Blog mochilero, soñador e idealista, con mirada literaria y singular.
Hay lugares que todos relacionamos con un escritor: Son las ciudades literarias. Si, por ejemplo, Lisboa es Pessoa o París, Hemingway, Praga es Kafka.
Sentir cómo el cielo te abraza místico y te zarandea la conciencia indicándote que gracias al gozo estás vivo
Si tenemos que pensar en un lugar que represente la opulencia, en un país que ejemplifique la ostentación y la riqueza superlativa, más ambiciosa de notoriedad, nosotros siempre acabamos pensando en Dubai.
Nueva York es uno de esos lugares universales por el que todos hemos paseado siguiendo el plano del imaginario común.
Cuando uno va a Florencia se contagia de arte. Eso es Florencia: bienestar artístico. Pasear por su Centro Histórico, Patrimonio de la Humanidad, es deleitarse, es encontrar una armonía
Hoy tenemos el inmenso placer de presentaros a Jorge Sánchez. Un hombre que ha sido preso en cárceles del Chad o Paraguay, que ha sido capturado por las FARC en los Andes, que ha viajado por la Nicaragua sandinista y la zona tamil de Sri Lanka, que ha cruzado en patera a Borneo, esquivando piratas en Sulú, que ha padecido la malaria y ataques de hormigas carnívoras en Costa de Marfil, que ha estado en campos de batalla en los valles del Hindu Kush o en la Bagdad de Saddam Hussein, que ha practicado el contrabando para financiar el viaje… Un hombre que podría ser el protagonista de una novela de aventuras o un personaje de Hugo Pratt, al estilo de Corto Maltés.
Un hombre, en definitiva, que al referirse a su primera vuelta al mundo la recuerda con la intensidad de un primer gran amor, sin que por ello deje de desear la siguiente aventura.
-¿Qué se encuentra haciendo en la actualidad? ¿Algún proyecto inmediato para viajar?
En la actualidad estoy trabajando en un hotel de la Costa Brava, fregando platos en la cocina, para financiar mi próxima vuelta al mundo, que espero iniciarla este invierno.
-En su página personal hay una advertencia a los viajeros: “A esas almas vagabundas sólo les aguarda el desasosiego e infinita ansiedad por aprender sin cesar sobre todos los rincones de la Tierra, sobre la naturaleza de los seres que la pueblan, y sobre el significado de su propia existencia”. Una advertencia muy poco halagüeña ¿O todo lo contrario?
Depende de quien la lea. Si la lee un futuro viajero será muy apropiada para él. Los demás la leerán con indiferencia.
-De joven no le atraía ninguna profesión, pero ¿Cuántos trabajos diferentes ha tenido? ¿El más extraño de todos?
He practicado muchos oficios diferentes que me han ayudado a financiar mis viajes, como el de profesor de español en Japón, jardinero en Israel, he recogido frutas en los campos de varias islas de Oceanía, he hecho de extra en películas chinas, de ajedrecista en Indonesia, y hasta he vendido paraguas en Calcuta, India.
-¿Se considera un viajero profesional o un romántico empedernido?
Alguien que se considere “profesional” en los viajes no es viajero, sino viajante, una categoría ínfima, repelente al verdadero viajero. Obtener beneficios de los desplazamientos (que no viajes) es como prostituirse. No es viaje, es negocio. El viajero es romántico y busca la quintaesencia de la vida, no beneficio material.
-¿Pionero en viajar o un inconsciente enfrentándose al Mundo?
Ninguna de las dos cosas. Cuando comencé a viajar me encontré con verdaderos pioneros de los viajes; ellos sí se enfrentaban con éxito al mundo en tiempos peores que los actuales. Yo seguí sus pasos.
-Su primer viaje al mundo duró tres años ¿Fue un viaje iniciático?
Apenas tenía experiencia cuando inicié mi primera vuelta al mundo, pero otros viajeros que conocí por el camino me animaron y por su ejemplo me di cuenta de que es posible dar la vuelta al mundo trabajando sobre la marcha, sin que nadie te ayude, con tu propio esfuerzo, con el sudor de tu frente, sin patrocinadores, sin vender pócimas crecepelo en una camiseta de propaganda financiada por empresas comerciales, sin anunciar encajes de bolillos o pitos de sereno en tu güeb. En resumen, sin descender a la ínfima categoría de viajante. Fue una vuelta al mundo iniciática, a la manera de un peregrinaje a Santiago.
-Al leer su libro La vuelta al Mundo en 1001 días nos vino a la cabeza Jack Keurac en su libro En el camino. Ambos salen de casa sin un destino preciso, simplemente viajan por viajar, por seguir en el camino. Jack Kerouac era un desarraigado en contra de convencionalismos; pero nunca supo encontrar un lugar propio en el Mundo. ¿Lo ha conseguido usted o todavía busca?
Cuando empecé a viajar no era un desarraigado, sino un despistado. Buscaba un sentido a mi existencia y todavía hoy, cada día que pasa, comprendo un poco mejor ese sentido y me quedo admirado. Nunca se aprende lo suficiente, por eso sigo viajando, para seguir aprendiendo. Pero mi lugar propio sigue estando en España, mi país de nacimiento, un país que amo profundamente.
-¿Qué preferiría participar, en la expedición de La vuelta al Mundo en ochenta días o en la del Beagle con Darwin a Galápagos?
Sin duda en la de la Vuelta al Mundo en ochenta días, es mucho más excitante y llena de aventuras.
-Siguiendo con Jules Verne… Tiene usted difícil superarle en Viaje a la Luna, ¿no?
Se le puede superar en un viaje al interior de uno mismo, alcanzar esa meta es más difícil que llegar a la luna.
-¿Cuántos pasaportes ha gastado?
Tengo unos veinte en casa, pero los primeros no los conservo, pues las autoridades me exigían entregar el caducado antes de emitirme el nuevo. Hoy declaro que lo he perdido y así los guardo. En la portada del primero de ellos, de color verde, todavía se puede ver el águila de San Juan el Evangelista.
-¿Cuál es el sitio más extraño donde ha dormido?
Probablemente en un nido de cigüeñas, en Haridwar, India, durante la celebración del Kumbha Mela. Trepé a lo alto y lo encontré vacío pero durante la noche temía que vinieran sus naturales ocupantes y me atacaran con sus picos, por lo que dormí con un ojo abierto.
También he dormido junto a la antigua tumba de Napoleón, en la Isla de Santa Elena, o en las ruinas mágicas de Nan Madol, unos islotes sagrados en la Isla de Pohnpei, en la Micronesia.
-Es curioso que siendo el Mundo, aparentemente, tan grande, se encuentre usted con algunos viajeros de forma recurrente. Háblenos de alguno de ellos que le despierte especial simpatía.
Hay muchos, uno de los más singulares es el francés André Brugiroux, con quien pretendo viajar próximamente en barco a la Isla de Agalega, en el Océano Índico. Él ha viajado toda su vida y su primera vuelta al mundo le tomó 18 años. Otro viajero muy peculiar es el alemán Heinz Stücke, que desde que salió de casa a los 22 años con su bicicleta, aun no ha regresado a Alemania, y ya tiene 70 años de edad.
-¿vendería sus recuerdos para financiarse sus próximos viajes?
Venderlos no, pero sí escribir un libro sobre ellos para ayudar al futuro viajero con mis vivencias. De todos modos no es necesario pues todos mis libros publicados ya contienen información sobre mis recuerdos.
-Y una última pregunta, ¿Algún día hará caso a la frase “No viajes más, hijo mío, que ya has viajado bastante”? ¿Se puede viajar bastante?
Eso me lo dijo mi madre con toda la buena intención del mundo. Pensaba mucho en ella durante mis viajes y siempre escribía postales a mis padres llenas de cariño.
Nunca se viaja lo suficiente, como nunca se aprende lo suficiente, pero llegará un día en el que ya no pueda viajar más, sea por razones económicas o de salud.

David Rull y Jordi Serrallonga, Cuadernos Livingstone.
Éste es uno de esos libros que tanto nos gustan en AHORA TOCA VIAJAR. En él podemos encontrar la esencia de lo que es el viaje y el viajero que durante siglos han configurando la actividad de viajar. Es de esos libros que tanto nos gustan porque sin ninguna pretensión académica ni de doctrina, consigue transmitir pequeñas reflexiones que posteriormente nos acompañarán durante ese largo viaje que es la vida.
Se divide en dos partes complementarias que se entremezclan. Una primera parte, a modo de pequeño paseo de la fama, es una relación de los viajeros clásicos. Desde los orígenes de la humanidad, esos primeros bípedos que abandonaron los árboles para dirigirse a la sabana, pasando por una aproximación del viajero egipcio Herkhuf, que en su tumba quiso dejar constancia de todas sus aventuras, el exilio de Herodoto, padre de la Historia y observador del “otro”, Ibn Battuta en su periplo de más de 30 años por el Mundo Musulmán o, el padre de la Teoría evolutiva, Darwin. Y una segunda parte, que es un discurso sobre las diferentes lecturas del viaje como concepto, construido desde diferentes niveles; desde la idea de viaje como supervivencia “una extraordinaria mezcla de necesidad y curiosidad primate”, desde el viaje como expansión comercial en pos de nuevas riquezas, desde el viaje al conocimiento “venciendo fronteras físicas y límites mentales” o, finalmente, desde el viaje como placer y ocio turista de las vacaciones.
En definitiva, un gran libro con pequeñas joyas como
“Y es que viajar es una actividad inherente al ser humano desde el más remoto de los tiempos; lo que vemos hoy sólo es la acumulación y resultado de todas estas experiencias viajeras”



| Hôtel de Béthune-Sully |
| Fragmento nevado de París |
| Humilde muñeco de nieve |
| Había nevado en París |