Cardona o porqué los Reyes Magos existen (II)

No podíamos faltar a la cita. Los Reyes Magos de Oriente llegarían a Cardona en poco tiempo, y por muy bien que se estuviera en la habitación del Parador  no podíamos fallar en el encuentro con la cabalgata de los Reyes, promesa de regalos y felicidad que llega puntual cada año a cada una de las localidades, pueblos, municipios, pedanías, aldeas del país. Cada año, la noche del 5 al 6 de Enero, los más pequeños viven una noche mágica. Los más pequeños y, sí, porqué no reconocerlo, la mayoría de adultos que aún saben conservar aquella pequeña inocencia infantil.

Nosotros la conservamos, es obvio, y esa noche en Cardona era ideal para revivir la niñez. Para vivir de nuevo aquellos momentos de nervios e impaciencia. Recuerdo como despertaba a mi hermana mayor desde las cuatro de la mañana hasta las ocho, cada cuarenta minutos más o menos, hasta que ella cansada de mi actitud, desistía en su empeño de dormir, y, entonces, se avenía a mis pequeñas razones para acompañarme hasta los regalos y despertar a nuestros padres ¿Ya podemos? ¿Ya es hora? Nooo… Todavía no, duerme un ratito más, ¿vale? Pobre, aunque todos los hermanos mayores han sufrido este acoso.

La cabalgata llegó a la Plaça de la Fira, donde se sitúa el Ayuntamiento de Cardona, y donde preparaban la recepción de tan ilustre visita. Los niños llegaban con pequeños farolillos manufacturados por ellos mismos, alumbrándoseles el rostro de emoción. Los bolsillos llenos de caramelos lanzados por los Reyes, por Melchor, por Gaspar y por Baltasar, que iban acompañados por los pajes entorchados. Elemento éste de agradecida ambientación y calor, a esas horas el frío se sentía ya intenso. Una vez acabada toda la ceremonia que les llevó del Ayuntamiento a la gótica Iglesia de Sant Miquel y de nuevo de vuelta, con previa anunciación de un ángel sobre no se qué malas intenciones de un tal Herodes, a la Plaça de la Fira y para desde allí ,y despidiéndose de todos, iniciar el mágico y silencioso reparto de regalos a todos los niños que se han portado bien, que, en definitiva, somos todos, nosotros decidimos volver al Parador.

¿Tendríamos también regalos? ¿Pasarían por nuestra habitación?

Hacía allí que nos volvimos. De momento en la habitación no había ningún rastro ni indicio del paso de los Reyes. Así que nos decidimos por ir hacia el comedor y darles un tiempo prudencial, el que se deriva de una cena-celebración, de una buena gastronomía, de una buena mesa, de una charla infinita. El comedor del Parador de Cardona es una sala abovedada, alargada, con mesas bien distribuidas, de tal forma que no te sientes sólo en un comedor vacío, sensación detestable, pero tampoco agobiado por  las conversaciones de otros contertulios de cuchara y tenedor. Entre alcachofas con virutitas de jamón y un timbal de patata, se colaron palabras y sonrisas. Hablando de sueños y del proyecto de nuestro blog. Con los segundos platos, una estupenda merluza rellena y una dorada con verduras, llegaba la placentera sensación de satisfacción que aparece al disfrutar de los pequeños momentos de felicidad que depara el estar disfrutando de la magia de la vida. Sí, estaba resultando una estancia mágica, maravillosa, fantástica. Cardona y su Parador nos trataban bien. Con los postres, ya teníamos la cara llena, además del estomago, llena de felicidad por la mañana disfrutada y por la noche en proceso de disfrute.

Nos retiramos del comedor y al cruzar el, iluminado para la ocasión, Patio Ducal, hacia recepción, supimos que la magia seguiría en la habitación. Seguros porque al habernos portado bien durante el año, los Reyes Magos, que de esto saben, de métricas de bondad, habrían pasado por la habitación. Y seguro que habrían dejado algún regalo para nosotros. Aceleramos el paso con la seguridad del encuentro.

Y sí, al abrir la puerta, al colocar la tarjeta en el lector, al encenderse las luces, allí, sobre la majestuosa cama, allí, los Reyes habían dejado algo… Habían dejado la que será nuestra próxima escapada

¡Un viaje a Londres!

La felicidad puede ser así de sencilla.

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