Zaragoza a otro ritmo (III y último)

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Cuando viajas con tu madre visitas cosas que probablemente por ti misma no visitarías. Así fue como acabé  visitando la colección de los tapices de la Catedral de la Seo. Evidentemente, en primera instancia, no me parecía la mejor forma de pasar el poco tiempo que nos quedaba en Zaragoza; pero ya que el día había amanecido lluvioso y algo destemplado y dada la especial insistencia de mi madre por realizar la visita, acabamos por tomar la decisión. Y debo decir que  finalmente fue un acierto y no me arrepentí  de dejarme llevar por ella, ni siquiera al hacer algo de cola para acceder a la Sala de la colección.


La Catedral del Salvador en su Epifanía de Zaragoza, no me extrañó que con tal nombre la gente allí la rebautizara pronto como La Seo, alberga en la sala capitular, el Museo de los Tapices, el más importante a nivel internacional. Me pareció asombroso que ya en el S XV existiera tal voluntad decorativa sin que se entendiera por entonces aún la idea de comodidad o del confort en las estancias. Eso sí, la pretensión del adorno fue bellamente trabajada en algunos de los tapices que se muestran, de gran tamaño y profusión de detalles, en parte para cubrir los muros desnudos de las construcciones.

Cuando acabamos de visitar la catedral y los tapices, y antes de emprender el viaje de regreso a Barcelona, pudimos dedicarnos de nuevo a los caprichos gastronómicos. No era cuestión de marchar de Zaragoza sin degustar el Dulce de anchoa. Sí, ya me diréis, cómo puede ser un dulce de anchoa, cuando la principal característica de la anchoa es que  es muy salada, pues bien, sí, resulta que si la combinamos con una confitura, crema de queso y chocolate rizado, el sabor que se logra es un tanto extraño,  pero, eso sí, al fin, un plato exquisito, buenísimo y desde luego sorprendente ¿Y dónde saborear esta excentricidad culinaria?  Pues resulta que es una típica tapa de Bodegas Almau, un lugar muy de moda en El Tubo, pero que ha sabido guardar su aspecto de taberna de toda la vida, como las de antes, con su bodega de vinos y todo, con sus mesitas y sus asientos a base de botas antiguas, aún con sus posos de vino tinto marcando la madera.

En el poco tiempo que aún nos quedaba para tomar el autobús y llegar a la Estación de Delicias, pudimos visitar alguna taberna más. Realmente, el viajar a Zaragoza a otro ritmo se refiere a esto: a cuidar los tiempos, a dedicarlos al goce más placentero y sedentario, al mantel, a los cubiertos y a las charlas con mi madre. Viajar con Alex es diferente; siempre de un lugar a otro, saltando, estirando el presupuesto casi hasta la inanición, buscando y perdiéndonos con los planos y las largas caminatas. Y sí, por supuesto que me gusta viajar con él. Pero con mi madre, bueno, pues eso… Que nos cuidamos mucho más, relajadas, con otras motivaciones. Y  sobre esto me dedicaba a reflexionar en la taberna Vinos Nicolás, durante algún breve paréntesis de la charla, larga charla materno-filial, que estaba resultando ser los tres días en Zaragoza. Acompañadas, casi ya resulta vergonzosamente goloso decirlo, con algunos fritos caseros, como las croquetas de jamón enormes, empanadillas de atún y alitas de cangrejo.  Según ellos “Posiblemente está usted ante la mejor Taberna del Tubo”.

Así que después de hacer nuestro último recorrido por el centro de la ciudad regresamos felices y satisfechas de nuestra maravillosa escapada a Zaragoza, una ciudad próxima y muchas veces olvidada por el turismo, pero que personalmente recomendaría visitar a quien busque historia, modernidad y ganas de comer bien. También, cómo no, a todos quienes  quieran pasar unos días con su madre.

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3 COMENTARIOS

  1. Un dulce de anchoa???? Puff!! No dudo de lo exquisito que pueda ser, pero no sé yo si me gustaría…
    Yo me quedé con ganas de visitar la Seo cuando estuve en Zaragoza, pero el día que fui no abría salvo para misas.
    saludos

  2. Sí, es extraño lo del dulce de anchoa… Pero esa clase de cosas son las que dan sentido a viajar. Descubrir y probar con ilusión…
    Lástima por lo de la visita a La Seo… Cuando fui podías entrar previo pago de una entrada (unos 4 €)que permitía visitar la catedral y el museo de los tapices.
    Bueno… Así ya tienes excusa para volver!
    Gracias por el comentario!

  3. Pues a mi lo del dulce de anchoa me suena super bien! me encantan los sabores fuertes en contraste! Nunca he estado en Zaragoza ciudad, (Sólo en el Monasterio de Piedra, también con mis padres) y no sabía que a la Catedral la llamaran la Catedral de la SEO, hehehehe… Me encanta viajar con mis padres por la misma razón que dices tú… sobre todo por lo de ir a comer y no tener que estar mirando los precios de las cosas ;D

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