Una visita a Zaragoza a otro ritmo (II)

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Al día siguiente, después de una merecida cura de sueño, de un desayuno excelente y bien abrigadas (no era necesario coger un resfriado) nos dispusimos a seguir con nuestra visita por Zaragoza, que iniciamos en el Palacio de la Aljafería,  construido en la segunda mitad del s.XI  por iniciativa del Señor  Al-Muqtadir, para ser lugar de su recreo, y, por ello, es conocido como el Palacio de la Alegría.   Éste Palacio ha sufrifo muchas transformaciones, de palacio mudéjar, pasó a ser la residencia de los Reyes Cristianos de Aragón en 1118, después se convirtió en Palacio de los Reyes Católicos en 1492, en fortaleza militar en 1593, y hasta nuestros días, que después de la gran restauración que sufrió a mitad del s. XX, alberga las Cortes de Aragón.



Al llegar, su magnitud nos dejó impresionadas. Guía en mano no sabíamos por qué sala comenzar nuestro recorrido. Por eso fue muy acertado hacer la visita guiada, ya que nos permitió conocer pequeños detalles y rincones especiales. La anécdota más curiosa fue saber que la torre del Trovador, la más antigua del conjunto, fue escenario de una leyenda amorosa que dio origen a la ópera de Verdi ElTrovador. Otro punto interesante del Palacio es el Patio de Santa Isabel, espacio abierto y ajardinado, que era uno de los ejes principales del palacio andalusí, junto a la sala del oratorio, mezquita octogonal para uso privado del rey y su corte.


Finalizada la visita, volvimos al centro en autobús, donde íbamos con gran ilusión (sí, la buena gastronomía tiene eso, te ilusiona) a comer a El Fuelle, restaurante-museo típico aragonés, un lugar muy peculiar y pintoresco, quizá no el mejor restaurante de Zaragoza, pero sí vale la pena visitarlo en alguna ocasión. Mi madre y yo pudimos degustar las típicas migas, setas con jamón, caracoles a la brasa y de postre  melocotón al vino.



Al salir del restaurante, tuvimos un encuentro con una maña, que casualidades de la vida nació en Barcelona, pero al ser su familia de Zaragoza, hace ya unos años que había regresado a su casa natal, situada justo al lado del restaurante. Con ella hicimos un breve paseo por la zona, nos enseñó el mercado del barrio, la Plaza de Santa Marta, una buena opción para tapear en verano ya que es un rincón bastante apartado de las aglomeraciones y el ajetreo del centro, y nos aconsejó que no nos perdiéramos la Catedral de la Seo por dentro.

Nos despedimos de nuestra nueva amiga, e hicimos tarde de chicas. Ya sabéis, algunas compras por  Alfonso I, Paseo Independencia, calle Damas, descubriendo tiendas de  pequeñas chucherías de bisutería y de autor. Esas clases de tiendas que te dan el verdadero pulso de un lugar y que te hacen pasar el tiempo más rápido de lo que desearías.




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