuestro cariño, eh!)… Que nos gusta ver y recorrer los lugares a la luz del día… Y a la de la luna, las estrellas y las farolas… Aunque eso suponga, como en este caso, dejar la mochila nada más llegar y callejear a pesar del cansancio… ¡Es emocionante llegar a cualquier sitio nuevo y poder andarlo! Casi se puede palpar el ambiente de Pamplona en vuestro recorrido… Que, de paso, nos abre el apetito de Hemingway!!! 😉

  5. Gracias por el comentario-post, Fly me to the moon ¿Para cuando tu propio blog? Entonces te pediremos poder colaborar nosotros!!
    Gracias a ti, Carfot. Sí, parece mentira, que detrás de las imágenes de tanta multitud en los sanfermines, haya una ciudad que pasear.
    Saludos, Guisantillos (jajaja, con cariño, eh!!… Los paseos nocturnos son esenciales para la salud mental de los lunáticos y demás gente de mal vivir literario.
    Gracias Viajes de Primerísima!! Nos sentimos satisfechos sólo con que se os haya abierto apetito de Hemingway.

  6. Hay Pamplona, Pamplona, que ganas de ir a conocerla!! Tuve la oportunidad cuando era jovencito y no fuí!! y ahora me encantaría ir por San Fermines, no por el ambiente en si, ya sabes que no nos gusta la fiesta, ejem, sino por celebrar ese santoral en el mejor lugar posible.
    Jajajaja…. Zxx

    Un saludo chicos!!

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