Playa del Marabout en Marruecos

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Atrás quedan los tiempos coloniales; España y Francia se han olvidado de esta zona. Hoy la provincia de Tiznit se ha convertido en una de las capitales del surf en Marruecos ¿Su joya? La Playa del Marabout, en Mirleft, una de las mejores playas de Marruecos para practicar este deporte y disfrutar de su belleza natural.

 

playa del Marabout

La Playa de Marabout como destino

Supongo que hay destinos que tú no eliges, te eligen ellos a ti, te atraen, te enredan. Será una pequeña nota, o un comentario, o una fotografía vista por accidente en alguna revista o en alguna guía de viajes. Entonces, se convierten en una obsesión, no puedes dejar de pensar y comienzas a viajar con la imaginación, sientes las sensaciones que podrías sentir allí, y entonces, sabes que irás, que viajarás a ese destino. Pero, claro, no podrás argumentar porqué, ya que la decisión no la tomas tú, al fin, el destino te eligió, aunque no sepas la causa. Así sucedió con la Playa del Marabout, una de las mejores playas de Marruecos.
Aquel día entré despistado, medio miope de realidad, como siempre perdido en mil asuntos inconexos en el desorden de mi vida mental, a la Librería Altaïr de Barcelona, ese consuelo de imaginación y sueños viajeros en el que Ahora toca viajar se refugia habitualmente. Buscaba documentar el próximo viaje a Marruecos que nos esperaba, Cris trabajaba, así que esta vez no había podido acompañarme. Entré en la sala de la planta baja y comencé a sentir esa mística vibración que siempre he sentido al estar rodeado de libros (lo sé, soy un librero en potencia… Así que algún día…). Me dirigí al estante de África y empecé a recopilar guías y libros sobre Marruecos, cargado de ellos me busqué una de esas butacas tan cómodas que tienen en la librería.

Hojear libros es una experiencia agradable por la que llegas a un estado de ausencia temporal ¿Qué hora era? ¿Cuánto rato llevaba ya allí? Sólo me faltaba un capuccino y perfecto… En una de las guías, por azar abierta, me encontré con una fotografía. Una playa aún salvaje, llena de cantos redondos y pulidos, enmarcada por dos bellos, enormes, pero frágiles, arcos de tierra y piedra, de formas abombadas. En el pié de la fotografía indicaba Playa de Legzira. Me quedé embobado, intentando asimilar esa belleza natural… Intentando hacerme con las proporciones, con el cromatismo terroso, con la magia que desprendía el lugar. Una vez que superé el estado de impresión, busqué en el glosario dónde se encontraba la playa… Pero no aparecía, no la encontré ¿Cómo podía ser? Inicié un trabajo de investigación con todos los libros que había cargado. Al fin descubrí que la Playa de Legzira se encontraba cerca de Sidi Ifni, en Mirleft y que en realidad se llama PLaya del Marabout.

Llegar a Playa del Marabout

Salí de la librería sabiendo que teníamos que llegar a Sidi Ifni. Ya sólo quedaba explicarle todo a Cris y entre los dos intentar encajar un viaje por carretera en autobús desde Merzouga, cruzando el Atlas hasta la Costa Atlántica… No iba a ser fácil trazar tal camino en un mapa de Marruecos; pero había que intentarlo.
El resultado es que lo logramos, nos costó muchas horas seguidas de autobús, sin dormir más que frente al correr continuo de la carretera, con escalas previas en Marrakech, Agadir y finalmente en Tiznit, donde nos vimos obligados a alquilar un coche, porque el transporte público hasta Sidi Ifni era algo incierto. Esta es la forma de viajar a Marruecos barato. Pero llegamos, por fin, a una de las zonas de Marruecos lejos del alboroto turístico, nos alojamos en  el Hotel Suerte Loca. Un antiguo hotel con tiempos pasados mejores, pero con el espírito vivo aún de aquellos. Todo perfecto. Suerte del coche alquilado porque la conexión en transporte público con la playa es muy irregular, ni siquiera los del lugar sabían cuando salía, porque a veces, sencillamente, el autobús no hace la ruta y, entonces, les toca hacer autostop. Mi impaciencia era tal que resultaba incompatible con la espera de que algún conductor nos parara y nos acercara al lugar. Así que sacrificamos nuestro presupuesto por la rapidez.
Llegar a playa del Marabout
Finalmente llegamos a playa del Marabout. Y Aunque la primera impresión no fue muy favorable (a pie de arena hay unas edificaciones de dos hoteles y de restaurantes) finalmente, la visión del Atlántico, los tres arcos que recordaba de la fotografía vista en la guía de viajes, las gotas de mar flotando en el ambiente, el misticismo del lugar, la playa nos atrapó. En definitiva, estábamos en una de las mejores playas de Marruecos. Nada extraño por otra parte pues allí se puede conocer gente que ha decidido acampar o vivir una temporada haciendo surf en alguna cabaña improvisada. Paseamos por su arena hacia los arcos naturales, con el rumor de las olas y las gaviotas como compañía. Y dejamos pasar el tiempo en pura contemplación, en la más desenfadada emoción, anulando el paso del tiempo, olvidando rutinas de nuestra casa. Contagiados de naturaleza verdadera.
La aventura no había acabado aún. Al salir con el coche alquilado, un chico nos paró para preguntarnos si íbamos hacia Sidi Ifni. A lo que le respondimos afirmativamente, nos pidió si nos importaba acercarle (el autobús no ha pasado todavía, dijo)  y claro, ¿Cómo nos iba a importar? Se subió y enfilamos la salida de la playa, donde nos esperaban los encargados de cobrar por “cuidar” de los coches; pero claro, no nos cobraron, porque eran amigos de nuestro nuevo compañero de ruta. Así que nos vimos recompensados por una buena acción. Por el camino nos encontramos a dos chicos del lugar y una francesa que lo había dejado todo por amor y vivía allí desde hacía cinco años, misterios de viajeros. Y también les recogimos, al final, la visión de seis personas en un humilde utilitario era un poco de sonrisa cómica. De sonrisa cómica, pero también de sospecha para el control de policía marroquí que había en la entrada del pueblo. En previsión paramos el coche, y uno de los polizones pasó al maletero, no era cuestión de llamar la atención. Y así fue como volvimos de la Playa de Legzira con una persona en el maletero y unos compañeros viajeros con los que conocimos mucho mejor qué sucedía habitualmente en allí.
Por la noche en La Suerte Loca no podíamos quitarnos la sonrisa de satisfacción de la cara, porque, ya sabéis, hay lugares que te atrapan, que te atraen, que te enredan, y, entonces, cuando consigues llegar allí, la felicidad es plena.

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2 COMENTARIOS

  1. Cuánta razón tienes!! Ver una foto en una revista es un motivo más que suficiente para emprender el viaje que haga falta hasta el fin del mundo, más aún si «el fin del mundo» está bastante cerca como es el caso.
    Nosotros nos quedamos con las ganas de llegar a muchos sitios en más de una ocasión porque trabajamos poco el coche alquilado… somos de los que respondemos que «no» a lo de «¿te gusta conducir?» 😉
    En cualquier caso, ese paisaje se merecía las horas de autobús que hicieran falta: ¡Impresionante! Con lo «impresionables» que somos nosotros con estas cosas… jajaja

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