Londres en verde

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Cómo recorrer el Hyde Park y el Kengsinton Garden montados en bicicleta.


Hay lugares a los que les otorgas una personalidad, un carácter, una esencia y, entonces, por siempre se quedan así fijados en nuestro personal imaginario. Por siempre, a no ser que algún elemento altere ese fotograma de la memoria, al que recurrimos como a un contacto fotográfico. Así me ocurrió con Londres. Mi primera visita a la ciudad fue durante un viaje de fin de curso, en la prehistoria de esto de viajar y escribir sobre viajes. En aquel entonces, miraba Londres desde los ojos de alguien que apenas no había salido de su pueblo para vislumbrar algunos rasgos fugaces de Barcelona. En la mente adolescente de un amante del Rock, Londres se convirtió en un lugar mágico, donde las calles de Camden y Picadilly Circus eran la modernidad física.

Así quedó fijado Londres en mi mente, como una ciudad llena de luz, música, movimiento, tiendas, mercadillos y perritos calientes. Por eso cuando hace poco volví a Londres con Cris y ella me propuso visitar los parques de Londres, yo puse esa cara que quiere decir ¿Estoy escuchando lo que estoy escuchando? Y suerte que la escuché, bueno, la verdad es que ella sabe hacerse escuchar. Así que suerte de ello. Sí, suerte, porque ahora Londres en mi imaginario es algo más compleja, ya no es sólo la idea de una urbe moderna, ahora, también, tiene la sencillez de un parque, de un banco, de un paseo en busca de ardillas.

Un horizonte verde
Los cinco parques principales de Londres son: El Hyde Park, Kengsinton Garden , St. James Park, Green Park y el Regent’s Park. Parecen iguales, pero no lo son, cada uno tiene sus propias singularidades. Nosotros además pudimos visitar el Primrose Hill, como propina, con unas fantásticas vistas de la ciudad, desde un banco dedicado a un viejo soñador, una ciudad que tiene esta costumbre, la de convertir en altares profanos el recuerdo por alguien, se merece todos nuestros respetos literarios.
El lugar del Soñador
Lo que ocurre cuando visitas tanto parque además de patear y patear las aceras de la ciudad es que uno acaba bastante cansado, vaya obviedad ¿no? Por eso nosotros os recomendamos utilizar el servicio público de bicis, que, por cierto, es mucho más efectivo que el que utilizamos en Barcelona, en el que necesitas darte de alta previamente y tener una cuenta corriente vinculada a tu tarjeta. Evidentemente puedes utilizar la bicicleta no sólo para los recorridos verdes de los parques, también puedes aventurarte por el resto de la ciudad, aunque esto lo desaconsejamos ya que no conocer por donde circulas, además de la siniestra singularidad manifestada al conducir, hace que ir en bicicleta se convierta en un deporte de riesgo. En Londres si tienes una tarjeta de cualquier banco puedes coger una bicicleta por el módico precio de  una libra durante 30 minutos máximo y a lo largo de 24 horas, entre otras muchas tarifas más que se pueden elegir. Sólo tienes que acercarte a una especie de cajero donde se sitúan todas las bicicletas, y después de seguir todas las indicaciones de la pantalla táctil te emitirán un ticket con un código de tres dígitos que debes introducir justo donde está anclada la bicicleta. Avisamos que del uso, los dígitos están borrados, así que tienes que fijarte bien que el botón del uno sea el uno, el del dos, el dos y el del tres, el tres. Si la luz es roja o bien te has equivocado en el orden de los dígitos o la bicicleta está fuera de servicio. Prueba otra vez, si la luz es ámbar, acertaste porque significa que se están procesando los datos, finalmente cuando el testigo se ponga verde puedes desanclarla y salir de ruta. Hay que tener en cuenta que si te pasas de los 30 minutos de tiempo montado en la bicicleta, sin llegar a ninguna parada donde anclarla nuevamente, te cobran una penalización según el tiempo excedido (tampoco gran cosa si no es que te estás dos horas de más, el sistema está pensado para desplazarse no para pasear). Ni se te ocurra quedártela todo el día seguido porque entonces la broma puede salirte muy cara, unas 45 libras.
Montados en bicicleta fue como recorrimos el Hyde Park, desde su carismático Speaker’s Corner,  y el Kensington Garden y pudimos disfrutar del parque, del césped, del día nublado de invierno, de las ardillas, del frío, de la elocuente felicidad de ser extranjero en Londres, un Londres que por fin se me deshacía de aquel imaginario adolescente.

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4 COMENTARIOS

  1. Mi primera vez en Londres fue hace dos años y aunque todavía no he regresado digo mi primera vez porque es imposible no volver. Pasear por el Hide Park es como tomarse un respiro de la gran ciudad aunque no pensé en alquilar bicis y veo que es muy recomendable, la próxima vez.

    Un saludo !!!

  2. Hide Park es precioso, nosotros lo visitamos en Fin de Año, y parte del lago estaba congelado, la verdad es que me gustó mucho poder disfrutar de un parque como ese en el centro de la ciudad.
    Ha sido un acierto visitarlo en bici, mola.

    Saludos.

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